10 cosas que quizá no sabes
de guerras comerciales y Hong Kong
(pero hace dos siglos)

Cualquier persona que no viva en una cueva sabrá que el año 2019 está siendo complicadito para China especialmente por dos cuestiones: su guerra comercial con Estados Unidos, que no empezó este año pero sí se está recrudeciendo ahora y está empezando a afectar a la economía global, y la gravísima crisis de Hong Kong, donde un movimiento de protesta intenta pedir libertades y democracia a China pero al mismo tiempo ha convertido la hasta hace tres meses tranquila y vibrante ciudad en uno de los lugares más violentos de Asia Oriental. En este artículo no me propongo hablar de estos dos hechos, que ya están muy presentes en nuestros periódicos, sino de un proceso histórico que, aunque no lo parezca a simple vista, está relacionado con ambas cosas: me refiero a las Guerras del Opio, dos conflictos armados que a mediados del siglo XIX enfrentaron al imperio chino con el británico, originados en el fondo por un desequilibrio de balanzas comerciales entre lo que entonces eran los dos principales gigantes de la economía mundial, y que tuvieron como consecuencia para China, entre otras cosas, la pérdida de Hong Kong.

Como en anteriores ocasiones, hablaré de todo esto en un formato de 10 puntos que considero, igual me equivoco, «olvidados» sobre aquel hecho histórico, que para los chinos fue una suerte de desastre del 98 a lo grande. Vamos con ello.

1- El opio no era una tradición china: llegó desde Occidente

El opio da nombre a estas guerras porque una de las principales causas del conflicto fue que el Reino Unido contrabandeaba enormes cantidades de opio cultivado en la India a los chinos, y el emperador Qing y su gobierno se habían propuesto terminar con ese comercio de raíz. Esto puede sonar algo extraño a muchos, teniendo en cuenta que aún tenemos la idea de que los chinos eran milenarios consumidores de opio y que era algo muy suyo, una idea especialmente extendida a finales del siglo XIX y principios del XX (por ejemplo, en el álbum de Tintín «El Loto Azul» los fumaderos de opio de Shanghái son el principal escenario de las aventuras del periodista belga).

Sin embargo, el opio no es originario de China, sino de Oriente Medio y el Arco Mediterráneo: los primeros restos que atestiguan el uso de la adormidera entre humanos con fines quizá curativos se encuentran en un sitio muy cercano, la Cueva de los Murciélagos de Granada. El opio llegó a China a través de mercaderes árabes y en principio fue un artículo de lujo, usado principalmente entre los nobles chinos. En el siglo XVII llega a China el tabaco, procedente del comercio con los españoles a través de Filipinas (el famoso Galeón de Manila) y los holandeses son los primeros que empiezan a mezclar opio con tabaco, de manera que su consumo se volvió más sencillo. Es el llamado madak, que los holandeses empezaron a practicar en Formosa (Taiwán) cuando ocuparon la isla en ese siglo XVII, y los chinos, al recuperar su dominio sobre ella, llevaron el madak al resto de China.

Fue sin embargo a finales del siglo XVIII y en el siglo XIX cuando la implantación del opio en territorio chino aumentó exponencialmente, coincidiendo con el momento en el que los ingleses descubrieron que vender este artículo adictivo era un negocio redondo en China y ayudaba a nivelar la balanza comercial con un país al que hasta entonces habían comprado mucho (porcelana, seda, especias, té…) pero al que durante siglos habían vendido muy escasos productos (el mítico «en China tenemos de todo» con el que el emperador Qianlong contestó a finales del siglo XVIII por carta a las peticiones británicas de que se abrieran al comercio).

Desde el punto de vista del país asiático, esta llegada masiva de opio tuvo consecuencias sociales terribles: textos de la época aseguran que uno de cada cuatro hombres adultos de China a mediados del siglo XIX eran adictos al madak. Dicho de otra forma, decenas de millones de yonquis. Con una población tan grande de adictos, es fácil entender que cuando los chinos comenzaron a emigrar en grandes números a Occidente también en el siglo XIX exportaron esta mala costumbre a sus nuevos lugares de residencia en sitios como Estados Unidos o Europa, y podemos verlo en películas y series que retratan esas épocas, tales como Érase una vez en América, Gangs of New York, Boardwalk Empire o Peaky Blinders, donde los Chinatowns son siempre humeantes y adormilados antros de perdición. Los chinos tenían fama de adictos a un opio que Occidente les había exportado y que además les había obligado a comprar masivamente con las dos guerras que contamos hoy aquí.

