55 días en Pekín:
la historia real, y la filmada

Hace 13 años escribí en esta web sobre los 55 días en Pekín, refiriéndome tanto al hecho histórico ocurrido en el verano de 1900 como a la película homónima, rodada en España y estrenada en 1963. Sin embargo, cometí en aquel texto el error de decir que los españoles no habían estado en el famoso asedio a las embajadas extranjeras por parte de los boxers, y en aquel entonces no había visto la peli. El escrito de hoy, por tanto, busca corregir el de entonces y dar muchos más datos aprendidos en este tiempo. No me importa repetir, porque lo considero un tema apasionante y lleno de vínculos hispano-chinos, tanto en lo histórico como en lo cinematográfico.

EL HECHO HISTÓRICO

Del 20 de junio al 14 de agosto de 1900 (en realidad fueron 56 días, pero tal vez el último no se cuente porque fue la jornada de liberación) la docena de embajadas que había en Pekín, agrupadas en un barrio que se encontraba al sureste de la Ciudad Prohibida, soportó con apenas 500 soldados de diferentes países un asedio por parte de los boxers, una organización antioccidental y entrenada en artes marciales (de ahí que los europeos los llamaran «los boxeadores») que consideraba a estas embajadas una colonización intolerable de los extranjeros que debía marcharse de allí. El imperio Qing, entonces en manos de la emperatriz viuda Cixi, jugó un papel ambivalente en esos hechos, pues por una parte aprobaba con su no intervención el ataque de los boxers a las embajadas, pero por otra temía a estos fanáticos, que amenazaban también con derrocar un imperio muy debilitado.

Los boxers eran el síntoma de una China que se sentía humillada por las Guerras del Opio, la derrota con Japón y otros golpes sufridos en el siglo XIX, una China que se veía débil y necesitada de revulsivos para resurgir: esos mismos ingredientes cocinaron la Rebelión Taiping décadas antes, así como la revolución de 1911 que acabó con el imperio Qing o incluso la que en 1949 instauró un régimen comunista.

En mi texto de 2006 dije muy ufano que España no tuvo mucho que ver en aquel asedio, que terminó cuando refuerzos de tropas europeas, estadounidenses y japonesas lograron llegar a Pekín desde Tianjin. Incluso afirmé que no había ni siquiera embajada española en la capital china: error garrafal, que es fácil de refutar con mapas de la época en los que aparece el lugar exacto de la embajada española.

Mapa de la época en el que he marcado en amarillo la embajada española, que estaba cerca de la japonesa.

En la zona donde estuvo la embajada ahora hay un hotel y la Oficina de Cooperación con el Extranjero de Pekín, que visité en alguna ocasión por algún sarao latinoamericano. Se mantiene en pie la antigua delegación japonesa, y también la francesa (o al menos su imponente puerta de entrada), en donde pasó sus últimos años de vida el rey Sihanouk de Camboya, antes de fallecer en 2012.

Al haber embajada española había también embajador, y su papel fue crucial en aquellos eventos históricos, especialmente después de terminado el asedio de 55 días. Su nombre era Bernardo Cólogan y Cólogan, fue un canario de la Orotava, y era el decano de los diplomáticos de la época en la capital china, pues había trabajado en esa embajada de joven, en 1868, y regresó a ella ya como ministro plenipotenciario (lo que ahora sería un embajador) en 1894, ocupando el cargo hasta 1902. Su veteranía le hacía tener mayor contacto con los funcionarios imperiales que otros diplomáticos, lo que lo convirtió en el principal negociador tanto durante el asedio como en los meses posteriores a él, cuando las discusiones giraron en torno a si China debía indemnizar a las embajadas europeas por los daños causados.

