Abrigados para la eternidad

A los extranjeros que viváis en China, a lo mejor os ha sucedido alguna vez: veis una tienda en la que venden colchas o mantas, entráis a preguntar cuánto cuesta una para vuestra cama, y se os quedan mirando con cara de haber visto un fantasma. ¿No os ha pasado? A mí sí, por lo menos. Es una anécdota de «choque cultural» impagable…

La razón de esta situación es que esas tiendas que a primera vista parecen de ropa de cama son en realidad tiendas de pompas fúnebres, y las colchas que venden, con el mismo aspecto que juegos de cama que se venden en otras tiendas chinas, son en realidad mortajas, mantas con las que se adorna el féretro de los fallecidos en su funeral. Aunque los chinos llaman a esto de una forma más elegante, «shouyi» (寿衣), que traducido literalmente significa «ropa de longevidad», o, quizá, hasta «ropa para la eternidad». Las pompas fúnebres chinas suelen estar, lúgubremente, junto a los hospitales (al lado de mi casa, donde se encuentra uno de los hospitales militares más prestigiosos, hay tres), y se suelen anunciar a los viandantes con carteles en los que ofertan su producto estrella, a tal punto que «shouyi» también puede ser traducible como «pompas fúnebres».

En esta fachada está puesto cinco veces, para que quede claro…

 

En estas tiendas también se venden camisas y pantalones de elegante seda que también llevarán puestos los señores que pasen a mejor vida (gran eufemismo), y otro producto que se ofrece mucho en sus estantes son cajas de madera cuidadosamente decoradas. No sé muy bien para que sirven, si para depositar en ellas preciados bienes de los finados o para guardar cenizas. No me gusta preguntar mucho de estas cosas, y más en China, donde los temas funerarios son especialmente tabú.

Son productos muy caros (las colchas cuestan miles de yuanes, por ejemplo) y siempre me queda la duda -por lo mismo, por cortarme en preguntar- de saber qué pasa con esas ropas teniendo en cuenta que en las ciudades chinas, por problemas de espacio, es básicamente obligatorio incinerar a los muertos. ¿Se incineran también, se guardan? Si se acaban quemando, así a bote pronto parece un gasto un poco excesivo, pero bueno, también en Occidente se suelen gastar enormes cantidades de dinero en costumbres funerarias que el «beneficiado» no va a disfrutar demasiado…

Estas tiendas también venden lápidas y lugares destacados en los cementerios más bellos de la ciudad o hasta del país, por precios que suelen ser bastante desorbitados, aunque por cuestiones de espacio (estas tiendas suelen ser muy pequeñas) todo esto simplemente lo anuncian con pósters que, de forma un poco depresiva, recuerdan un poco a folletos turísticos… Habrá muchos chinos que seguramente éstas son las únicas «vacaciones» que podrán tener en vida.

PD: Todo esto, en el norte de China, porque en el sur, ya sabréis por este blog que las funerarias son fascinantes talleres papirofléxicos.

1 Comment

  1. Enviado por Fang
    (Contacto Página)
    Son tantos edredones como descendientes, es como un regalo para el más allá. Se colocan en el féretro junto con la urna de las cenizas, al menos eso es lo q se hace en mi pueblo. A veces hay tantos descendientes que no caben todos los edredones, como fue en el caso de mi abuelo, así que mi abuelastra se los llevo a casa para su uso personal (la verdad es que a mi eso me da algo de grima). Aunque no sé qué harán con ellos los que tienen un hueco en un cementerio en terraza, ya que estos tienen un agujero muy pequeño que sirve para meter la urna y poco más.

    ~~~
    Enviado por ChinoChano
    (Contacto Página)
    muchas gracias por la aclaración… pues el gasto en edredones ha de ser millonario, si el abuelo tiene muchos hijos…

    la cultura de la manta y el edredón es todo un mundo en China, sin ir más lejos yo en mi casa, viviendo solo, ¡tengo seis! para acolchar sofás, colchón, etc…

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