Por cierto, la emigración china al exterior fue también en gran medida provocada por Occidente: en el siglo XIX Reino Unido y otros países comenzaban a abolir por razones humanitarias la esclavitud, necesitaban sustituir esa mano de obra gratuita por otra que al menos fuera barata, y favorecieron esa «importación» de mano de obra china. De hecho, en los tratados de paz de las Guerras del Opio se impuso que China no sólo abriera su comercio de productos al exterior, sino también el de trabajadores.

Robert de Niro fumándose un chino en el Nueva York de «Érase una vez en América». Hasta el argot de los yonquis identificaba esta droga con Oriente.

2- El «Cartel de Medellín» era la Compañía de las Indias Orientales

La venta de opio a China estuvo monopolizada durante muchas décadas por la Compañía de las Indias Orientales (East India Company), una empresa privada tan gigantesca y poderosa que hasta mediados del siglo XIX era oficialmente ella, y no la Corona Británica, la administradora del inmenso subcontinente indio que ellos mismos se habían encargado de conquistar. Hacia 1830 un 16 por ciento de los ingresos de esta Blackwater de la época procedían de la exportación de opio a los chinos, y eso estaba enriqueciendo a sus empleados: un vendedor de esta mercancía ganaba más en un año que un ministro del Reino Unido. Era una época en la que el opio ya era considerado una lacra social en China y por ello ya se había intentado prohibir su venta y consumo en cuatro ocasiones (1729, 1799, 1814 y 1831), pero como sabemos, la ilegalización de ciertos productos no hace sino incrementar el interés en traficar con ellos y enriquecer aún más a quienes se involucran en ello.

La East India Company tenía además el monopolio del cultivo de adormidera en la India, con la excusa de velar por la máxima calidad del producto. Como sabemos después de ver Narcos o The Wire, los problemas en este comercio surgen cuando hay más gente que quiere sacar tajada de él: fueron sobre todo los estadounidenses los que se metieron en el negocio, llevando a China opio cultivado en Turquía, y entre los contrabandistas norteamericanos que se enriquecieron con ese comercio hubo antepasados de familias tan ilustres como los Roosevelt, que luego darían dos presidentes a los Estados Unidos. También hubo empresarios españoles que se metieron en el negocio, como cuenta en su estudio «Opio tras el fin del galeón» Ander Permanyer, que alguna vez ha dejado comentarios en esta web o en nuestra página de Facebook. La llegada de más competencia bajó los precios, aumentó el consumo en China, y exacerbó un problema social para el imperio oriental que aún empeoró más cuando en 1834 se acabó oficialmente el monopolio de la East Indian Company sobre el comercio de opio en China. No parece casual que un lustro después se iniciara la primera Guerra del Opio.

George Eden, uno de los presidentes de la East India Company en aquel entonces.

3- Como ocurre ahora con Trump, la clave era la balanza comercial

Muchas guerras tienen factores económicos que las explican, y la del opio es uno de los mejores ejemplos: para acercarse a ella, en vez de fijarse en ansias expansionistas como las de Napoleón o Hitler, o en conflictos ideológicos o religiosos, hay que tener en cuenta, simple y llanamente, la pasta, y hay que estudiar un poco de historia económica universal para entenderla.

Todo podría remontarse a la conquista de América por parte de España y otras potencias europeas: ello dio a nuestro Viejo Continente acceso a enormes cantidades de plata americana que sirvieron para activar durante siglos un comercio internacional (China incluida) en el que Europa no tenía ningún problema en gastar mucha plata y vender poco, porque tenía acceso a cantidades enormes de ese metal gracias a minas como las de Potosí o Zacatecas. El problema llegó cuando a principios del siglo XIX prácticamente todas las Américas se independizan, Europa pierde acceso a esa plata «barata» y tiene que mirar más su bolsillo al comerciar: tener una balanza comercial desequilibrada con lugares como China, algo que antes no había supuesto ningún problema, empieza a serlo, y surgen ideas como la de equilibrar esa balanza con la exportación de opio.