El acuerdo final, conocido como el «Protocolo Bóxer», se firmó en septiembre de 1901 en la misma embajada española, y el texto lo redactó Cólogan. En él se fijaba que China debía pagar a los países cuyas embajadas fueron atacadas el equivalente a 67 millones de dólares, de los que España no se llevó mucho, poco más de 300.000. Vale la pena decir que Estados Unidos gastó su parte en construir en Pekín lo que hoy es la Universidad de Tsinghua (visitando el campus se ve claramente su aire americano, parece Harvard), hoy en día quizá el mejor centro de estudios superiores de China, así que por una vez creo que debemos alabar la generosidad estadounidense para con los chinos.

Bernardo Cólogan, de quien yo oí hablar por primera vez porque en los comentarios a mi texto de 2006 me lo «presentó» su sobrino-bisnieto Carlos Cólogan, debió ser un personaje novelesco, de ésos que en Estados Unidos tendría ya media docena de películas pero en España está olvidado hasta que Pérez-Reverte o algún otro que no reniegue de nuestra historia se apiade de él. De joven se batió a duelo con pistolas con el chambelán del rey de Grecia en Atenas, y como diplomático no sólo le pilló el asedio pequinés, sino también la apertura del Canal de Suez (asistió a la inauguración como representante de la embajada española en Estambul) o la revolución mexicana cuando fue embajador allí.

Se dice que la China imperial apreció tanto los servicios diplomáticos de Cólogan que le regaló los dos leones que actualmente flanquean la puerta de la embajada española en la capital china, situada en el noreste, lejos de la antigua legación. De esto me enteré ayer, escuchando en podcast el último programa de «Cowboys de Medianoche», donde lo contó el célebre diplomático y hoy día tertuliano Inocencio «Chencho» Arias.

Del asedio a las embajadas en sí, que muchos conocen por la película más que por los libros de historia, quizá estaría bien hablar de varias cosas que a Hollywood se le pasó contar. La primera es que paralelamente a este asedio hubo otro al norte de la Ciudad Prohibida, también en Pekín, que yo creo que aún fue más espectacular, pero como en él no hubo soldados estadounidenses ha quedado más olvidado. Fue el de los boxers a la Iglesia del Salvador, también conocida como Iglesia de Xishiku. Ese asedio no duró 55 días sino 63 (del 14 de junio al 16 de agosto).

En el interior de esa iglesia se refugiaron más de 3.000 personas, muchas de ellas católicos (los boxers persiguieron y mataron a muchos sacerdotes, misioneros y creyentes, tanto chinos como extranjeros) y fueron defendidos del constante asedio por apenas 40 soldados franceses e italianos. Totalmente aislados, ni ellos ni los que más al sur estaban en las embajadas sabían que en otra parte de la ciudad estaban intentando aguantar el tipo.

Otra cosa que no se suele comentar del asedio es que en él se quemó la Academia Hanlin, que podríamos considerar la biblioteca nacional de la China de la época, con lo que se perdieron libros y documentos de valor incalculable. Para los chinos fue algo así como perder la Biblioteca de Alejandría.

Y un último punto que se suele obviar sobre los 55 días de Pekín es que cuando el asedio terminó las tropas extranjeras de refuerzo y las que habían aguantado se desquitaron cometiendo toda clase de tropelías en la ciudad, desde saqueos a asesinatos, que no llegaron al nivel de décadas antes con la destrucción del Antiguo Palacio de Verano pero sí debieron aterrorizar a los pequineses. Una de las personas que denunció esta crueldad al mundo fue el famoso escritor estadounidense Mark Twain, quien siempre defendió a China del colonialismo que sufría en aquella época.

LA PELÍCULA

Seis décadas después de que ocurriera todo lo narrado hasta ahora el productor Samuel Bronston, que rodó en España grandes superproducciones como El Cid, La Caída del Imperio Romano o Rey de Reyes, decidió llevar al cine la historia de los 55 días en Pekín en otra cara aventura fílmica protagonizada por Charlton Heston, Ava Gardner y David Niven que se rodaría en la zona de Las Rozas, al noroeste de Madrid.

