Cambios de chaqueta

 

La semana pasada, el presidente de Disney, ya sabéis, la factoría de esas pelis en las que la gente se pone a cantar así porque sí, se reunió con el vicepresidente chino, Xi Jinping, quien si las quinielas no fallan será el presidente de China en menos de un año.

Los líderes chinos de vez en cuando reciben a grandes empresarios con honores dignos de jefes de Estado (Warren Buffett o Bill Gates, por ejemplo, ya han tenido reuniones de este tipo en el pasado), pero me llamó la atención el hecho de que Disney se uniera a la moda. Porque vale, Disney tiene muchos intereses en China (va a abrir en pocos años un nuevo parque de la marca en Shanghái), pero resulta irónico que una compañía fundada por un empresario tan anticomunista como fue Walt Disney se codee ahora con los líderes de uno de los pocos países que conserva el marxismo en su sistema político, aunque sea de boquilla. Ay, si Walt levantara su congelada cabeza… (aunque esto es un decir, me acabo de enterar hoy de que Walt fue incinerado al morir).

Walt Disney acusó de comunistas a varios dibujantes que en los primeros años de éxitos de la productora se le declararon en huelga (y en aquellos momentos de incipiente Guerra Fría, ser comunista no era demasiado recomendable en EEUU). Por otro lado, recuerdo un libro llamado «Para leer al Pato Donald» que defendía que los dibujos Disney eran una estrategia de Washington para extender sus ideas capitalistas e imperialistas frente al comunismo. El libro era un poco exagerado, pero yo recuerdo haberme leído algún párrafillo con sólo ocho o nueve años, inocente de mí (fue porque me atrajo su portada, en la que salía un Tío Gilito con una cara muy rara).

Disney comunistizado, vaya por dios… pero no fue el único cambio de chaqueta ideológica que leí la semana pasada: otra, en sentido inverso, fue la salida a Bolsa de «Diario del Pueblo», o mejor dicho, su edición digital. Que el diario nacido con la revolución maoísta, voz del Partido y que durante los años más cerrados de la Revolución Cultural fue el único medio de comunicación, se entregue décadas después a un mecanismo tan capitalista como es un mercado de valores, es también irónico a su manera. En esta ocasión, quien se escandalizaría al levantar la cabeza -en su caso embalsamada- sería el Gran Timonel Mao Zedong.

Pero bueno, todos tenemos derecho a cambiar con los años… También Jean-Jacques Annaud, que en su tiempo rodó una película tan crítica con Pekín como fue «Siete Años en el Tíbet», va en pocos meses a ser parte del jurado del Festival de Cine de Pekín. Relativizarlo todo no es bueno, pero esa es la verdad, uno nunca sabe en qué extremo se va a encontrar de aquí a 20 o 30 años.

1 Comment

  1. Enviado por John
    (Contacto Página)
    Poderoso caballero es don dinero, ya se sabe. Y sí, el tío Gilito es sin duda la imagen pura del capitalismo.

    Sobre Siete años en el Tíbet es una película mala de narices, y no porque toque el tema del Tíbet y de un nazi de aquella manera sino porque fue decepcionante viniendo de un nombre interesante como Annaud.

    ~~~
    Enviado por antonia
    (Contacto Página)
    Pues a mi no me extraña el recibimiento. En un viaje a China, íbamos en un bus lleno de chinos y tenían en la pantalla una de dibujos animados. Todo el autobús se partía de risa. Lo mismo nos pasó en un restaurante de Chongqing. Llegamos tarde a comer y estábamos solos. Cuando terminaron de servirnos, los cocineros y camareros se sentaron en una mesa a ver Tom y Jerry y vamos! q se morían de risa. Estábamos alucinados.

    ~~~
    Enviado por fernando
    (Contacto Página)
    Yo tambien recuerdo el libro para leer al pato Donald. Creo que estaba escrito por un sudamericano, pero lo que si recuerdo son algunos de sus citas donde no dejaba bien parado al tio Gilito

    ~~~
    Enviado por ChinoChano
    (Contacto Página)
    yo no sabría comentar de la peli de «Siete Años en el Tíbet», porque la vi el mismo fin de semana -un finde muy tibetano- que «Kunlun» y se me mezclan en la memoria… Creo que en una de ellas sí se hablaba de lo que los chinos defienden para justificar su ocupación (que los lamas trataban muy mal a los siervos, etc) pero para compensar, cuando el Dalai se marchaba decía para sus adentros: «justo ahora que íbamos a cambiar»… qué majo y campechano, ¿no?

Deja un comentario

Tu dirección de correo no será publicada.




Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.