Ello da la vuelta a la situación y a mediados del siglo XIX es China la que ve su balanza muy desequilibrada, y decide parar en seco la entrada de opio, por razones de salud pero también monetarias. En aquel momento China sería la «Trump» del momento, interesada en aislarse del comercio internacional y tomar medidas proteccionistas, frente al librecambismo a ultranza abanderado por el Reino Unido, un librecambismo no obstante algo viciado porque uno de los productos que quería exportar, el opio, estaba prohibido en su propio país.

Volviendo por un momento a nuestros días, quizá sea interesante mencionar que el opio también tiene un pequeño papel en la actual guerra comercial China-EEUU, ya que Trump acusa a China de favorecer la exportación a Estados Unidos de un opiáceo llamado fentanyl que al parecer está causando mucha adicción y muertes por sobredosis en la sociedad norteamericana (incluso de celebridades como el músico Tom Petty).

Almacén de opio en la India británica.

4- Una carta que nunca llegó pudo haber detenido la guerra

En este contexto, como iba diciendo, China decide tomar medidas y poner fin drásticamente a la entrada de opio en el país. El entonces emperador Daoguang (sólo habría cuatro más tras él), horrorizado de ver que la adicción al opio estaba extendiéndose hasta dentro de la Ciudad Prohibida entre sus eunucos y sirvientes, encarga al funcionario Lin Zexu, hombre muy importante en esta historia, asumir el cargo de virrey de Liangguang (lo que hoy sería Guangxi y Guangdong, lugar de entrada del opio a China ya que Cantón era el único puerto abierto al comercio internacional). Además le encarga la misión de terminar con el comercio de opio, y Lin lo intenta primero por las buenas, usando la vía diplomática y escribiendo una carta a la Reina Victoria pidiéndole que pusiera fin a la entrada del opio a China.

En esa carta hay famosos pasajes como el que señala a la poderosa soberana británica: «He oído que usted prohíbe el opio en su propio país, así que queda claro que usted sabe lo dañino que es, pero a la vez lleva ese veneno a otras naciones como China, ¿por qué?». Esa carta intentaba buscar una solución diplomática, quizá dando a conocer a la reina un problema que ella tal vez desconocía teniendo en cuenta la relativa independencia de la Compañía de las Indias Orientales y de la India en general con respecto a su poder soberano. Sin embargo, los historiadores coinciden en señalar que esa carta jamás llegó a las manos de la monarca. Algunos dicen que se perdió, otros que la «extraviaron».

Lin Zexu sigue siendo hoy día un héroe para los chinos y un símbolo de la lucha contra la drogadicción. Esta estatua en su honor, una de las muchas que hay, se encuentra en el Chinatown de Nueva York.

5- El «comienzo» de las Guerras del Opio lo conmemoramos cada año en todo el mundo

Lin envío la carta en 1838, y en 1839, ante el silencio real -del que no se puede culpar a la reina, como hemos visto- el virrey pasó a la acción y se dirigió a los comerciantes británicos de opio en la zona de Cantón ofreciéndoles una indemnización (en forma de cargamentos de té) a cambio de que detuvieran inmediatamente la venta de esa droga. La oferta obtuvo escaso éxito, y Lin dio entonces la orden de decomisar todos los cargamentos de opio y destruirlos, en muchos casos tirándolos al mar. Aquel acto de lanzar grandes fardos al mar se produjo en torno al 26 de junio de 1839. El suceso sería el casus belli usado por el Reino Unido para iniciar la Primera Guerra del Opio (1839-1842): lo consideraba un insulto al sacrosanto libre mercado pregonado por Adam Smith, y debía ser castigado. Sin embargo, en honor a aquella destrucción de opio, cada 26 de junio se celebra actualmente en el mundo el Día Internacional contra las Drogas. Una jornada en la que la Justicia china, por cierto, es frecuente que ordene ejecuciones de narcotraficantes para «dar ejemplo».