Hay muchos personajes fascinantes en torno a este rodaje, empezando por el mismo Bronston. Nacido en lo que hoy es la capital de Moldavia, Chisinau (entonces parte del Imperio Ruso), este hombre de negocios vio que en España había mucho dinero estadounidense que no podía sacarse del país debido a estrictas normas fiscales de la época para impedir la salida de capitales. En concreto, el gigante químico norteamericano Dupont tenía mucho dinero congelado en territorio español. Amigo del presidente de esa empresa, Bronston usó otra de sus amistades, la del almirante estadounidense Nimitz (a su vez colega del también almirante Carrero Blanco) para que influyera en el Gobierno español y éste autorizara el rodaje de películas hollywoodienses en España. Bronston acabó un poco arruinado de su aventura española, pero nunca dejó de tener gran cariño por el país, hasta al punto que tras morir, según su deseo, sus cenizas fueron llevadas, cómo no, a Las Rozas.

Pero si hablamos de personajes inmortales, también hay que nombrar a Ava Gardner, el «animal más bello del mundo», que cuando rodó 55 días en Pekín llevaba unos 10 años viviendo en España y corriéndose las juergas que últimamente hemos podido ver recreadas en la serie Arde Madrid. Ava estaba acusando ya tantos años de borracheras continuas y comenzaba a tener problemas para actuar, por lo que se cuenta que fue muy problemática en el rodaje y se llevó muy mal con Charlton Heston (en mi opinión, eso se nota en la falta de química que hay entre ellos en el film, pese a que supuestamente son pareja romántica en él). En todo caso, con casi 40 años seguía teniendo una turbadora belleza que le vino muy bien en su papel de baronesa rusa de oscuro pasado. Y es la que mejor habla chino en la película, en su primera escena le dice a sus amigos chinos un «duibuqi» («lo siento») con una pronunciación perfecta.

De Charlton Heston, que hace de soldado estadounidense, destacaré simplemente que en la película parece un cowboy que ha llegado cabalgando a la China, y que la falta de química con Gardner la suple con la que sí tuvo en sus escenas con uno de los mejores personajes de la película, una niña católica china y huérfana llamada Teresa que acaba adoptando. Teresa está fantástica en toda la peli, pero lamentablemente la actriz que la encarnaba (una niña chino-británica llamada Lynne Sue Moon) no hizo muchos papeles más, en aquel entonces no había demasiados roles orientales en el cine europeo o hollywoodiense.

El tercer protagonista, David Niven, encarna al embajador británico, pero sin el bigote que gastaba el que realmente estuvo en el asedio en 1900, lamentablemente. Si los de atrezzo hubieron sido fieles en este punto, no se habría hablado de otra cosa en torno al film.

En todo caso, creo que quien mejor trabajo hizo en esta película no fue ningún actor, ni el productor, ni siquiera el director (Nicholas Ray, el de Rebelde sin causa, quien lo pasó tan mal en el rodaje que lo dejó a mitad y no volvió a hacer más pelis en su vida). Nada es comparable al es-pec-ta-cu-lar trabajo de Gil Parrondo para recrear el Pekín del cambio de siglo en las afueras de Las Rozas, junto a la nacional VI hacia La Coruña. Las puertas de la muralla, las casas, la mezcla de lo oriental con lo occidental en el barrio diplomático, el Templo del Cielo, la corte imperial… es sencillamente increíble que supiera tan bien cómo era Pekín sin visitarla. Yo creo que nadie ha sabido recrear un lugar de China mejor. No le dieron el Oscar a la mejor dirección artística (no ayudó que la peli fracasara bastante en EEUU, como le pasó a Samuel Bronston con la mayoría de sus producciones) pero tuvo dos en su carrera, los primeros para un español, así que tampoco podemos decir que su carrera no fuera reconocida.

