Caer a lo Evergrande

A lo largo de esta semana, y quizá en la anterior también, porque a mí las noticias bursátiles me llegan algo tarde, se ha hablado mucho del gigante inmobiliario chino Evergrande, que al parecer está endeudado hasta el cuello y podría declararse en bancarrota, un batacazo que algunos están comparando incluso con la caída de Lehman Brothers, que desató la crisis financiera de 2008.

Para empezar, no confundamos Evergrande con Evergreen: la segunda es una empresa gigantesca también, pero del transporte marítimo, y es taiwanesa. Este año también ha estado en las noticias por cagarla: su barco Evergiven (otra palabra parecida para añadir confusión) atascó durante días el tráfico de buques en el Canal de Suez.

En China, el Evergrande ha estado durante los últimos años muy asociado al fútbol, porque la empresa es dueña del equipo de Cantón, y desde que lo compró en 2010 ha conseguido que el club, hasta entonces segundón, lo ganara todo: ocho ligas chinas, dos ligas de campeones asiáticas, dos copas nacionales, cuatro supercopas… A mí siempre me gustó su nombre de «evergrande», mezclando inglés y español, es una costumbre más japonesa que china pero siempre me ha fascinado. Desde este año la liga china obliga a los clubes a quitar marcas comerciales de sus nombres, así que ahora el equipo se llama oficialmente «Guangzhou FC» a secas, pero para mí siempre será el Evergrande (a menos que desaparezca junto a la empresa que lo posee).

Las comparaciones entre la firma Evergrande y Lehman Brothers han sido algo exageradas, me parece a mí, pero es que las dos cosas más asustadizas que hay en el mundo son un conejo cegado por las luces de un coche en una carretera y un corredor de Bolsa.

En todo caso, no cabe duda de que en ambos casos se trata de dos gigantes: Lehman fue el cuarto banco más grande de EEUU antes de caer, y Evergrande es la segunda mayor inmobiliaria de China, un país en permanente construcción, que huele a cemento y polvo de obra. Cuando se desplomó, Lehman tenía una deuda de unos 600.000 millones de dólares, y Evergrande parece ser que tiene la mitad de eso, que no es poco: equivale al PIB anual de Chile o de Finlandia.

No obstante, Evergrande no es una ficha de dominó tan clave como Lehman, que cuando cayó hizo derrumbarse a otras firmas tras de sí e incluso al sistema financiero global entero: cierto es que la firma china tiene en el accionariado bancos como HSBC, pero parece ser que no está tan metida en la trama financiera internacional como lo estuvieron los hermanos Lehman.

Por otro lado, ahora el mundo está atento para ver si el Gobierno chino decide o no rescatar a Evergrande, cosa que no hizo Washington con Lehman, decidió dejarla caer a ver qué ocurría (y no sé si fue una buena decisión). Los analistas ahora debaten en tertulias si Pekín debe salvar a Evergrande, para que no estalle la burbuja inmobiliaria que China tiene desde hace años (hay decenas de Seseñas abandonadas en el país, dicen) o si ha de dejar que caiga, como lección para el resto de firmas del sector. El régimen comunista es muy de dar castigos ejemplares para avisar a los navegantes, pero ya veremos qué decide.

4 Comentarios

    • Yo creo que se exagera todo en las noticias, no solo las de China, y debemos intentar no dejarnos llevar por la ira o el pánico. Estando siempre alerta, no obstante.

Deja un comentario

Tu dirección de correo no será publicada.




Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.