Recreación del momento en el que bajo la supervisión de Lin Zexu (al fondo) se lanzan las bolas de opio al delta del río Perla, cuyos peces debieron sufrir un cuelgue antológico. La acción puede recordar un poco el «Boston Tea Party», ese lanzamiento masivo de té al puerto que en 1773 marcó el inicio de la rebelión de lo que luego sería EEUU contra Reino Unido. Aunque los casos son muy diferentes, tanto aquel té -comprado a China- como este opio eran propiedad de la East India Company.

6- Los primeros tiros empezaron por culpa de otra droga: el alcohol

El lanzamiento del opio al agua fue el incidente que justificó oficialmente la guerra, pero los primeros disparos se produjeron en julio de 1839, unas semanas después. Y se iniciaron a raíz de una borrachera con licor de arroz (tened cuidado con el Moutai, lectores). Unos marineros británicos se pasaron bebiéndolo en la aldea de Tsim Sha Tsui (hoy en día eso es el puritito centro de Kowloon, la parte peninsular de Hong Kong) y dos de ellos, embriagados por el horrible brebaje, mataron de una paliza a un local. Las autoridades chinas reclamaron a los británicos que entregaran a los marineros para ser juzgados con arreglo a la ley china: probablemente los hubieran ejecutado de ser así, pero en lugar de ello se les juzgó a bordo de un buque británico que dictó trabajos forzados para los condenados en suelo inglés (donde a la postre quedarían libres).

Esto llevó al virrey en Cantón a prohibir la venta de comida a los británicos, una especie de asedio a los buques para que estos se marcharan, y en un intento desesperado de un barco británico por adquirir víveres se produjo el primer incidente armado: fue la llamada Batalla de Kowloon, el 4 de septiembre de 1839. Aunque esta escaramuza se produjo antes de que el Parlamento británico votara oficialmente a favor de una expedición de castigo contra China por la destrucción de los cargamentos de opio, acabó siendo considerada la primera refriega de la guerra.

Vista de la isla de Hong Kong desde Kowloon en aquella época.

7- Dos inventos chinos contribuyeron a la ruina de China en estas guerras: la pólvora y el funcionariado

China perdió prácticamente todas las batallas de las Guerras del Opio, tanto las de la primera (1839-42) como las de la segunda (1856-60). En los enfrentamientos, en su mayoría navales o de buques británicos contra fuertes defensivos chinos en las costas, el imperio local tenía generalmente superioridad numérica, a veces hasta de 10 a 1 contra los británicos, pero rara vez lo supo aprovechar. Los británicos tenían buques mejores y más rápidos, como el HMS Nemesis, el primer barco de guerra de la historia con un casco hecho de hierro y no de madera. Habían aprendido maniobras militares que los chinos no conocían -las guerras napoleónicas revolucionaron las estrategias en el Viejo Continente- y no tuvieron casi rival. En la Primera Guerra del Opio conquistaron ciudades enteras como Xiamen, Ningbo o Shanghai (que luego quedarían abiertas al comercio con Reino Unido) y se internaron en China navegando por el río Yangtsé hasta llegar a la zona donde éste se cruza con el Gran Canal, la gran vía de transporte de alimentos y otros productos al norte de China. Ello significaba ya casi asediar Pekín y fue el verdadero detonante de que los chinos se rindieran en esa primera guerra, firmando en 1842 el Tratado de Nankín (por el que China cedió la isla de Hong Kong a los británicos).

La superioridad tecnológica británica se vio también reflejada en un material aparentemente tan sencillo como la pólvora, que además habían inventado los chinos muchos siglos atrás: la de los británicos tenía mayor contenido en azufre que la china, lo que la hacía más peligrosa, más fácil de explotar, pero a la vez más potente, lo que permitía a los británicos llegar más lejos con sus cañones y también mejoraba su puntería. Otro «invento» chino, los funcionarios reales (China comenzó a organizar oposiciones para trabajar a sueldo del imperio en la dinastía Han, hace más de 2.000 años) también contribuyó a la derrota de los locales: estos empleados eran los encargados de informar al emperador de cómo estaba desarrollándose el conflicto, pero en las primeras batallas, por miedo a ser castigados, decidieron «suavizar» la gravedad de la guerra: minimizaron el poder de ataque de los británicos, mintieron sobre el resultado de muchas batallas diciendo que las habían ganado… esto no hizo sino dificultar aún más la respuesta del ejército imperial a los ataques británicos.

