20 recuerdos del Mundial de Pekín

Terminó ayer el Mundial de Atletismo de Pekín, con gran pena para aficionados al deporte como este servidor, que en el Estadio Olímpico ha pasado bastante olímpicamente de todas las noticias que la semana pasada auguraban -por millonésima vez, imagino que tras 20 años de intentos algún día acertarán- un apocalipsis económico en China.

No podemos decir que la ciudad vuelva ahora a la normalidad, porque para rematar la cosa el próximo jueves tenemos un desfile militar que va a paralizar la capital y que casi todo el mundo vamos a tener que ver por la tele, por lo que de acto popular tiene más bien poco.

En Pekín 2015 he pasado buena parte de los 9 días que ha durado en el estadio. No he estado en todas las sesiones, ni he visto todas las finales, pero casi casi. Y me llevaré de estos Mundiales, como de los JJOO de 2008, bastantes buenos recuerdos. He aquí dos decenas:

El oro de Superlópez: Fue la única medalla española, pero al menos fue de oro, un metal que no veíamos desde Berlín 2009 (y aquel igual nos lo quitan, pues se lo llevó Marta Domínguez y los tribunales antidopaje están estudiando si lo ganó limpiamente o no). López además le arrebató la victoria en los últimos kilómetros a un marchador local, Wang Zhen, con lo que la cosa tuvo su morbo. En 50 kilómetros (López ganó en 20) vale la pena recordar la gesta de Jesús Ángel García Bragado, que a sus 45 años terminó la prueba noveno, fue el mejor español, y eso ¡en su duodécimo Mundial consecutivo! El madrileño, el atleta que más Mundiales ha disputado en la historia, ganó el oro en Stuttgart 93, hace ya más de 20 años, y desde entonces no ha faltado a ninguna cita, el tío.
La zambullida de Rolanda: En las carreras de Pekín hubo varias caídas, pero quizá la más espectacular fue la de la panameña Rolanda Bell, que en el 3.000 obstáculos se cayó de cabeza al foso con agua. Curiosamente, yo la entrevisté pocos minutos después, pues tenía la misión en el Mundial de recoger declaraciones de atletas latinoamericanos, pero yo no había podido ver la caída y no le pregunté de ello. Sí note que estaba totalmente empapada en la zona de declaraciones, pero pensé que se había tirado una botella de agua por la cabeza para refrescarse.