Dentro de la película hay algún toque hispano, como la aparición de la bandera y el himno de España en los primeros minutos, cuando van apareciendo las distintas legaciones de Pekín. Documentadísima escena en la que se recrean los uniformes de soldados de la época, pero también se tiene en cuenta qué banderas e himnos tenía cada país en 1900, pues algunos no coincidían con los de 1963. La misma bandera española, por ejemplo, no era la del aguilucho que había en la época franquista, sino la de la Restauración.

Menos espectacular es la participación actoral española: sólo tienen líneas que recitar un par de actores españoles, Alfredo Mayo y José Nieto, que encarnan respectivamente a los embajadores de España y de Italia en una escena en la que todos los diplomáticos se reúnen para discutir si resisten un asedio o se van. Curiosamente, en internet he leído que Alfredo Mayo en la versión española dice algo así como «los españoles nos quedamos porque somos valientes», pero en el audio original en inglés no dice lo mismo, igual la propaganda nacionalista de la época lo cambió en el doblaje. David Niven se dirige a él como «señor», usando esta palabra en español, pero no cita el apellido «Cólogan» sino otro que no conseguí entender, de todas maneras todos los personajes tienen nombres cambiados con respecto a los de la historia real.

Alfredo Mayo dándole al abanico, un utensilio tan chino como español. Quizá otra genialidad de Gil Parrondo.

En todo caso en la película salieron cientos, miles de españoles, como extras para hacer tanto de boxers como de soldados. Para la película se trajeron chinos venidos de toda España e incluso de otros países europeos, porque la comunidad china en España aún era muy reducida. Dicen que el rodaje dejó sin empleados los restaurantes y lavanderías de medio continente. Pese a ese éxodo, no era suficiente en muchas escenas de grandes muchedumbres, por lo que en algunas partes del film se ve que muchos «chinos» eran en realidad madrileños encantados por salir en una peli de Hollywood. Entre ellos, como ya conté hace 13 años, el padre de mi amigo Alberto el vallecano, que siempre se jacta de haber «sido chino» en su juventud.

En primer plano, junto a los protagonistas, son todos muy chinos en las escenas con mucha gente, pero si uno se fija en la segunda fila, hay más de uno que como muy lejos viene de Benidorm.

La película, más famosa creo en España que en Estados Unidos, está llena de curiosidades, como el hecho de que el malo de la peli, el Príncipe Tuan (quien aconseja a la emperatriz dar carta blanca a los boxers para invadir la legación diplomática) fue doblado en su versión española por un jovencito Alfredo Landa que estaba empezando su carrera cinematográfica. O que en la parte en que un bóxer chino muestra su pericia en las artes marciales aparece quien años después sería uno de los mejores luchadores en las «pelis de chinos» de los 70, Yuen Siu-Tian, el inmortal «Mono Borracho» que peleaba contra Jackie Chan.

A mí de la película me hace mucha gracia lo políticamente incorrecto que hoy en día vemos algunas cosas que la rodean, como el uso de actores occidentales para hacer de chinos (Cixi o el Príncipe Tuan, que en versión original tiene un tono chillón terrible, eran actores blancos británicos). También muchos diálogos en la peli hoy serían carne de horca para Twitter, frases como «no puedes ir por China matando chinos como si estuvieras en EEUU matando indios», dicha por David Niven a Charlton Heston.

También recordaré siempre una escena en principio muy anecdótica de la película, en la que los dos hijos del embajador británico están pensando cómo llevarse el perro que tienen (un pequinés, obviamente) si se tienen que ir expulsados por los boxers. La escena sólo se pone para que te vayas apegando sentimentalmente al bando occidental, pero me recordó mis problemas el año pasado para llevarme a mi perra de Pekín, y me hizo soltar alguna lagrimita.

Y bueno, me dejo muchas cosas de contar, pero creo que lo mejor es que los que no hayáis visto 55 días en Pekín lo hagáis (hasta la tenéis gratis en Youtube), y los que llevéis un tiempo sin verla le deis una revisita. Quizá le faltó ser un musical para convertirse en un gran clásico de esa época, pero no desmerece nada y hasta a los tiquismiquis que vemos con lupa cualquier recreación de Pekín nos parece maravillosa.