Curiosamente, mientras China caía estrepitosamente contra los británicos, en esos mismos años libró otra guerra contra los sikhs, que entonces tenían un naciente imperio en lo que hoy es Cachemira y desde allí intentaron sin éxito invadir el Tíbet entre 1840 y 1841. Chinos y tibetanos, luchando codo a codo, repelieron a los sikh: estar en dos guerras a la vez tampoco ayudó mucho al Imperio Qing.

Una lámina de la época muestra al HMS Nemesis (al fondo a la derecha) cañoneando y hundiendo juncos chinos. Debió de convertirse en una pesadilla para el ejército imperial chino, y por ello no me extraña que le pusieran el nombre que le pusieron.

8- La Segunda Guerra del Opio se cocinó en una panadería

Entre el fin de la Primera Guerra del Opio y el principio de la segunda pasaron sólo 14 años, pero un tiempo suficiente para que se cocinaran las condiciones para un nuevo conflicto. En China había cambiado el emperador, y el nuevo quizá quería nuevamente «cambiar las cosas». Y en Occidente las principales potencias, no sólo Reino Unido, se convencieron de que la anterior guerra había sido muy beneficiosa económicamente, y que podían sacar más tajada de China atacándola de nuevo: abrir más puertos, legalizar abiertamente la venta de opio que aún estaba prohibida al menos sobre el papel… ello hizo que Londres usara un suceso menor, la detención de un carguero llamado Arrow por las autoridades chinas, para justificar una nueva declaración de guerra (el barco ni siquiera estaba claro que fuera británico, había tenido bandera china en el pasado y parece ser que en el momento de la detención le había caducado la licencia).

Los franceses decidieron unirse a la guerra, justificándose ellos en un hecho bastante más grave, la ejecución en China de un misionero francés llamado Auguste Chapdelaine. No era ni mucho menos la primera vez que un religioso europeo moría violentamente en tierras chinas, había pasado en siglos anteriores, pero Francia pensó que había llegado la hora de utilizar sucesos como ésos para justificar guerras.

Sin embargo, lo que consiguió que la opinión pública en Occidente, sobre todo en Reino Unido, se inclinara a favor de la guerra fue el presunto envenenamiento en Hong Kong de unas 300 o 400 personas, la mayoría colonos británicos, con hogazas de una panadería local llamada Esing en la que el panadero, al parecer chino, había mezclado la masa con arsénico, sin compasión. El panadero escapó antes de ser juzgado, y en realidad ninguno de los intoxicados falleció, pero el suceso ayudó a que en Londres se creara un clima favorable a aprobar una nueva declaración de guerra, esta vez con apoyo de Francia.

Ejecución del misionero francés. Fue uno de los 120 «mártires chinos» canonizados en el año 2000 por el Papa Juan Pablo II, para disgusto del Gobierno chino.

9- Entre los más beneficiados de la segunda guerra estuvieron unos invitados de última hora, los rusos

Si la primera de estas guerras fue funesta para China, la segunda fue aún peor. Lo más humillante para los chinos se produjo, paradójicamente, cuando en teoría ambas partes ya habían firmado la paz, en el Tratado de Tianjin (1858, la guerra en realidad duraría dos años más). Tras la firma, una delegación británica viajó para ultimar los detalles de la capitulación china, pero las autoridades imperiales detuvieron a estos delegados, los tomaron como rehenes a la desesperada y ejecutaron a varios de ellos (entre ellos un periodista de The Times). Furioso por ello, el ejército británico, acompañado del francés, avanzó hacia Pekín (en ese avance exterminó a 10.000 tropas mongolas en el puente de Baliqiao, que aún puede visitarse en las afueras orientales de la capital) y perpetró como castigo la famosa destrucción de los famosos Palacios de Verano, tanto el antiguo (Yuanmingyuan) como el nuevo (Yiheyuan). Yo hasta hoy pensaba que este último había sido construido después de esta guerra como consuelo por la pérdida del antiguo, pero resulta que no, que ya existía.

Se dice que Lord Elgin, el encargado de dirigir el ejército británico, era partidario de destruir la mismísima Ciudad Prohibida, pero que franceses y rusos (que a última hora también se unieron contra China para sacar tajada) le convencieron de que se desfogara mejor en los palacios de verano, donde también había muchas riquezas para saquear.

