Arde Kazajia al sol del poniente

El año 2022 ha comenzado con un conflicto en un país inesperado, porque normalmente no seguimos demasiado lo que ocurre allí: Kazajistán, la más grande de las exrepúblicas soviéticas del Asia Central, vecina de China y de Rusia.

La fuerte subida de los precios del gas ha desatado violentas protestas en algunas de sus principales ciudades, que han sido reprimidas también con violencia por los cuerpos de seguridad nacionales. El presidente kazajo pidió en esta represión ayuda a Rusia y otros países de la órbita soviética, que ha llegado en forma de soldados, tanques y asistencia militar en general.

Hasta ahora, y a menos que hayáis vivido en Kazajistán o lugares cercanos, el país quizá os puede sonar únicamente como «el país de Borat», si bien esas dos populares películas rodaron sus escenas «kazajas» en Rumanía, y cuando Sacha Baron Cohen habla supuestamente kazajo en realidad utiliza el yiddish.

La primera entrega de Borat se prohibió en Kazajistán, pero la segunda creo que se la han tomado con más filosofía.

Pese al generalizado desconocimiento de Kazajistán en el exterior, se trata de un lugar estratégicamente muy importante, lo que explica en parte la intervención rusa en el conflicto. En su vasto territorio, cinco veces más grande que el español, se produce el 40 % del uranio mundial, ahí es nada. Por si fuera poco, es uno de los grandes centros de «minería» de bitcoins, porque para producir esas criptomonedas se necesitan ordenadores muy potentes y la electricidad en el país es relativamente barata. Muchos mineros de bitcoin en China emigraron a Kazajistán cuando Pekín prohibió la criptomoneda, en mayo del año pasado. No es de extrañar, con todos estos antecedentes, que el precio del bitcoin haya caído globalmente un 10 % estos días (tampoco ha ayudado que Kazajistán haya cortado internet en muchas ciudades para dificultar las comunicaciones entre los manifestantes).

Para China, por otro lado, Kazajistán es un país vital, con el que está obligado a llevarse bien: además de importarle gas y petróleo, es lugar de paso de gasoductos y oleoductos construidos por China, y Pekín quiere vender a estos vecinos aún más proyectos de infraestructura de transportes y telecomunicaciones, en el marco de la archiconocida Nueva Ruta de la Seda. Por otro lado, la región china más cercana a Kazajistán es Xinjiang, una zona muy complicada como sabéis por la cuestión uigur, así que China ha de tener buenas relaciones políticas con este vecino para evitar que puede convertirse en refugio de movimientos separatistas o terroristas. Unos movimientos que en los últimos años apenas han actuado, pero sí lo hicieron en la primera mitad de la década pasada, seguramente como parte de aquella ola yihadista internacional que hubo. Cabe mencionar también que muchos uigures que denunciaron el ahora famoso sistema de campos de reeducación para esta minoría en Xinjiang lo hicieron desde Kazajistán, a donde habían huido por la persecución de que habían sido objeto en China.

China y Kazajistán se llevan en general bien, estos días Pekín ha dado su apoyo al gobierno del país vecino, aunque hay que decir que los dos países compitieron recientemente en el ámbito deportivo, ya que Pekín y Alma Ata (también conocida como Almaty), la principal ciudad kazaja, fueron las únicas candidaturas finales a los JJOO de Invierno de 2022, ésos que se inauguran en menos de un mes en la capital china.

El COI eligió en 2015 a Pekín, que ahora afronta unos JJOO muy difíciles por la pandemia y los boicots diplomáticos, pero si hubiera salido elegida Alma Ata la situación aún sería peor, teniendo en cuenta que estos días es la ciudad más afectada por las revueltas.

No es el fuego de Olimpia, precisamente, el que arde en sus calles estos días.

PD: Las ciudades kazajas se confunden bastante, por los distintos nombres que han tenido. La capital kazaja, conocida antes con el nombre de Astaná, cambió en 2019 a su nombre a Nursultán, en honor al primer presidente de la Kazajistán independiente, Nursultán Nazarbayev. Este señor aún está vivo, así que comparte con Stalin o George Washington el honor de ver como una gran ciudad de su país es bautizada en su honor sin haber tenido que fallecer para ello. Hay que decir que el nombre de Astaná tampoco duró mucho, apenas 20 años: se puso en 1997 cuando la ciudad sustituyó a Alma Ata como capital. Antes se llamaba Akmola.

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