Brava agua de Kanagawa

Hoy me apetece hablar del que probablemente es el cuadro más famoso de toda Asia, con permiso del retrato de Mao que cuelga en la Plaza de Tiananmen. Me refiero a La gran ola de Kanagawa, ese maravilloso grabado japonés de un mar embravecido que seguro que os suena haber visto alguna vez, bien su versión original o bien alguna de las muchas otras obras que ha inspirado, desde otros cuadros a posters o incluso logotipos comerciales.

Este artístico tsunami fue pintado hace casi 200 años por Katsushika Hokusai, longevo, prolífico y genial pintor que vivió la segunda mitad del siglo XVIII y la primera del XIX. Se trata de una xilografía o ukiyo-e, un arte muy apreciado en Japón, donde ha ejercido una influencia muy potente en el manga y el anime japonés contemporáneo.

El cuadro pertenece a la serie de pinturas que Hokusai dedicó a uno de los grandes símbolos de Japón, el monte Fuji, que en esta obra está en la lejanía y a punto de ser tapado por la ola pero en otros grabados del autor tiene mayor protagonismo.

El cuadro que hoy nos reúne es una obra redonda, que expresa a la perfección la sencilla belleza y simetría de una ola: la espiral que crea el agua forma una espiral idéntica pero a la inversa en el aire que invade, creando una evocación del yin y el yang. Al mismo tiempo la espuma, una escurridiza visión que el pintor ha sabido petrificar en un instante, se muestra como fractales de la ola grande, pequeñas olas que a su vez tienen olas.

Tres tonos, el blanco, el azul celeste y el marino, bastan para dar color a esta escultura efímera, que empequeñece a los pescadores en el mar bravío, reflejando perfectamente la grandeza e importancia que tiene el mar para una isla (en este caso Japón) pero también cómo a veces ese mar puede ser terrible para los isleños, como sabemos perfectamente por la historia nipona reciente.

Hokusai creó esta obra tras más de tres años de bocetos y ensayos, en uno de los momentos más difíciles de su vida: tenía ya 60 años, había sufrido un infarto, acababa de enviudar y vivía en la pobreza porque había tenido que ayudar económicamente a un nieto en la ruina. La ola quizá refleja estos problemas, mostrándose como un fantasma cuyas garras quieren atrapar al desgraciado ser humano. De hecho, esta ola es extrañamente similar a dibujos que Hokusai hizo de fantasmas de la mitología japonesa con similares y aviesas intenciones.

Similar curvatura, y la espuma de la ola parece reconvertida en las uñas de este espectro.

Hokusai nunca lo sabría (murió cuatro años antes de que a Japón llegara el comodoro estadounidense Matthew Perry, un hecho que marcó la apertura del archipiélago al mundo exterior), pero su obra se hizo muy famosa en Occidente ya en el siglo XIX, cuando muchos pintores, incluidos los impresionistas franceses, la admiraron y seguramente se vieron influidos por ella en sus obras.

La famosísima noche estrellada de Van Gogh, de idénticos colores y con otra «ola» en el lienzo.
Aquí un fan ha unido ambas obras maestras.

Hoy en día, es difícil no visualizar en la mente La gran ola de Kanagawa al pensar en una onda marina, un arquetipo presente, de forma discreta, en miles de objetos cotidianos y diseños contemporáneos. El logotipo de la firma de ropa deportiva Quicksilver, por ejemplo, homenajea al cuadro. Muchos otros logotipos con olas de mar están claramente inspirados en ella, y hasta hay un emoji que la reproduce, así que se la puedes mandar por Whatsapp a todos tus contactos.

Estamos ante una de las imágenes más pop que ha dado Japón, aunque fuera idea de un anciano arruinado en la década de los 30 del siglo XIX. Una obra que desde su aparente sencillez inspira muchas cosas, a algunos serenidad y otras paroxismo, pero que definitivamente vale la pena contemplar fijamente durante unos minutos, al menos una vez en la vida.

2 Comentarios

  1. Artículo excelente de una obra que realmente hemos visto en muchas ocasiones y que no conocíamos su origen hasta que Antonio nos lo ha contado.
    Un gol más en cuanto a originalidad y cultura de parte de este altoaragonés
    Un abrazo desde Zaragoza

    • ¡Gracias! Para mí, como suele ser habitual, es una excusa para informarme yo mismo de las cosas, en este caso un cuadro que siempre me ha fascinado. Tanto, que acabo de pedirme una copia baratilla por Amazon, con el fin de colgarlo en casa.

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