Atrapados entre cíclopes

Los recientes acontecimientos en Ucrania han estremecido al mundo, y con razón. En una semana, tras decenas de muertos, caos, sangre y fuego en una ciudad que hace año y medio acogía la final de una Eurocopa, el Gobierno del país ha caído, su presidente ha huido y la antigua primera ministra, la bella Princesa Leia Yulia Timoshenko, ha salido de la cárcel en la que le metió Yanukóvich. Un movimiento similar en formas a los de la Primavera Árabe, pero ocurrido en Europa, junto a las fronteras de la UE, ha mostrado que las revoluciones aún existen, que no se pelean a besos, y que pueden ocurrir donde uno menos se lo espere. Una revolución extraña y llena de ramificaciones continentales e históricas, porque la libraron por un lado manifestantes partidarios de un acercamiento a Europa Occidental, a la UE, y la intentaron reprimir en el otro lado unas autoridades que habían decidido en cambio alejarse de Bruselas y abrazar a Rusia, que daba más pasta.

Todo ello muestra que, desde un punto de vista geopolítico, a Ucrania le ha caído la «maldición» de estar justo en medio de dos grandes actores del mundo actual, Rusia y la Unión Europea, dos grandes economías que hace siglos igual podrían haberse llamado «imperios», aunque ahora ese palabro ya no se estila. Estar entre los dos gigantes, lo que en un mundo en plan Imagine de John Lennon podría haberle favorecido como país puente entre dos mundos, ha acabado siendo una condena, sobre todo por el miedo de Rusia -que ya ha visto en los pasados años a sus antiguos satélites adoptar el euro o entrar en la OTAN- a perder influencia sobre Ucrania, las tierras en las que nació la nación rusa como tal. Es una pena que un país como Ucrania no pueda usar su estratégica posición como ventaja, que no pueda tener relaciones políticas y económicas de normalidad con ambos gigantes, y que en lugar de eso se hayan peleado por ella los grandes (bueno, metafóricamente, porque ni Rusia ni la Unión Europea han luchado en el campo de batalla, sino más bien las facciones ucranianas que apoyaban una u otra economía, pero eso sí, animadas o presionadas por Moscú y Bruselas, la una con chantajes comerciales y la otra con vítores).

Esta situación, la de una tierra entre dos gigantes que acabó viéndose perjudicada por esa posición, me recuerda a dos casos muy próximos a China, ocurridos en la primera mitad del siglo XX. Nunca serán perfectamente comparables, cada caso es un mundo, pero comparten la situación de haber estado entre la espada y la pared por haberse plantado en medio de dos gigantes, lo que en lugar de traerles pingües beneficios les produjo muchas dificultades y problemas que aún continúan.

MONGOLIA

Mongolia, que hace unos 800 años llegó a ser el imperio más extenso de la Historia, acabó convertida en una tierra encorsetada entre dos grandes gigantes, los imperios ruso y chino (este último la conquistó en el siglo XVII). En 1911, aprovechando la caída del Imperio Qing en la Revolución Xinhai, Mongolia declaró su independencia, que gracias a la inestabilidad en China pudo mantener unos años.

Antes de que acabara esa década, sin embargo, se encontró con dos problemas por el precio de uno: en primer lugar, los chinos, algo más estabilizados, se habían propuesto recuperar Mongolia, e iniciaron campañas militares de reconquista. En segundo lugar, en el Imperio Ruso había triunfado la Revolución de Octubre, que inspiró a políticos mongoles a imitar el movimiento en el país centroasiático, para alegría de los bolcheviques. En los años siguientes, se instauró la República Popular de Mongolia, tras derrotar los intentos chinos de reconquistar el territorio (gracias, aparte de a la aún caótica situación de China, a la ayuda económica soviética). El precio, sin embargo, fue cierta división: China conservó parte de las tierras habitadas por los mongoles, lo que hoy se conoce como la Región Autónoma de Mongolia Interior, una de las divisiones administrativas de China.

Pekín abandonó definitivamente su intento de recuperar la Mongolia «exterior» tras la Segunda Guerra Mundial, pero el precio de los mongoles por defender su independencia fue, paradójicamente el convertirse de facto en una república más de la URSS, uno de los Estados satélite de Moscú con menos autonomía (y menos aún cuando China y la URSS se enfadaron, tras la muerte de Stalin). La dependencia de los soviéticos se vio simbolizada en el hecho de que los mongoles independientes abandonaron su alfabeto (que aún es usado por los mongoles de China) y adoptaron las letras cirílicas propias del idioma ruso. También hubo grandes retrocesos en libertad de creencias, en un país con fuertes creencias budistas ligadas a la rama tibetana de esa religión, aunque bien es cierto que bajo control chino, en los tiempos de la Revolución Cultural, no les hubiera ido mucho mejor.

TÍBET

La Historia reciente del Tíbet empieza de forma similar a la de Mongolia, aunque, como todos sabemos bien, no acabó igual, ni mucho menos… Tras la revolución de 1911 en China, los tibetanos, que como los mongoles habían sido conquistados por el Imperio Qing hace un par de siglos o tres, aprovecharon el vacío de poder temporal que dejó la caída del régimen imperial chino para declarar la independencia (que, por cierto, Mongolia fue una de las primeras naciones en reconocer, por la cuenta que le traía).

