Asia y lo luso

En 1494, siete años después de que los portugueses lograran superar el Cabo de Buena Esperanza en el extremo sur de África y llegar al Índico, y dos años después de que los españoles llegaran a América, España y Portugal hicieron algo que nunca antes se había hecho: repartirse el mundo, aunque en aquel entonces era un mundo en gran parte desconocido. Firmaron con esta finalidad el tratado de Tordesillas, que establecía un área de influencia hispana y otra lusa para todo el planeta.

Aunque esas fronteras imaginarias no se siguieron a rajatabla (España colonizó las Filipinas, en teórico terreno portugués, y el Brasil luso se extendió más al oeste de lo pactado) lo cierto es que el Tratado de Tordesillas concedía teóricamente América a los españoles y África y Asia a los portugueses. En este último continente, si bien Portugal no controló grandes territorios, tuvo una gran influencia y dejó un curioso legado que hoy vamos a repasar aquí.

Primero, yendo a lo obvio, señalaremos que en los puertos comerciales que sí tuvo Portugal en Asia, tales como Goa (India), Malaca (Malasia) o Macao (China) dejó magnífica arquitectura colonial, sobre todo iglesias, que aún hoy se puede admirar. Los tres lugares que he mencionado están en la lista de Patrimonio Mundial de la UNESCO.

La huella portuguesa también se encuentra en la toponimia de Asia Oriental, donde algunos lugares de la zona son conocidos mundialmente con nombres que les pusieron no los locales, sino los navegantes de Portugal. Así fue durante mucho tiempo con la isla de Taiwán, que se conoció en siglos anteriores como «Formosa», por «ilha formosa» (isla hermosa). Aunque los taiwaneses hicieron lobby para que internacionalmente se use el término Taiwan, lo cierto es que aún se usa a menudo Formosa para referirse al estrecho que separa esa isla de China, o a la isla misma en su plano físico, separada del político (Taiwán estaría así en la isla de Formosa como España está en la península Ibérica).

Otro lugar bautizado por los portugueses, aunque está en peligro de ser considerado de origen centroeuropeo, son las islas Paracel, en el Mar del Sur de China y disputadas por varios países de la región. El nombre fue dado por los portugueses, y parece provenir de la palabra «pracel», que significaba simplemente trozo de tierra (similar a nuestra actual «parcela»). Sin embargo, los ingleses le añadieron a esas islas una S («the Paracels»), de ahí por error pasaron a algunos mapas en español con el nombre de «islas Paracelso», y a este paso las pobres serán rebautizadas con el nombre de un filósofo y médico nacido en Suiza, que seguramente nunca vio el mar y ni siquiera contó la geografía entre sus saberes.

Además de en arquitectura y geografía, podemos encontrar influencia portuguesa en Asia en sectores más inesperados, como la gastronomía. Los portugueses llevaron a Oriente un alimento tan sencillo como el pan, y es por ello que en muchos de esos países este alimento tiene nombres muy similares al usado por los portugueses (que actualmente lo llaman pão pero antiguamente lo llamaban pan, como los españoles). En chino al pan lo llaman bao, en coreano ppang y en japonés, simplemente, pan.

Baozi, panecillos rellenos normalmente de carne picada típicos de China. Lo que daría yo por comerme unos esta mañana.

Hablando de japoneses, uno de los platos más conocidos de la gastronomía japonesa, la tempura, proviene de los portugueses, como también se adivina en su nombre, que viene de la palabra portuguesa y también española «temporada». Fueron los misioneros portugueses en Japón los que llevaron la idea de rebozar hortalizas y mariscos, en vez de la carne, algo que sobre todo hacían en la cuaresma (en latín ad tempora quadragesimae).

Finalmente, quiero recordar otro aspecto desconocido de la influencia portuguesa en Asia: el musical. Los portugueses, como los españoles, usaron durante siglos la guitarra y otros instrumentos de cuerda en su música popular (recordemos los fados) y los llevaron a Asia. Donde más triunfaron, seguramente, fue en las islas del Pacífico, más concretamente en las Hawaii, donde emigrantes portugueses llevaron una guitarra pequeñita llamada cavaquinho y ésta triunfó entre los locales con el nombre de ukelele. También puede escucharse mucha guitarra o instrumentos similares en Indonesia o en Malasia. La canción más famosa de Indonesia, Bengawan Solo (de la que os hablé hace tiempo) suele cantarse con acompañamiento de cuerda. Con una versión acústica de ella os dejo, seguro que os la podríais imaginar sonando en un tugurio lisboeta.

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