Anime nipón durante el encierro

Supongo que en el futuro nos acordaremos de aquellos meses tan raros que pasamos confinados en 2020 (espero que sólo en 2020), y en lo que hicimos durante aquel confinamiento, que en estos tiempos que corren para muchos significa atracarse de Netflix hasta que sangren los ojos.

En mi caso, he aprovechado estas semanas tan caseras (aunque yo ya de antes era muy casero) para ver toda la filmografía del Estudio Ghibli que tan generosamente ofrece esa plataforma. Así que el artículo de hoy es uno de esos en los que cruzo el charco y me paso de China a Japón, ya disculparéis.

Hace años, cuando El Viaje de Chihiro ganó el Oscar, me compré casi todas las películas de Ghibli que había hasta entonces en DVD y me las visioné, pero ahora he podido volver a ver ésas y también las que el maravilloso estudio japonés ha hecho desde entonces, tanto las dirigidas por su gran líder y genio, Hayao Miyazaki como las del resto, que también son grandes maestros gente como Isao Takahata o el prometedor Hiromasa Yonebayashi.

Miyazaki, con cara de buena gente pero dicen que muy exigente con sus colegas y empleados, a lo Walt Disney.

Quizá es un error comparar a Ghibli con Disney, antaño el más famoso estudio de animación y hoy un monstruo que devora todo (como el Sin Cara del Viaje de Chihiro), pero quizá lo más llamativo de las películas Ghibli es que en la mayoría de ellas no hay buenos y malos, como sí suele pasar en los clásicos Disney. En muchas de las historias, como ocurre especialmente en La Princesa Mononoke (en la que hay tres bandos) todos los adversarios tienen sus motivaciones lógicas y comprensibles, y la solución no es que unos venzan a otros, sino que todos colaboren, cambien, ganen y pierdan cosas, como ocurre en la vida real. Un espíritu conciliador muy japonés, probablemente enraizado en esa religión sin dioses y naturista que es el shintoísmo, y del que quizá deberíamos aprender en la actual crisis, en la que algunos buscan sin descanso culpables.

Ni siquiera en la lucha entre el hombre y la naturaleza, muchas veces el gran tema sobre todo de las películas de Miyazaki, se cae en el tradicional mensaje de que el ser humano se ha cargado la Tierra y debe pagar por ello: más bien se trasluce que ambas partes intentan alcanzar un compromiso, y a menudo lo hacen, aunque el resultado no sea ni de lejos perfecto para nadie.

La princesa Mononoke.

Otra cosa que separa a Ghibli de Disney (y cuidado, que también me encanta Disney, en general toda la animación me fascina) es que no asume el formato «para todos los públicos» de la gran factoría del tío Walt. Algunas películas del estudio nipón son muy adultas, como El viento se levanta o Recuerdos del ayer, mientras que otras son extremadamente infantiles, como Ponyo en el acantilado o Mi vecino Totoro, aunque los adultos también las disfrutarán y leerán entre líneas. Hay grandes dramones como La tumba de las luciérnagas (para algunos, la película más triste de la historia) y comedias como Mis vecinos los Yamada. Aventuras trepidantes como El castillo en el cielo, y filmes intimistas donde apenas parece ocurrir nada, como Puedo escuchar el mar.

Ponyo en el acantilado.

Las películas de Ghibli tienen ambientaciones extraordinarias, de ciudades llenas de detalles, montañas y costas a los que uno querría viajar de inmediato, que a veces nos trasladan a Japón (tanto al tradicional como al contemporáneo) y otras a diversos paisajes europeos, pues a Miyazaki siempre le fascinó la cultura del Viejo Continente y nos llevó con él a lugares que recordaban a Gales (El Castillo en el Cielo), el Adriático (Porco Rosso), o las ciudades centroeuropeas (El castillo ambulante).

Los aviones, objeto fetiche de Miyazaki, en Porco Rosso.

Sello distintivo de las películas de Ghibli y muy propio de estos tiempos, aunque ellos lo iniciaron ya en los años 80, es que en casi todas, con contadas excepciones, la protagonista es una niña o una mujer, en general de carácter fuerte y decidido o que va fortaleciéndose a lo largo de la historia. Nausicaa (aunque su película es técnicamente anterior a la fundación del estudio), la bruja Nicky, Chihiro, las hermanas en Mi vecino Totoro, la pececita Ponyo, la princesa Kaguya… Historias con muchos niños, y a menudo en familias desestructuradas: huérfanos, con la madre o el padre ausentes…

A mucha gente le gusta especialmente de las películas Ghibli su música, sobre todo la compuesta por el maestro Joe Hisaishi, aunque a mí lo que me fascina sobre todo son las canciones que abren y cierran muchos de los filmes. Mención especial para las que canta Yumi Arai, como ésta con la que se abre Nicky, la aprendiz de bruja:

También me molan de las películas Ghibli los pequeños detalles: esos aviones steampunk que tanto le fascinan a Miyazaki, las escenas en las que los personajes cocinan fideos y comen huevos fritos con enorme placer, esas melés apelotonadas e imposibles de piratas o de policías…

Policías de la mítica serie italo-japonesa Sherlock Holmes, que los niños de los 80 disfrutamos. No es de Ghibli, pero también la dirigió Miyazaki, y también la tenéis estos días en Netflix.

