No hay manera

Ni el SARS, ni la gripe aviar, ni catástrofes ecológicas… Nada, no hay forma de convencer a China de que cuando pasa algo gordo, lo peor es esconderlo. Una vez más, Pekín ha mostrado que desconfía de sus súbditos, y éstos han hecho lo propio.

Esta semana, sin avisar, la ciudad de Harbin anunciaba que iba a cortar el agua durante cuatro días, diciendo que era para “tareas de mantenimiento”. ¿Qué tareas son esas, que van a dejar a los pobres harbineses oliendo a no duchados, y su water oliendo a rayos?

Los jefazos ya sabían que lo que pasaba era que el agua estaba contaminada, pero no se fiaban de decírselo a la gente. La gente no se fió del Ayuntamiento, y pensó que se acercaba un terremoto, o que alguien había envenenado el agua. El resultado, pánico, gente huyendo de la ciudad… Me suena esa película, pero no recuerdo en que cine la he visto…

Mis colegas los periodistas chinos me dicen que escribir malas noticias crea alarma en la población y es inútil. Se meten conmigo por presentar China siempre como algo donde ocurren malas noticias. A ver si se van enterando de que presentar buenas noticias cuando está claro que no las hay, también puede generar alarma, incluso pánico. Y sobre todo, desconfianza. Los chinos no se fían se sí mismos.

Por cierto, ¿os imaginais si después de la catástrofe del Prestige un periódico hubiera escrito “eso enseñará a los españoles a tener cuidado con los vertidos?” Menudo cabreo hubiera habido, ¿verdad? Pues algo parecido titula una noticia de Xinhua, sobre el desastre de Harbin: “Una lección para los ciudadanos, que así aprenderán a ahorrar agua”. Osea, se equivoca el Gobierno, pero el que tiene que aprender soy yo. Fenomenal.

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