Los rusos, llegados a última hora al conflicto y que apenas se involucraron en sus combates, consiguieron las mejores concesiones territoriales de todos: firmaron con China el Tratado de Aigun, por el que la frontera de su Siberia con el Imperio chino avanzó hasta el río Amur (donde está hoy en día) y con ello consiguieron así tierras más al sur, menos congeladas, donde fundarían en 1860 Vladivostok, el mayor puerto ruso en Asia Oriental y el extremo del mítico tren Transiberiano.

Reino Unido y Francia consiguieron por su parte la apertura de más puertos chinos al comercio (el principal de ellos fue el mismo donde se firmo el acuerdo de paz, Tianjin) y los británicos sumaron a sus posesiones de Hong Kong otras en la orilla de enfrente, las de la Península de Kowloon.

Un grabado francés refleja lo aniquiladas que quedaron las tropas chinas en Baliqiao.

10- China era la primera potencia mundial hasta las Guerras del Opio y dejó de serlo a partir de entonces

Las Guerras del Opio supusieron para China un trauma económico, moral y de prestigio del que quizá no se ha recuperado en casi dos siglos, algo quizá similar a lo que a los españoles nos supuso la pérdida del imperio también en el siglo XIX. Según los cálculos del economista Angus Madison, que ha intentado calcular el tamaño de los diferentes imperios a lo largo de la historia, China tenía un PIB hacia 1820 equivalente a unos 228.000 millones de dólares, un tercio del total mundial, mientras que en 1870 había bajado a los 189.000 millones, que entonces representaban menos de la quinta parte. Para esa década, el Reino Unido superaba ya de largo los 200.000 millones de dólares y pasaba a ser la principal economía mundial, aunque ayudada sobre todo por el gran tamaño de sus posesiones en el subcontinente indio, con un PIB todavía mayor que el de la propia metrópoli. La victoria del Reino Unido era también la del liberalismo frente a los proteccionismos, pregonando el libre mercado frente a la «cerrazón» de otros por comerciar, aunque eso supusiera saltarse las leyes en ocasiones (no sólo hablamos del narcotráfico en China, sino de la piratería contra España).

China iba a entrar en una vorágine de decadencia de la que hablamos en el podcast grabado la semana pasada: en 1850 ya había comenzado la Rebelión Taiping, una revuelta de desposeídos en el sur de China (algunos habían perdido sus trabajos con la crisis económica que había traído la Primera Guerra del Opio) liderados por un hombre que decía ser el hermano menor de Jesucristo. Aquel conflicto iba a causar más de 20 millones de muertos a China, una cifra comparable a todas las víctimas que causó en Europa la Primera Guerra Mundial.

El estado de shock de una China que se veía inerme ante la llegada de la modernidad y el colonialismo occidental estuvo detrás de la derrota en la Guerra Chino-Japonesa (1894-95), la Rebelión de los Boxers (1899-1901), la caída del imperio (1911) y, por qué no llevarlo más adelante, el triunfo del comunismo, tras la nueva ordalía por la que China pasó a mediados del siglo XX con la invasión japonesa y la guerra civil. Los chinos lo llamaron «el siglo de la humillación», aunque lo alargaron 10 años (1839-1949).

Esta caricatura de 1899, con varios occidentales dispuestos a cortar con tijeras el mapa de China, es una buena metáfora de todo ello, pero vale la pena decir que el caricaturista era estadounidense: los anglosajones siempre han sido los mejores críticos de sí mismos.

8 Comentarios

  1. Que opinas el ultimo episodio de south park, yo creo que han dado en el clavo. Las empresas occidentales han vendido su alma por dinero y no les ha importado renunciar cosas fundamentales. Pero creo que esta cambiando y en occidente ya no van a dejar que las empresas acepten todo

    • Sólo un comentario y cambiando totalmente de tema… las Guerras del Opio no son lo más cool del momento, ¿verdad? (suspiro)

      Pues no he visto el capítulo de South Park, pero ya lo haré, ahora que la serie está en Netflix… Aunque por lo que he leído, habla de las presiones que sufren las empresas estadounidenses cuando entran en China, ¿no?