En fin, que pese al solitario encierro ha sido un placer ver nuevamente obras de arte como Porco Rosso o Mi vecino Totoro y al mismo tiempo descubrir nuevas maravillas como El cuento de la princesa Kaguya o El recuerdo de Marnie, de momento las dos últimas joyas (ambas estuvieron nominadas al Oscar) de un estudio que Miyazaki ha amenazado con cerrar varias veces en la última década. Esperemos que sus deseos no se cumplan, porque hay una legión de aficionados a los que nos partiría el corazón, y hay cantera en el estudio para seguir haciendo maravillas como las que hacen. A ver si el reciente Oscar honorífico o los homenajes en festivales como el de Venecia animan a Hayao y le quitan de la cabeza eso de jubilarse.

PD: Otra cosa que estoy viendo en el confinamiento, muy distinta de todo lo anterior, es la serie The Big Bang Theory, donde hay un capítulo inquietantemente profético sobre la situación actual:

8 Comentarios

  1. Miyazaki, el mas grande director de anime de todos los tiempos. Su humanismo y sentido comun es increible. En una entrevista le preguntaron por que no movia la produccion de parte de sus dibujos a China para que los costes de Ghibli fuesen mas bajos. El respondio, si hiciesemos eso, dejariamos de ser Ghibli.
    En otra entrevista le preguntaron si sus peliculas ultimamente eran muy comerciales (Seguramente el entrevistador fuese muy hipster), y el respondio que sus peliculas estaban hechas para ser comerciales haha..
    En fin, un genio

    • Lasetter (el jefe de Pixar, otro dios) dijo de él en el discurso de entrega del Oscar honorífico que en la animación hay dos únicos grandes, Disney y Miyazaki. No le falta razón

  2. Que bueno que las hayan puesto, conocía las más famosas, pero realmente vale la pena invertir en verlas todas. Me he llevado muchas gratas sorpresas, y me llevo el nombre de Isao Takahata, a quién no conocía y que me ha impresionado por los distintos registros que supo manejar.
    Si tuviera que elegir, las películas que más me han calado fueron El castillo en el cielo, Recuerdos del ayer, Pompoko, El viaje de Chihiro, El viento se levanta y El cuento de la princesa Kaguya.

    • Pues Kaguya y Pompoko son de Takahata, tristemente fallecido… también fue el padre de dos clásicos que seguro conoces: Heidi y Marco.

  3. De Miyazaki, no hay mucho que decir a los que lo adoremos.Y de Takahata, nos queda un recuerdo de toda su obra. Desde hace tiempo Miyazaki, dijo que se retiraba, pero en el 2019 anunció que haría una última película, que debido al sistema excelente y minucioso de trabajo del mismo, aún tardará entre dos o tres años en estrenarse.También recordar que participó en la serie tipo manga de Lupen III.Aquí pongo un vídeo que homenajea a sus películas más famosas. https://www.youtube.com/watch?time_continue=190&v=Hjj1PQORNKg&feature=emb_logo

    • Sí, de hecho hizo una película de Lupin III titulada «El castillo de Cagliostro», su primer film, antes de Ghibli, que no he visto. A su obsesión por los aviones y por las mujeres protagonistas tendremos que unir su obsesión por los castillos, pues tres pelis tienen esa palabra en sus títulos: «El castillo de Cagliostro», «El castillo en el cielo» y «El castillo ambulante».

      Por cierto, el título completo de «El castillo en el cielo» era «Laputa: el castillo en el cielo», pero en español se quitó por razones obvias. No es un caso más de desafortunado uso de palabras por parte de los nipones (como si lo son el Nissan Moco, el Mitsubishi Pajero o el Mazda Laputa), sino que homenajea al país flotante de Laputa, uno de los que visitó Gulliver en sus viajes.

      El autor de Los viajes de Gulliver, Jonathan Swift, dicen que era plenamente consciente del equívoco que podría el nombre de Laputa causar en potenciales lectores hispanos de su famoso libro, pero le dio igual.

  4. Es que lo que pasa con los nombres en diferentes idiomas, pueden tener distinto significado y más según como se pronuncien.En chino esposo suena más o menos como lacón.Yo al principio, cuando me casé y mi mujer se refería así, me recordaba al lacón con grelos.Ahora ya estoy acostumbrado. Y otro caso es una cuñada mía,mi hermano pequeño se casó con una albanesa,o sea media familia somos internacionales, pues en albanés para decir adiós se dice mierdita, y la palabra curva de aquí, allí representa a una ,con perdón por la palabra, a una puta.O sea, que si vas por carretera y dices, cuidado que vienen curvas, a ellos les suena a lo otro.

    • lo tendré en cuenta si alguna vez voy a Albania, además desde Ginebra hay vuelos directos… o había antes del desastre, veremos si siguen en la posguerra.

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