Buscar la vacuna,
una carrera China-EEUU que sí conviene

Seguimos confinados (en España se ha anunciado que por lo menos quedan tres semanas más), y sin acabarnos de creer lo que el mundo está atravesando. España ya es el tercer país del mundo más afectado por el coronavirus, aunque las estadísticas de casos, teniendo en cuenta que los menos graves nunca serán diagnosticados por falta de medios, ya no son tan importantes, y lo que cuenta y duele son las cifras de fallecidos. En España ya han fallecido de COVID-19 personalidades famosas como el Marqués de Griñón o Lorenzo Sanz, y muchos ya conocemos gente cercana que ha enfermado o incluso fallecido.

El único consuelo, no sé si esto lo he escrito ya aquí o en Twitter, es pensar que el confinamiento que van adoptando lentamente los países cuando ven que la pandemia avanza en ellos es el primer paso en un largo camino hacia el final de la epidemia, aunque no baste con ello y haya que acondicionar hospitales como si se estuviera en guerra, testar grandes poblaciones y dedicar grandes ayudas económicas a países enteros a los que esta pandemia les va a trastocar su economía como lo haría un conflicto bélico.

En estas circunstancias, por favor, dejad vuestras cacerolas en el armario: ni es el momento ideal para pedir que un país cambie su régimen (de uno monárquico a uno republicano) o para destituir un Gobierno y meterse en elecciones, mociones de censura y otros jaleos. Cuando esto termine, hablémoslo todo, porque está claro que todo va a tener consecuencias sociales, políticas y culturales, pero ahora mismo no podemos distraernos con esos asuntos. Teniendo en cuenta, además, que el virus está causando iguales estragos en monarquías, repúblicas, regímenes liberales, comunistas, países grandes, y pequeños.

Los esfuerzos deben centrarse en la prevención y el tratamiento de los millones de afectados que va a haber por el coronavirus, y en este caso ha sido esperanzador esta semana, aunque no hay que descorchar el champán todavía, el conocer que laboratorios tanto de Estados Unidos como de China han desarrollado ya sendas posibles vacunas y las han empezado a probar en humanos.

La protovacuna estadounidense, con nombre RNA-1273, la han creado la empresa farmacéutica Moderna junto a expertos del Instituto Nacional de Enfermedades Alérgicas e Infecciosas. Se probará en 45 voluntarios de entre 18 y 55 años, en la ciudad de Seattle.

Rebecca, una de las heroicas voluntarias, ya se la ha puesto.

La protovacuna china ha sido desarrollada, algo típico en ese país, por el Ejército: es fruto de la investigación de un equipo de la Academia Militar de Investigación Médica, dirigida por la epidemióloga Chen Wei. También se ha inoculado a voluntarios, en este caso de entre 18 y 60 años, en la ciudad de Wuhan. Hay otras en otros laboratorios chinos, pero ésta parece ser la que más rápido va.

Ojalá se gane a pulso el Nobel, doctora Chen, y si es ex aequo con sus colegas de Seattle no nos importará.

Las vacunas deben ser probadas en cuatro fases para comprobar que no son dañinas para el ser humano: simplificando mucho, y aunque no siempre sea así, en la primera fase se prueba en unas decenas de personas, en la segunda en cientos, en la tercera en miles, y en la cuarta ya en gran parte de la población que debe ser inmunizada. En todas las fases se debe hacer un seguimiento de los efectos secundarios que produce, y para ello se necesita esperar unos meses para analizar la evolución de los inoculados.

Incluso en el mejor de los casos, en el que todas las fases se pasen con éxito y no se tenga que volver atrás, se tardaría un año y medio o dos en lograr la vacuna, pero los más optimistas dicen que sólo un año, dado que con la emergencia sanitaria global que hay actualmente los laboratorios y hospitales están dedicando muchos más esfuerzos que con virus anteriores. Ya es buena señal que se haya llegado a la fase 1 en sólo dos meses desde el inicio de estudios, cuando lo normal son cuatro o cinco, pero no hay que confiarse: hay unos 40 laboratorios en todo el mundo probando también sus propias vacunas, y deben seguir haciéndolo por si la estadounidense o la china no funcionaran.

