A un año de Pekín 2022

En febrero de 2022, si las cosas mejoran y el coronavirus nos da tregua, se celebrarán los Juegos Olímpicos de Invierno de Pekín, primera ciudad de la historia que habrá sido sede de unas Olimpiadas veraniegas y unas invernales. Vamos a hacer un repaso de cómo van los preparativos para esa cita deportiva a un año vista.

Para empezar, lo más importante para Chinochano: ¿tiene Pekín 2022 ya logo y mascota? Sí, aunque no del todo acertadas, si se me permite opinar. El logotipo es éste:

Presentado en 2017, es obra de la diseñadora china Lin Cunshen. Como suele pasar en los logos chinos de grandes eventos internacionales (también ocurrió en Pekín 2008 y en la Expo de Shanghai 2010) está basado en la caligrafía china: es una estilización del carácter chino 冬, que significa «invierno». Además, se supone que muestra a un patinador en su parte de arriba y a un esquiador en la de abajo (pero yo nos veo), y tiene un aire como de estela de fuego artificial, porque los JJOO de Pekín 2022 se celebrarán durante el Año Nuevo Chino, en el que ese tipo de pirotecnia es muy querida por los chinos (aunque, irónicamente, en Pekín está prohibida).

También hay mascotas olímpicas, presentadas en 2018 y manifiestamente mejorables, tanto en diseño como en nombre: Bing Dwen Dwen (para las Olimpiadas) y Shuey Rhon Rhon (para las Paraolimpiadas). Son, respectivamente, un oso panda congelado (como suena) y una linterna roja con ojos (también como suena).

Las instalaciones para los Juegos parecen ir también por buen camino. La más importante en construirse expresamente para esta gran cita es el Estadio de Patinaje de Velocidad de Pekín, que por lo que veo ya está prácticamente terminado, por lo menos por fuera:

En mis años en Pekín vi como se erigían desde la nada el Estadio Olímpico, el Cubo de Agua y otros lugares ahora emblemáticos de la ciudad, así que me da un poco de pena no haber podido ser testigo de cómo se levantaba este nuevo estadio, que parece bastante espectacular también. Por lo que veo, está al lado del lugar donde se celebra el China Open de tenis, donde he pasado muuuuuchos días viendo a Nadal y a Djokovic dándole a la raqueta. Justo donde en Pekín 2008 se disputaron los torneos de hockey sobre hierba y tiro con arco, en instalaciones temporales que ya no existen.

No sé sin embargo cómo van las obras para acondicionar las zonas de esquí alpino, en Zhangjiakou y Yanqing, lugares bastante alejados de Pekín. En Zhangjiakou no creo que haga falta mucha obra, porque es una zona donde  yo fui a esquiar bastantes veces, pero en Yanqing, junto a la Gran Muralla, sí que había prácticamente que empezar desde cero a hacer pistas y remontes. Por ahora sólo encuentro en internet recreaciones con mucha nieve de pega (en el seco norte de China nieva poquísimo en invierno, pero estoy seguro de que cubrirán toda la zona con nieve artificial hasta el vecino desierto de Gobi si hace falta).

Lo que sí está ya en marcha, y es muy importante para que los Juegos sean un éxito, es el transporte entre Pekín, Yanqing y Zhangjiakou, porque entre la capital china y Yanqing hay casi 100 kilómetros y de Zhangjiakou le separan 200 (cuando yo iba a esquiar, tardaba más de tres horas en bus). Desde finales de 2019 ya funciona una línea de alta velocidad entre los tres lugares, que además tiene la peculiaridad de ser el primer tren bala del mundo sin conductor (glups).

Todos los que vivimos los preparativos de Pekín 2008 sabemos que Pekín 2022 se va a politizar. Quizá menos que aquella cita estival, pues los JJOO de verano son mucho más mediáticos que los de invierno, pero algo va a haber. De hecho, colectivos como los uigures en el exilio o los movimientos de protesta de Hong Kong ya han pedido el boicot a las nuevas Olimpiadas. Los tibetanos, cuya revuelta en 2008 puso en serios aprietos la celebración de los JJOO aquel año, están llamando menos la atención que en aquel entonces, quizá precisamente porque tras aquellas protestas y las de años posteriores (encarnadas sobre todo por suicidios a lo bonzo de monjes tibetanos) China ha incrementado muchísimo el control sobre el Tíbet y sus alrededores.

Más bien, lo que sobrevuela como principal amenaza de Pekín 2022, como también sobre los JJOO estivales de Tokio 2020 (que pese a ese número deberían celebrarse este verano) es la pandemia de coronavirus, pues aunque los casos están bajando, aún no sabemos con toda certeza si para dentro de unos meses podremos ya salir, relacionarnos, viajar con relativa normalidad. Si la pandemia continúa para 2022, China, un país que durante meses el año pasado impuso duras cuarentenas a todo extranjero que entrara, podría reinstaurar medidas muy duras a atletas, periodistas o espectadores que quieran venir desde fuera a ver los Juegos. O si la cosa se pusiera fea, podría imitar a los vecinos nipones y posponer la cita deportiva.

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