A falta de canciones en la película, os pongo para terminar ésta que en aquellos tiempos grabó el cantante Lorenzo Valverde, a rebufo del éxito del film en España. Un saludo: vivan la diplomacia española, y el cine de Hollywood.

10 Comentarios

  1. Lo publiqué en mi grupo de chino y los comentarios dicen que en esta película no cuentas los verdaderos motivos para que se sitiaran dichas embajadas. El principal motivo era que China estaba siendo ocupada por varios paises extranjeros que traficaban con drogas y que casi gobernaban el país.

    • Hubiera querido reflexionar sobre esa idea en el texto, pero como ya me quedaba un poco largo, opté por no hacerlo…

      La película, obviamente, gira en torno al heroísmo de los extranjeros (sobre todo los estadounidenses, que para eso era una producción de Hollywood) ante los malvados boxers, eso está claro. Es una peli de aventuras a la que no se le puede pedir el rigor histórico de un documental o un libro de historia.

      Sin embargo, a su manera, algo edulcorada, también habla del colonialismo que China sufrió a finales del siglo XIX o principios del XX. La principal forma en que lo hace es al principio, en la famosa escena de las banderas y los himnos. Llega un momento en que todas esas músicas se hacen ensordecedoras y se mezclan unas con otras. Entonces un chino que va por la calle le dice a otro: «¿qué es ese ruido?». Y el otro le comenta algo así como: «Con distintas músicas cada uno dice lo mismo: ¡Queremos China!».

      También se critica a Occidente más tarde, en las escenas palaciegas, por boca de la emperatriz Cixi y sus consejeros, personajes que con excepción del fumanchunesco Príncipe Tuan no son ni completamente buenos ni completamente malos. Hablan de cómo el imperio está cayendo ante los occidentales, y cómo hay que defenderlo.

      En mi opinión, en todo esto la película tiene cierto paralelismo con una mucho más reciente que también contó un «asedio» a una embajada, en este caso la de EEUU en Teherán: Argo. Esa película también habla de heroísmo e inventiva para superar ese asedio, y presenta a los estadounidenses de manera heroica. Y sin embargo, al principio te cuenta de forma muy chula (con imágenes de archivo y viñetas de cómic) de dónde venía la animadversión iraní hacia los estadounidenses, que fue caldo de cultivo de la Revolución Islámica. Se pone por un momento del lado iraní, pero luego cuenta lo bien que lo hicieron los estadounidenses. Puro espíritu americano, con sus ventajas y sus inconvenientes.

      Creo que en un tiempo tan lejano como 1963, y teniendo en cuenta que China era un país exótico, aislado y enemigo ideológicamente hablando, 55 Días en Pekín fue una película relativamente sensible a la situación de China. Por no mencionar lo mucho que mimó el aspecto de Pekín, que ya os comenté que está muy logrado gracias al gran trabajo de Gil Parrondo.

      Me pregunto si en todo esto pesó que Taiwán, a través de Soong Mei-ling, la esposa de Chiang Kai-shek, tuviera cierta influencia lobbística en EEUU y por tanto los norteamericanos, al menos en las altas esferas, estaban bastante concienciados respecto a cosas relacionadas con China.

  2. Muy buen artículo, de nuevo, Antonio.

    De pequeño me gustó mucho esta película, pero ya en esa época bien chiquitín me parecía «raro» ese asedio, y no veía a los chinos como los malos.

    La acabo de ver en Youtube, gracias a tu enlace.

    Un abrazo!!

    • yo la verdad es que no la había visto hasta ahora, tengo muchas lagunas en cine clásico, pero espero algún día superarlas… gracias por el elogio!