En todo caso, dado que se necesitan al menos varios meses más, la vacuna no es la solución para la actual ola de coronavirus, que debemos combatir con el confinamiento y el aislamiento social (nunca creí que escribiría estas palabras, que parecen venidas de un dictador totalitario, pero el virus nos ha llevado a esto). La vacuna más bien servirá para que en las oleadas siguientes del COVID-19 que puedan venir sí tengamos un escudo que nos permita no tener que recurrir a la drástica medida de los confinamientos masivos, porque nuestro mundo no creo que pueda permitirse hibernar como los osos todos los inviernos en los próximos dos o tres años. Tenemos el precedente de que la gripe de 1918 fue aún más mortal y dañina en 1919 y 1920 (y luego desapareció casi de repente, o se «civilizó» y ya no fue tan mortal y contagiosa). También sabemos que el SARS y el MERS no volvieron, aunque el COVID-19 puede ser mucho más duro que sus parientes coronavíricos anteriores. Muchos, yo el primero, cometimos inicialmente el error de comparar el COVID-19 con el SARS, y estamos viendo que esta epidemia está siendo infinitamente peor.

Es seguro que el país que halle la vacuna, si se halla, ganará un gran prestigio internacional e incluso la influencia política que podría asemejarse a la que EEUU y la URSS consiguieron tras la Segunda Guerra Mundial al «liberar Europa» cada una por un lado. En las actuales circunstancias, nos debe dar igual que lo consigan chinos o estadounidenses, que lo logre un sistema que prima la investigación centralizada y ordenada desde arriba u otro que premia la iniciativa individual y la investigación con fines comerciales. Necesitamos las dos ideas, y ojalá sirvan las dos.

PD: Para los ya infectados y graves, el estudio de tratamientos también está avanzando, no sólo buscando nuevos medicamentos sino probando si funcionan en los pacientes fármacos otros ya existentes para virus también muy agresivos como el VIH o el ébola, o contra bacterias como la causante de la malaria.

Y recordad, para animaros, que según la web que recoge los números de los ministerios de sanidad de todo el mundo sobre el coronavirus, uno de cada tres afectados diagnosticados se ha recuperado ya (casi 100.000 de 300.000).

2 Comentarios

  1. No mezcles churras con merinas. No habría cacerolas si no tuviéramos a un representante caduco ocupando y malgastando espacio televisivo. Salir con las cacerolas no desvía nuestra atención, todo al contrario.

    Quien pueda estar a primera línea ayudando que lo haga. Quien pueda colaborar y ayudar en la distancia que lo haga. Yo tengo que pasar de vez en cuando por el hospital a dar soporte informático y siento frustración al no poder ayudar más al personal sanitario que está saturado.

    Pero la mayoría de la gente está confinada, de poco servirá que esté conectado a Netflix en vez de protestando o dando soporte en su balcón.

    Da tiempo para pensar; a corto plazo pero también a medio plazo. Cuando «todo acabe», ¿como afectarán estos días a la sociedad? ¿veremos la dictadura china como una sociedad más preparada para soportar futuras crisis? ¿seremos capaces de analizar nuestros errores y corregirlos sin sucumbir al control policial?

    Para pensar: elpais.com/ideas/2020-03-21/la-emergencia-viral-y-el-mundo-de-manana-byung-chul-han-el-filosofo-surcoreano-que-piensa-desde-berlin.html

    Que no aprovechen la excusa del virus para querernos tontos, ni en un sentido ni en el otro.

    Un saludo y a cuidarse.

    • Bueno, el artículo pone en el mismo saco a Corea y a China, cuya aproximación a la epidemia ha sido muy distinta… Por lo demás, en la actual crisis todo es discutible, puede que sea verdad que el big data nos puede ayudar, pero yo apuesto porque las medidas drásticas sólo se adopten en momentos críticos. Puede que los próximos años lo sean, veremos.

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