A Hong Kong sin avión

Estoy de viaje por Hong Kong, seis meses después de mi anterior visita. Si en octubre vine por trabajo, para conocer un poco mejor la Revolución de los Paraguas, esta vez he venido de vacaciones.

En esta ocasión he decidido ir en tren bala, con lo que he usado la que dicen es la mayor línea de alta velocidad ferroviaria del mundo, entre Pekín y Shenzhen, la ciudad china más cercana a Hong Kong. El trayecto dura unas nueve horas. Con los trenes normales se tardan más de 24 (la primera vez que fui a Hong Kong, allá por 2003, viajé de esa manera, y en 2008 repetí).

El paisaje desde el tren fue bastante feo en el norte de China, pero en el sur, pasado ya el Yangtsé, mejoró mucho, con montañas, arrozales y pueblecitos… La provincia de Hunan, al norte de Cantón, se está convirtiendo en una de mis favoritas de este país.

(Perdón por lo borroso de la foto, pero ya se sabe, el tren bala va muy rápido).

En el viaje, como suele pasar en periplos tan largos, me tocaron compañeros de vagón bastante curiosos. A mi lado, por ejemplo, se sentó un señor que se pasó todo el viaje haciendo el siguiente ejercicio: iba a la zona del vagón donde hay grifos de agua hirviendo para el té, llenaba un termo, volvía al asiento, se bebía el agua poco a poco a ruidosos sorbos, y una vez acabado el termo, volvía a repetir la misma operación, una y otra vez hasta que llegó a su destino. Se debió de beber 20 litros él solito.

Otra compañera de viaje interesante fue una señora que iba con su niña, de unos dos o tres años, y se pasó todo el viaje, los 2.500 kilómetros, jugando y hablando con ella. Una madre siempre quiere a su hija, eso está claro, pero lo de esa señora me pareció exagerado: no paró ni un momento de hacerle carantoñas, hablarle, darle paseos por los vagones, alimentarle… Gracias a esa abnegada atención, por cierto, la niña estuvo tranquilísima. Les tuve que hacer una foto, porque me pareció la madre del siglo, quizá del milenio.

Una vez llegado a Shenzhen, ni siquiera tuve que salir a la calle: en la misma estación de tren hice transbordo al metro, y con él llegué a la “frontera” que hay entre China y Hong Kong (no debería entrecomillarla, porque te piden pasaporte en el lado chino y en el hongkonés, es como salir del país). Pese a esos trámites policiales, cruzar de Shenzhen a Hong Kong da la sensación de estar únicamente cambiando de línea de metro, el paso de un lugar a otro es un pasillo como el que se podría encontrar en cualquier suburbano:

Como sabéis, en las fronteras suele haber carteles avisando a los turistas de que no se les ocurra intentar entrar o salir con drogas, o armas, o cosas así… Sin embargo, en la frontera chino-hongkonesa la gran preocupación de los aduaneros es la leche en polvo para bebés, algo que debe ser único en el mundo. Los avisos amenazan con hasta dos años de prisión para aquella persona que intente introducir en China excesivas cantidades de leche comprada en Hong Kong. Esto es lo primero que se encuentra una persona que cruza a Hong Kong desde China por tierra:

Esta curiosa situación se debe a que los chinos no confían demasiado en la calidad de la leche en polvo que se vende en su país, debido a varios escándalos alimentarios. Muchos chinos aprovechan sus viajes al extranjero (o a Hong Kong, que en la práctica es un mercado extranjero) para comprar leche para bebés. O incluso hay madres que van cada cierto tiempo exprofeso a Hong Kong a comprar comida para su bebé.

Pese a las advertencias y amenazas de la aduana (que también se pueden ver en la entrada a Macao, como pude comprobar un par de días después) lo cierto es que la leche en polvo para bebés es en Hong Kong un producto estrella que muchas tiendas promocionan para los turistas chinos. Vi tiendas de souvenirs que tenían leche en polvo en su escaparate, y en las farmacias hay enormes montañas de latas de esta leche en su entrada. Por contra, en muchos supermercados esta leche está colocada detrás del mostrador de las cajeras, para limitar un poco el acceso de los compradores a ella, como se suele hacer en otros lugares con las botellas de alcohol. Es increíble lo que la demanda china puede cambiar el comercio en una ciudad tan grande como Hong Kong.

Una vez dentro de Hong Kong, he quedado con parte de mi familia, que ha venido por aquí unos días más que yo, y hemos visitado Macao, la isla Lamma y algún sitio más… El fin de semana pasado fue demoledor, porque coincidieron las vacaciones de Semana Santa de los hongkoneses con las del Día de Barrer las Tumbas de los chinos. En consecuencia, había demasiada gente por todas partes, en un lugar que ya de por sí está densamente poblado. Gente, y palos de selfie: muchos palos de selfie, demasiados palos de selfie.

Pese a todo, han sido unos días muy agradables. Sin demasiado estrés por ver cosas, porque ya he estado varias veces en Hong Kong, más bien el objetivo ha sido pasar unos días en familia. Termino el post con unas fotos de estos días, tanto de la excolonia británica como de Macao.

(La Colina del León, al fondo, fue uno de los símbolos de la Revolución de los Paraguas).

1 Comment

  1. Enviado por AlfonsoFR
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    Mola la foto del cerdo con ventosas y el chino-marciano. Me gustaría saber quiénes son los artistas o cuál fue el museo.

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    Enviado por Pablo Hangzhou
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    Jajajaja, que buen rato he pasado con lo del chino que bebe a sorbitos y la madre del siglo, me lo puedo imaginar como si estuviera ahi.
    Como diria Asterix, u Obelix, o quien fuera: Estan locos estos chinos

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    Enviado por caballo bonito aka Yeti
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    Sorbia el agua a ruidosos sorbos, poco a poco….que gracia! Que forma mas diplomatica de definir algo que lo mas probable, cualquiera consideraria como asqueroso, no? Tal vez me equivoco y era la situacion mas bella y romantica jamas imaginada, pero buffs!!!…me cuesta creerlo.

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    Enviado por ChinoChano
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    AlfonsoFR: Pues creo que era un centro de medicina china que se promocionaba de esa manera, con un cerdo en el escaparate… Pero tampoco estoy 100 por 100 seguro, también podría ser una galería de arte.

    caballo bonito: bueno, cualquiera fuera de China, porque aquí en China, como sabes, sorber al comer o beber no está mal visto… Yo, después de tantos años aquí, pues como que lo veo como algo habitual, ni en el extremo del romanticismo ni en el extremo del asquerosismo. Más bien lo que me hizo gracia es que el tío no parara de beber en todo el santo viaje. ¡Tendrá los uréteres limpísimos!

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