La media perilla de Tamberi: Los atletas a veces son excéntricos y llevan extraños peinados, como los de la campeona jamaicana de 100 metros Fraser-Pryce, pero el que se llevó la palma fue el saltador de altura italiano Gianmarco Tamberi, que en la clasificación y la final lució una peculiar media perilla que al parecer lleva desde hace mucho tiempo (quizá le da suerte o algo). Fue lo más llamativo de Italia en los Mundiales, porque por lo demás no rascaron ni una sola medalla.
Yego llegó más que nadie: El oro de Julius Yego en jabalina fue una sorpresa y mostró que Kenia ya no se conforma con ganar en pruebas de fondo y medio fondo, ahora hasta prueba suerte en los lanzamientos, que durante décadas han sido la salvación de los europeos. El resultado es que Kenia fue por primera vez líder en el medallero general. Algo parecido pasa con Jamaica, tradicional cantera de velocistas donde ya ha habido buenos resultados de lanzadores en Pekín.
El pelo naranja de Li Jinzhe: De manera similar a lo dicho hace un momento con Kenia, la selección china, que durante mucho tiempo se había quedado encasillada en marcha, fondo y lanzamientos, ahora resulta que tiene buenos saltadores. En la final de longitud, los chinos quedaron en tercero, cuarto y quinto lugar: sólo una medalla, pero un gran resultado. El quinto, Li Jinzhe, deslumbró además con su pelo naranja, en un país donde los deportistas famosos no suelen llevar pelos extravagantes ni se tatúan como reos de un penal.
Tambores en el Nido: Para dar un toque chinesco a los Mundiales, en la pista se colocaron bombos tradicionales chinos y con ellos se marcaba el ritmo a los corredores, o se añadía dramatismo a los momentos previos a una final importante. Otro toque oriental bonito en los Mundiales se hizo en las carreras de relevos, donde cada equipo salía por unas puertas del estadio que se habían decorado como si fueran la entrada a la Ciudad Prohibida.
Schippers, la sorpresa holandesa: Aunque Bolt se llevó toda la atención y dio mucha emoción en sus duelos con Gatlin, lo cierto es que sus oros (otra vez tres) no fueron una gran sorpresa. Quizá la gran revelación de Pekín 2015 fue en cambio esta alta y lozana ciudadana de los Países Bajos que ganó los 200 metros y quedó segunda en los 100, algo nada fácil en unas pruebas en las que las atletas de raza negra habían dominado durante décadas. Para muchos, Bolt fue el rey del Mundial y ella la reina.
El yemeni descalzo: En una de las carreras de 5.000 metros, junto al gran Mo Farah, destacó un joven corredor del Yemen de 16 años que hizo toda la prueba descalzo, algo que nos recordó a aquel mítico maratón de Roma 1960 de Abebe Bikila, aunque el etiope quedó primero entonces y el yemení fue último. De lejos no me di cuenta, pero cuando bajé a la zona de declaraciones, los periodistas chinos estaban locos por encontrar a alguien que supiera árabe para ayudarles a hacer de intérprete. Nos preguntaron sobre todo a los reporteros españoles, quizá porque teníamos la pinta más parecida a los yemeníes. Nosotros lo vimos ir descalzo hacia los vestuarios, pero como en esa parte post-carrera hay muchos otros corredores que van sin zapatillas, no nos dimos cuenta de su excepcionalidad.
La faraona Beitia: La final de salto de altura femenina fue de las cosas más emocionantes que recuerdo, quizá porque allí teníamos una de las grandes esperanzas de medalla, pero no pudo ser. Ruth Beitia estuvo a su altura (nunca mejor dicho) pero las rusas y la croata Vlasic estaban aún mejor. Me encantó la forma en que saltaba (antes de empezar la carrerilla siempre ponía una postura como de egipcia de las pirámides) y su simpatía -con un punto socarrón de atleta curtida con la prensa- en la zona de declaraciones. Fue muy gracioso que al despedirse de nosotros los reporteros decidió darnos un beso a cada uno, y al ser ella tan alta parecía una madre despidiendo a sus hijos antes de que fueran al colegio.
Medalla para el taxista: La anécdota más increíble del Mundial (no está del todo comprobada, pero qué demonios, es una gran historia) la protagonizó el campeón de lanzamiento de martillo, un polaco llamado Fajdek. Este peculiar atleta un poco obeso y gigantón -como muchos lanzadores-, de barbas pelirrojas y gafotas, decidió celebrar su oro con una borrachera tal que al regresar al hotel decidió darle al taxista su medalla como pago por la carrera (al día siguiente la policía la recuperó). Ayer mismo me encontré una historia similar, contada por el locuelo cantante argentino Facundo Cabral, que un día le regaló a un conductor de taxi un disco de oro que le acababan de dar (en este caso se lo dio para siempre).
La mascota más patosa de la historia: Para animar a los espectadores antes de que comenzaran las sesiones vespertinas, la organización sacaba a la pista a la mascota de los Mundiales, una golondrina que según me he enterado hoy se llamaba Yaner (algo así como "golondrinita"). Desde los tiempos de Cobi no he visto un bicho más petrificado: con esas alas cortas siempre hacia arriba, el pobre no podía caminar más de 10 metros en cada sesión.
Lamine Diack y sus peroratas: En estos Mundiales se retiró Lamine Diack como presidente de la federación internacional de atletismo (IAAF) y asumió el cargo Sebastian Coe, en la foto tenéis a los dos. En su última rueda de prensa, Diack se enrolló como una persiana para defenderse de las acusaciones de manga ancha en el dopaje. Los periodistas, ya no sabíamos donde meternos, y sus compañeros de mesa le pasaron un papelito en el que le debían poner algo así como "termina ya, que va a comenzar la clausura". Y el dijo en voz alta: "pues si se retrasa la clausura, que se retrase", y siguió con su rollo.