  3. Cuando publicaste el artículo hace trece años, no repliqué sobre el tema de que si España tenía embajada en Pekín como sale en la película.Efectivamente, según mis conocimientos de historia y como tu has rectificado y comentado con todos los detalles, sí que la hubo.Lo que hubo ese rumor de que al ser rodada en España y para complacer a Franco, por las facilidades dadas, se incluyó nuestro país.Pero este rumor era falso.Pero sí hay un dato que sale en la película que sí es falso.Al entrar las tropas de los países implicados , también salen de españolas.Esto no ocurrió, pues España no tenía tropas cerca de China, solo quedaba una pequeña guarnición en la provincia filipina de Tawi-Tawi, la cual después de la derrota de España en Filipinas en 1898,aún estaba en posesión española hasta 1901, una vez firmado el tratado de paz con los Estados Unidos y después vendida por España a los americanos.Pero simplemente era una pequeña guarnición que no podía dejar ese emplazamiento.Por ello,en la película sí que fue una concesión esa entrada triunfal ficticia de las tropas españolas.Aquí se explica quienes entraron para liberar Pekín y otras ciudades, las potencias coloniales ya presentes en esa zona, que fue llamada la Alianza de las Ocho Naciones. https://es.wikipedia.org/wiki/Alianza_de_las_Ocho_Naciones

    • Al documentarme sobre la película leí en efecto eso, que como gesto hacia España se había puesto al ejército español entrando en Pekín el día de la liberación del barrio de embajadas, pero lo cierto es que he mirado y remirado la escena y no acabo de saber muy bien cuál es el ejército español…

      La escena es la siguiente:

      https://www.youtube.com/watch?v=HCMby_Tty7U

      Y si mis ojos no me engañan los ejércitos que llegan son, por este orden, los siguientes:

      – Los británicos, concretamente un regimiento de la India con indios en turbante y todo (otro ejemplo del excepcional trabajo de documentación para hacer la peli, porque al parecer así fue en la realidad). También salen unos soldados blancos vestidos de blanco, con casco como de gendarme londinense y con fondo de gaitas, que asumo que también son británicos aunque igual son los españoles que algunos dicen, un poco escondidos en tal caso porque no hay ningún rasgo que les caracterice como tales. Un punto gracioso es que a uno de ellos se le cae el casco, o más bien se lo tiran las mujeres que corren a abrazarles de alegría.

      – Los americanos, con sombreros de cowboys y que parecen sacados de un Western.

      – Los alemanes, creo que al llegar se oye algo así como «der unseren» que imagino debe significar «los nuestros» o algo así (lo gritan los alemanes del asedio con alivio por ver que llegan a salvarles).

      – Los italianos, que llegan al trote y con un plumero en el casco, mientras alguien grita, de manera similar a los anteriores: «il nostri, il nostri!»

      – Los rusos, cantando en ruso, de blanco y con bayonetas. Si los estadounidenses parecen venidos de Little Big Horn, estos parecen traídos del mismísimo Palacio de Invierno.

      – Los franceses, con casco blanco también como de gendarme y traje azul marino (entiendo que son franceses porque se oye algún murmullo que suena en ese idioma, y porque llevan el mismo uniforme que los que al principio de la peli tocan la Marsellesa e izan la bandera tricolor).

      – Los japoneses, con música nipona y saludándose a la japonesa, con reverencia (por cierto, los soldados japoneses sufrieron en el asedio bajas superiores al 100 por ciento, cosa que se explica porque algunos de ellos fueron heridos en los primeros días, se reincorporaron a la lucha tras unos días de recuperación, y volvieron a ser heridos).

      Los que son olvidados en la escena, como en el resto de la peli, son los austro-húngaros, que tenían también embajada en Pekín… aquel imperio ha sido condenado al olvido en general por la historia.

    • La foto es buenísima, y el de las cejas demoníacas da mucho miedo! Que pena no haber leído este artículo del bueno de Isidre en su momento.

Deja un comentario

Tu dirección de correo no será publicada.




Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.