      En ese sentido yo por ejemplo en el caso de Google siempre defendí que era mejor tener un Google censurado en China que no tener Google en absoluto… y que viendo a largo plazo lo que hacen empresas como Facebook con nuestros datos, al final Pekín sí tenía algo de razón en verlas con recelo, a la larga son herramientas de espionaje sobre todo en manos de Silicon Valleuy, es decir, de EEUU.

      Y por otra parte las empresas chinas y de otros países también a veces tienen problemas cuando quieren entrar en Estados Unidos, país que te sanciona si haces negocios, por ejemplo, con Cuba, algo contrario a las leyes internacionales. Y fíjate lo que le pasó a Huawei este mismo año.

      Y un amigo mío metido en el negocio de las editoriales literarias me dijo que las que más censura imponen a los libros son las de EEUU, así que que no se pongan tan exquisitos.

      Pero vamos, South Park es una parodia de dibujos animados, tampoco hay que tomarse al pie de la letra lo que diga… y además, con quien más se meten habitualmente es con la propia EEUU, así que yo, con South Park a muerte (hace mucho que no veo la serie pero en tiempos me encantaba).

      Me acuerdo además que el primer capítulo que vi de South Park era precisamente sobre China, era de un campeonato de balón prisionero en el que el colegio de South Park viajaba a China para competir y resultaba que el equipo chino se reía mucho de sus grandes narices y sus jugadores eran tan buenos que podían matar a sus rivales lanzándoles el balón con gran fuerza. Mucha sangre, humor políticamente incorrecto… desde que vi eso me enganché.

  2. Es cool chinochano!! El pueblo chino (la gran mayoría) lo tiene marcado a sangre y fuego. Por eso hoy, el tema de las drogas en China es tabú, se castiga con la pena de muerte. No se ve como objeto lúdico o de diversión como puede ocurrir con la juventud occidental.
    Lo que pasa es que como está muy lo que has escrito, no da pie a que la gente participe. Yo al menos, tengo poco que añadir sobre el tema. Que la ética anglosajona deja que desear.
    Bueno, una curiosidad y es que esto de las guerras y conflictos por el comercio ya venían de lejos. Creo que, en la época del Imperio Romano, no sé si fue Catón o quién, criticaba que las mujeres romanas del patricio se gastaban millones de sestercios comprando bienes de lujo a Seres (China). Abogaba por cortar o controlar dicho comercio o quizá gravarlo con más impuestos…así que fíjate, el tema de que los chinos sacan ventaja del comercio viene ya de los romanos. Luego fueron los ingleses con la guerra del opio. Y hoy en día es Trump que culpa de todo a la China moderna. China siempre ha sido un poco chivo expiatorio en todos los tiempos por parte de todos los imperios.
    Es curioso que ahora se trate a China de copiota y de producir baratijas, cuando históricamente ha sido uno de los países más innovadores y a seda y el té eran productos de lujo. Solo recordar que, según la leyenda, fueron unos monjes quienes robaron gusanos de seda y acabaron con el monopolio de la técnica de la seda que tenía China. Menudos ladrones esos monjes, jajaja. Quién robaba a quién, ¿quién copiaba a quien? (brújula, papel, imprenta, por citar los más famosos).
    Ahora resulta que viene los anglosajones, que se inventan los patentes y lo patentan todo y todo son de su propiedad, jajaja. Si hasta por respirar les vamos a tener que pagar, jajaja.
    Si lees un poco de historia y analizas las cosas que ocurren hoy en día, te echas unas risas buenas.

    • Qué interesante lo de los romanos… pues por curiosidad lo he buscado, y al parecer fue Plinio el Viejo el que se quejó de lo que comentas, en estos términos:

      «India, Seres y la Península Arábiga se llevan de nuestro imperio cien millones de sestercios cada año… eso es lo que nos cuestan los lujos y las mujeres».

    • Ay, pues ahora lo cambio, gracias por la aclaración… veo en el enlace que Plinio el Viejo también habló de esa zona en sus escritos, ¡el tío sabía de todo!

    • ¡Gracias Alberto! Disfruto escribiendo estos largos artículos, aunque no siempre encuentro el tiempo para documentarme… la historia siempre me ha apasionado, así que seguro que publicaré más de éstos.

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