Cagao frente al gaokao

Si vives en China y estos días ves que algún vecino está especialmente nervioso y tenso, a lo mejor es porque su hijo estos días está haciendo el gaokao, el examen de acceso a la universidad (lo que en España se conoce como Selectividad, y que este año ha coincidido casi en el tiempo con los exámenes chinos).

El gaokao es uno de los grandes fenómenos sociales del año para los chinos desde hace décadas, y alcanza a veces niveles de movilización nacional: los guardias urbanos de algunas ciudades paran el tráfico junto a los institutos para que los niños no lleguen tarde al examen, hay padres que piden fiesta en su trabajo para dar apoyo moral a su hijo durante los tres días que dura la prueba, en los bloques residenciales se exige silencio absoluto por la noche para que los chicos estudien en paz, las hojas de examen tienen estatus de secreto de Estado y son llevadas a los centros de examen con escolta policial o hasta militar, las preguntas de cada año, cuando ya se saben los exámenes, ocupan las portadas de los diarios de todo el país… Que se lo toman muy en serio, vamos.

La seriedad con la que China se toma el gaokao tiene que ver con la importancia que su resultado tiene para los chicos que se examinan, e incluso para sus familias, más en las actuales generaciones de hijos únicos que están actualmente en la enseñanza media y superior. Ir a la universidad o no puede ser para un chino significar más adelante tener un buen trabajo o no, ser rico o pobre, tener éxito o fracaso en una sociedad muy competitiva (bueno, como todas) y en la que la educación es desde los tiempos de Confucio (que era un profesor) lo más importante de la civilización oriental.

Es cierto que en China, como pasa en Occidente, cada vez hay más estudiantes universitarios per cápita y eso hace que éstos cada vez tengan más complicado conseguir trabajar “de lo suyo”, por lo que la enseñanza superior ya no es sinónimo de lograr un buen chollo al terminarla, pero cuando menos se sigue creyendo que sin ir a la universidad es imposible lograr ser algo en esta vida, a menos que seas un genio autodidacta como Jack Ma (el presidente de Alibaba, quien, por cierto, hizo el gaokao cuatro años hasta que por fin lo superó).

También hay que tener en cuenta que el gaokao tiene siempre fama de ser muuuuuy difícil, tanta que en esta edición un robot con inteligencia artificial ha realizado la misma prueba de matemáticas que le endosaron a millones de estudiantes en el país esta semana y “sólo” sacó un 7, aunque por lo visto sus errores más bien se debieron a problemas de lenguaje al leer el enunciado, no a fallos de cálculo al hacer las cuentas. En cualquier caso, el gaokao tiene fama de ser más complicado que un autodefinido en malgache.

Este año la prensa china ha destacado especialmente que se cumplen 40 años consecutivos de gaokaos, ya que en 1977 se reanudó la prueba después del “paréntesis” (toma ya eufemismo) que supuso la Revolución Cultural desde 1966 a 1976. En todo caso, el gaokao nació en 1952, así que en los primeros años del maoísmo ya tenía a los escolares martirizados.

1977
1952

Si retrocedemos aún más en el tiempo, podríamos decir que el gaokao chino hereda su dureza y los nervios que despierta en toda la población de los exámenes imperiales, unas oposiciones a funcionarios reales que en China se celebraron durante 1.300 años, entre el siglo VII y principios del siglo XX, y que suponían igualmente una forma para muchos de cambiar de clase social a base de mucho estudiar, pero que entrañaba grandes riesgos (los aspirantes pasaban años, lustros, décadas de su vida estudiando, cuando algunos años sólo el 1 o 2 por ciento de todos los examinados superaba las pruebas).

Los exámenes duraban unos dos o tres días, como el gaokao actual, aunque en los tiempos imperiales los examinados a veces pasaban todo ese tiempo encerrados en unos cubículos, para concentrarse bien y no poder acceder a libros con los que hacer trampas.

Pero listos los ha habido en todas las épocas y dinastías, así que más de un arqueólogo ha descubierto chuletas chinas con siglos o milenios de antigüedad, que algunos de estos examinados decidieron hacerse para intentar pasar el examen estudiando sólo 17 años en lugar de los 38 preceptivos. Si es que los hay muy jetas…

¡Sé el primero en comentar!

Deja un comentario

Tu dirección de correo no será publicada.