Pekín, ciudad clave en la historia del feminismo

Supongo que esta vez el Día de la Mujer, sobreexplotado hasta la cansinidad en años anteriores, va a quedar algo desangelado por ser domingo y porque todos estamos despistados con la emergencia coronavírica. Es en estas circunstancias cuando a mí me gusta hablar de determinadas cosas, así que hoy me pongo las gafas violetas y hablaré de la Conferencia Mundial de la Mujer de Pekín, de la que se cumplen 25 años en 2020, y que fue un importante momento en la lucha de los derechos de las mujeres. De paso, fue uno de los más importantes encuentros multilaterales que ha acogido China.

La conferencia se celebró del 4 al 15 de septiembre de 1995, así que su 25 aniversario no es exactamente hoy, pero me consta que el evento va a ser bastante recordado por las Naciones Unidas este domingo, dado que fueron ellos los organizadores. La conferencia, dicen, es el evento organizado por la ONU con más asistentes en la historia (más de 30.000 entre el foro oficial y las conferencias de las ONGs en los márgenes). Es uno de los pocos que Naciones Unidas ha organizado en suelo chino, y hay que recordar que se celebró sólo seis años después de que en Pekín se perpetrara la matanza de Tiananmen, por lo que para China fue uno de sus primeros actos internacionales tras un lustro de condenas internacionales y algo de aislamiento del que fue saliendo muy lentamente, tanto que aún no lo ha hecho del todo.

La inauguración, con el presidente Jiang Zemin de anfitrión, se celebró en el Gran Palacio del Pueblo de Pekín, donde por una vez la bandera de las Naciones Unidas ocupó el lugar que en otras ocasiones tienen el emblema nacional chino o la hoz y el martillo comunistas.

Sin embargo, la mayoría de las ponencias en días posteriores se celebraron en el Centro Internacional de Conferencias de Pekín (donde ahora se encuentra la zona de los estadios olímpicos), mientras que los foros paralelos para las ONGs se llevaron al quinto pimiento (el distrito de Huairou, donde la Gran Muralla) para que las mujeres activistas no molestaran. Por cierto, en Huairou hubo una manifestación de mujeres pro Palestina que debió de ser una de las primeras protestas públicas que hubo en China después de 1989 (la podéis ver en los últimos segundos del siguiente vídeo).

En las ponencias oficiales participaron importantes mujeres del momento, cuyos discursos podéis leer en la página web de la conferencia, aún mantenida por la ONU (es una web de 1995, así que no esperéis un gran despliegue infográfico). Fue muy sonado el discurso de Hillary Clinton, entonces primera dama de Estados Unidos, hablando de las injusticias sufridas por las mujeres a lo largo de la historia, y diciendo una frase que calaría, la de que «los derechos de las mujeres son derechos humanos».

También participó Benazir Bhutto, entonces primera ministra de Pakistán, que moriría asesinada 12 años después. Si la antediluviana web no nos engaña, Benazir pronunció la última de las conferencias, y la cerró con el grito en portugués «A luta continua» (la lucha continúa), que se hizo famoso en el movimiento de independencia de Mozambique. Cuesta creerlo, pero así sale en las minutas, y quién sabe, igual es una frase conocida en muchos países de esos que se consideraban de la órbita de los No Alineados.

Otras destacadas personalidades fueron la reina Fabiola de Bélgica, la entonces líder de la oposición birmana Aung San Suu Kyi (quien no pudo ir en persona por el arresto domiciliario que entonces sufría, pero mandó su discurso a Pekín para que fuera leído) o la entonces ministra española de Asuntos Sociales Cristina Alberdi, quien actuó como portavoz de la Unión Europea.

También estuvo Jane Fonda, quien por aquel entonces era una histórica no sólo del feminismo sino también del pacifismo, y últimamente también se ha unido al ecologismo.

Alguna polémica causaron gobiernos que pese a la temática de la conferencia fueron representados en ella por hombres, caso del entonces presidente peruano Alberto Fujimori, quien en su discurso ya dijo que algunos le habían criticado por viajar a Pekín.

La conferencia no era la primera, sino la cuarta (y última) que la ONU celebraba para promover la igualdad de la mujer, pero se considera que ésta fue la más importante porque de ella salió la llamada Declaración de Pekín, aún muy nombrada en los foros internacionales y revisada periódicamente por la ONU para ver qué se ha cumplido de ella y qué no.

La declaración, entre otras cosas, reclamaba el derecho de la mujer a tomar sus propias decisiones en cuanto a sexualidad y maternidad, o el derecho a protegerse de abusos tales como la violación, la mutilación genital, el acoso sexual o la violencia doméstica.

Un cuarto de siglo después, sigue siendo la principal guía de la ONU para que los gobiernos avancen en la igualdad de hombres y mujeres, y para Pekín, pues está muy bien darle nombre a un documento histórico, para ponerse al lado de París con su acuerdo, de Varsovia con su pacto, de Kioto con su protocolo o de Maastricht con su tratado. Y ya que hoy hemos hablado de conferencias, voy a cerrar con una pera idem.

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