Arte de nudos desnudos

Totalmente resuelto a ignorar el reciente y creciente magufismo de EEUU y Joe Biden con respecto al coronavirus (si no sabéis de qué hablo, mejor para vosotros), esta semana voy a hablar de arte contemporáneo y tradicional a la vez, aprovechando que la marca española de diseño Loewe, que cada año premia una obra de artesanía contemporánea en el Loewe Craft Prize, ha elegido este año para el galardón a la artista china Lin Fanglu por su obra SHE.

La artista y la obra premiada, de casi seis metros de largo y hecha de tela de algodón, como casi todas las que ha creado en más de una década de trabajo.

Lin, que vive en Pekín, lleva muchos años interesada en la etnia de los bai, que habitan en Yunnan (sur de China), y que entre sus costumbres más antiguas tiene la de elaborar vestidos, bordados y otras artesanías textiles con la técnica del «tie-dye», que consiste en hacer múltiples nudos (tie) a una tela para que al teñirla (dye) y luego desatarla forme bonitos estampados.

Lin charlando con mujeres bai. Debajo, algunas de las artesanías de este pueblo.

«Bai» significa «blanco», color que los bai, como otros pueblos, asocian con la pureza, por lo que les gusta mucho usarlo en su ropa, pero el azul índigo, como veis, es el otro gran color de su cultura. Para teñir sus telas de ese color usan la isatide, una planta muy fácil de encontrar en su tierra con la que también se hace el banlangen, esa medicina de tan mal sabor que casi todos los chinos (y muchos extranjeros que viven en China) toman cuando se resfrían.

Banlangen se podría traducir más o menos como «raíz del palo azul» o «raíz de la madera azul».

Lin vivió largas temporadas con los bai en Yunnan para aprender sus técnicas de estampado, aunque parece que a ella más que el resultado final le impresionó el aspecto intermedio de estas artesanías, esas telas apretadas con cientos de nudos, antes de ser teñidas. En consecuencia, ésa es la forma que suelen tener muchas de sus obras desde hace años.

Sus trabajos me despiertan un gran interés: dan la impresión como de un moho fractal que se va extendiendo por superficies y objetos. Me recuerdan a la naturaleza hermosa, desbordada e inquietante que se nos mostraba en esa película tan incomprendida que es Anihilation.

Enhorabuena a Lin: desde este modesto espacio le animamos a que siga inspirándose en la tradición para llevarnos a la modernidad artística. Ah, y sus obras tienen pinta de costar horas y horas de aguja y dedal, así que mucho ojo con decir «esto lo haría un niño de seis años».

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