El Tíbet estaba, y está, en el superrecontraestratégico cruce de caminos entre dos gigantes como China y la India, con el agravante de que entonces la India era la joya de la corona del poderoso Imperio Británico. Londres vio en la independencia del Tíbet una oportunidad para aumentar su influencia en la zona y seguir su tenaza contra una China contra la que había luchado, y a la que había vencido pero no despedazado, en las dos guerras del opio del siglo XIX.

La situación llevó a que Reino Unido firmara con el Tíbet un acuerdo de establecimiento de fronteras sin la participación de China, que no reconocía la independencia tibetana. Ese acuerdo fijó la famosa «línea MacMahon», una frontera en el norte de la India que los chinos nunca aceptaron, hasta el punto de que incluso después de volver a tener control sobre el Tíbet acabó siendo motivo para una breve guerra entre chinos e indios, de la que hablé un poco cuando se celebró su cincuenta aniversario.

Decía que el Tíbet no acabó igual que Mongolia… China lo ocupó en 1951, después de transformarse en régimen comunista, y el intento tibetano de recuperar su independencia, en 1959, se saldó con una derrota militar y la huida al exilio indio del Dalai Lama, donde sigue teniendo su residencia. El problema sigue estando allí, complicado y engrandecido por otros muchos factores, desde los estragos de la Revolución Cultural en la población tibetana a nuevos intentos de revueltas que fueron duramente reprimidas (1989 y 2008), todo ello mezclado con asuntos como la concesión del Nobel de la Paz al Dalai Lama, el apoyo económico estadounidense a esta figura en los tiempos de la Guerra Fría o hasta los recientes intentos de llevar la cuestión tibetana a la Justicia española. Pero eso son otras historias.

1 Comment

  1. Enviado por Kailing
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    En el analisis de la situacion Ucraniana falta decir que una de las raices del problema es la diversidad/division cultural del pais entre un grupo rusofono historicamente mas ligado a rusia (mas concerntrado en el este del país) y un grupo mas ligado a las naciones y tradiciones de europa oriental. Algo semejante a lo de la pequeña Belgica (Flamenca, gala y la minoria germana) pero a lo bruto… Algo asi como si una cataluña independiente incorporara tu querido aragon (a semejanza del antiguo reino de Aragon), pero intentado catalanizar todo; me imagino que los maños sacarian a Agustina de la tumba, o quiza no… quien sabe.

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    Enviado por ChinoChano
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    Sí, no he querido desarrollar mucho la cuestión ucraniana porque

    1) Se sale algo del tema central del blog.
    2) No la conozco tan bien como debiera.
    3) Hace unos días enlacé en Facebook un artículo que me gustó mucho criticando a los enviados especiales que llegan de repente a un país como Ucrania y ya lo analizan todo como si llevaran allí toda la vida. Por tanto, me daba apuro hacer ya lo mismo, sin siquiera haber estado allí.

    En todo caso, ojo a lo que dices que no es ninguna tontería, Aragón también está a veces «atrapado» entre dos «colosos» -a nivel nacional- como Cataluña y el País Vasco, que con baja intensidad pero a veces también salpican (por ejemplo, queriendo cambiar el nombre de la histórica Corona de Aragón)… ¡Tendría que haber photoshopeado también ese mapa!

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    Enviado por ChinoChano
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    Y por decir algo más, creo que más que comparar el tema ucraniano con Bélgica, a lo que más se parece es a la antigua Yugoslavia, con pueblos como el croata o el esloveno que habían sido parte del Imperio Austrohúngaro, y estaban más occidentalizados, mientras que los serbios eran un pueblo más ligado a la Europa ortodoxa. Serbios y croatas hablan un idioma prácticamente idéntico, pero los primeros lo escriben en cirílico y los segundos en alfabeto latino (de manera muy parecida, por poner otro ejemplo, a rumanos y moldavos).

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    Enviado por Arrastrado
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    Ucrania debería ser parte de Rusia (no hablo de política sino historia), junto a Bielorrusia. En Ucrania ha pasado algo muy raro, más allá de que Yanukovich sea un cab··· o no. Que TIMOshenko se las trae y buenas. Rumania y Moldavia son lo mismo y querían reunificarse pero la UE y EEUU no se lo permitió para NO modificar las fronteras (solo cuando a ellos les sale de los coj es. En Croacia y Serbia (y en Bosnia y Montenegro) se habla el MISMO idioma, escrito diferente y con giros dialectales, pero el mismo con diferentes nombres por la maldita política que siempre separa. Igual que el mal llamado taiwanés (que no deja de ser un dialecto del Minnan continental). Pero hay que resaltar las diferencias en vez de las coincidencias por el pu tema del nacionalismo político.

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    Enviado por ChinoChano
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    jajaja veo que el asunto por otras latitudes crea pasiones similares a las que en China tienen cuestiones como las Senkaku, el Tíbet y demás…

    Ejerciendo de abogado del diablo, diré… Pero dios mío, ¿a Rusia no le basta ya con toda la tierra que tiene que aún quiere más? ¡Si el hombre del tiempo del telediario ruso tiene que mostrar las borrascas en Cinemascope!

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    Enviado por Arrastrado
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    Y dices Senkaku, no se te cabreen al no decir Diaoyu, jaja. A mi lo que más me irrita es el nacionalismo político, causante de lo peor. Ya se ha visto y se sigue viendo. Yo en cuanto a Ucrania y Bielorrusia me refiero a parte de Rusia como algo cultural e histórico, pero sin la lacra de las fronteras y el nacionalismo. Complicado, ya lo sé.

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    Enviado por ChinoChano
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    Creo que Putn ha decidido «arreglarlo»… se está montando una buena!

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