La decepción francesa: Francia, como Italia, fue uno de los grandes fracasos en este Mundial, con sólo dos bronces (no pongo a España en este grupo porque tampoco se esperaba mucho más de lo poco logrado). Quizá la mayor decepción del campeonato la protagonizó el pertiguista Lavilleine, el único que ha conseguido saltar más alto que Bubka, y que esta vez se tuvo que conformar con el bronce. No fue el campeonato de los pertiguistas famosos: Bubka, ya retirado hace años, quería esta vez presidir la IAAF, pero Coe le ganó en las votaciones.
Zhang y el golpe de la grulla: La final masculina de altura fue tan emocionante como la femenina, en este caso porque para los chinos era una de las grandes esperanzas de oro. Zhang Guowei no pudo llevarse la victoria, tuvo que conformarse con la plata, pero al menos nos dejó una fantástica postura de la grulla cuando consiguió superar el listón en una de las mangas (los saltadores a veces son un poco payasetes).
Un ruso saltarín: Si hace 10 años Liu Xiang (ya retirado, para tristeza de los chinos) hacía historia al ser el primer asiático en ganar oros en el 110 vallas, esta vez el hito lo ha conseguido el ruso Shubenkov, primer ganador blanco de esta prueba. Fue muy gracioso en la rueda de prensa, donde dijo que no recordaba absolutamente nada de la final, de flipao que estaba con su victoria.
Los chinos ya son veloces: China se llevó un oro en estos Mundiales (en 20 kilómetros marcha femenino) pero seguro que para los chinos lo más valioso de Pekín 2015 fue la plata en el 4x100, una prueba de velocidad donde los asiáticos jamás habían destacado. Los cimientos del estadio temblaron cuando los chinos entraron en la meta en tercer lugar, y aún temblaron más cuando EEUU, que había entrado segunda, fue descalificada. Uno de los miembros de estos relevos, Su Bingtian, hizo aún más historia al convertirse en el primer asiático en llegar a la final de 100 metros, la carrera más mediática de todas, junto a Bolt y a Gatlin. Quedó último, pero para China, que asoma la cabeza en la velocidad, supo a medalla.
Dibaba se queda a medias: La etiope Genzebe Dibaba (en mi modesta opinión, la atleta más bella de los Mundiales, aunque haya otras con cuerpos más espectaculares) era la principal candidata a ser la reina de los campeonatos, y aunque comenzó cumpliendo con un oro en 1.500, no pudo completar la faena y en el 5.000 se tuvo que conformar con el bronce. En todo caso, qué ojazos, qué pena que no hable inglés y que en la rueda de prensa se mostrara tan tímida.
Dos tercios de las Luik: El último día, en la maratón, los periodistas nos sorpendimos al ver a dos atletas idénticas defendiendo la bandera de Estonia, aparantemente gemelas, y más nos sorprendimos al enterarnos de que en realidad son trillizas y tienen otra hermana igualita, e igualmente maratoniana, que no pudo ir a Pekín por lesión. Se apellidan Luik y tienen nombres confusos, para acabarla de liar: Liina, Lily y Leila (la que no corrió).
Atontado contra Bolt: Una de las imágenes de Pekín 2015 fue el "atropello" sufrido por Usain Bolt en plena pista, cuando celebraba su victoria en los 200 y un patoso cámara montado en un Segway de ésos de dos ruedas perdió el control de ese vehículo diabólico y cayó derribando a Bolt por el camino. En la rueda de prensa Bolt bromeó diciendo que seguramente el cámara había sido sobornado por Gatlin (y Gatlin continuó la broma diciendo que estaba decepcionado con el cámara porque no había completado del todo el "trabajo").
Un oro a última hora: En las carreras a veces se pierde el oro en el último suspiro, y aunque en los concursos (lanzamientos y saltos) no ocurre tan a menudo, también puede pasar. En jabalina femenina, el estadio celebraba ya el oro de su compatriota Lü Huihui cuando una alemana no precisamente favorita, Katharina Molitor, en el último lanzamiento de toda la final, hizo la machada y le sacó un metro de ventaja a la china. Fue posiblemente el mayor disgusto para los locales.

Fuera de las pruebas profesionales, he de mencionar, porque también es para mí un imborrable recuerdo, que participé en la carrera de periodistas (800 metros, corríamos chicos y chicas juntos, y estábamos de todas las edades). Quedé en un deshonroso 112º puesto (de unos 125 que acabaron la prueba), acabé más cansado que en la media maratón de la Gran Muralla, pero oye, siempre podré presumir de haber corrido sobre el mismo tartán que Bolt, Mo Farah, Dibaba, Gatlin o García Bragado.

1 Comment

  1. Enviado por weiyi
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    Y el cielo azul de Peking?

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    Enviado por ChinoChano
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    Pues también, pero como ya lo comenté en el post anterior…

    De todos modos llevamos un par de días que de azul nada, está otra vez neblinoso y con muchas lluvias, señal de que el otoño is coming. No sé si volverán los cielos azules a tiempo para el desfile…

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    Enviado por puri
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    para mi el mejor velocista

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    Enviado por ChinoChano
    (Contacto Página)
    Si lo dices por mí, lo mío parece ser el medio fondo…

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