Cataluña, Tíbet, Hong Kong y otras bebidas que no debí mezclar

ALERTA: En la actual situación, con sentimientos y ánimos a flor de piel, seguramente leerás cosas aquí con las que estés completamente en desacuerdo. Pero aún estamos a tiempo de debatir… en la sección de comentarios.

El mismo 1 de octubre, día que nos ha sumido en una crisis nacional gravísima en España, la China en la que vivo celebraba el Día Nacional, ironías de la vida. Y en la semana posterior de radicalización de bandos, llamadas a la calma y miedo al qué ocurrirá, los chinos estaban de vacaciones, más a gusto que un arbusto. Algunos hasta viajaron a Barcelona y enviaron desde sus Wechats (algo así como sus Twitter) imágenes de los monumentos de Gaudí, decorando los pies de foto con bailaoras de sevillanas y banderas de España. A veces envidio ese relax.

En esta semana asomándonos al abismo, yo no he estado de vacaciones sino que he andado bastante ocupado cubriendo el Abierto de China de tenis un año más, y ya van tres consecutivos. Nadal, que ha llegado a la final, fue preguntado por la situación catalana, y aunque imagino que no le gusta meterse en política pronunció algunas de las palabras que más me han gustado en toda la semana:

A mí personalmente, como a todos, la crisis me viene grande, no sé qué pensar o qué hacer, o más bien cada día pienso algo distinto. La independencia de Cataluña me deprimiría, como ya conté en el episodio anterior, y como supongo que hace más de un siglo les deprimió el desastre del 98 a los españoles, aunque cierto es que tras aquel 1898 no se acabó el mundo, simplemente hubo que readaptarse.

Por otro lado, los sucesos del 1 de octubre me parecieron un horror. Por la grave imagen exterior que dieron de España. Por la pobre gente que sufrió los palos sólo por presentarse con una papeleta en un colegio. Pero también por las alas que dieron al independentismo, que, ya lo pienso desde hace meses, estaba deseando fervientemente que esas tristes imágenes se produjeran, para tener razones con las que convencer a la prensa extranjera y a la comunidad internacional.

A mí, que ya vivía en China allá por el año 2008, lo ocurrido el 1 de octubre me trajo inevitablemente recuerdos de las revueltas tibetanas de hace nueve años, aunque esté claro que la historia de Cataluña y la del Tíbet sean completamente diferentes, y también los gobiernos de China y de España. Pese a esa diferencia, el asunto del nacionalismo está metido de por medio en ambos casos, y el sabor, el olor del 1 de octubre de 2017 me sonaron mucho a los del 14 de marzo de 2008.

En aquel entonces, algunos tibetanos generaron un desafío (en su caso atacando a los chinos que viven en Lhasa y tienen tiendas allí, algunas de ellas fueron quemadas) que provocó una dura represión de las autoridades (porrazos, detenciones, seguramente torturas). Ello vino acompañado de una muy buena propaganda de los tibetanos -denuncias en las nacientes redes sociales, fotos de la represión, entre las que se coló alguna falsa como imágenes de la policía de Nepal pegando a los tibetanos de ese país- a la que China no supo responder con su infame sistema de información, aburrido, hierático y con credibilidad cero. Que me recuerda a la actual actitud funcionarial y legalista de Rajoy, contagiada para colmo al mensaje del Rey.

Hasta ahí lo que me recuerda un caso y el otro, pero no está de más que recuerde las consecuencias que el problema tibetano tuvo entonces. A China eso estuvo a punto de costarle sanciones internacionales, aislamiento y hasta un boicot de sus Juegos Olímpicos de aquel año (no es casualidad que los tibetanos eligieran 2008 para la revuelta), si no hubiera sido porque pocos meses después, en mayo, sufrió un terremoto con 90.000 muertos (también en zona tibetana, al menos en parte) y ello despertó una ola de solidaridad y un desvío del agenda setting que aminoró la crisis. También tuvo que imponer una dura censura que aún se mantiene (bloqueo de Facebook, Twitter) y militarizar aún más el Tíbet, todo sea dicho.

Ya perdonaréis que siga comparando el problema catalán con la Asia en la que vivo, pero otro conflicto que vive China en los últimos años también me recuerda al que ha explotado en Cataluña: la cuestión de Hong Kong. Allí, el descontento social también surgió por la exigencia de una gran parte de la sociedad de votar, en su caso al jefe ejecutivo que gobierna esa región autónoma. La solución legalista y burocrática de China -permitir el voto, pero sólo a los candidatos que ella propusiera, con el peligro de que ambos fueran de la misma ideología- desencadenó en 2014 un movimiento, la Revolución de los Paraguas, que fue lo más parecido que hemos tenido en China al 15-M (pero sólo fue en Hong Kong, no en el resto de China).

China y el gobierno local de Hong Kong decidieron esperar meses a que se apagara -con éxito, por la heterogeneidad del movimiento- y finalmente desalojaron las calles ocupadas por los que protestaban cuando éstos ya eran pocos. Tras ello, ha surgido un movimiento de pequeños partidos políticos -digamos “populistas” por entendernos, aunque odio ese palabro- muy dificultado por el sistema político hongkonés, que ya tiene un talante claramente independentista en muchos casos. Pero donde más se está notando el independentismo, o el desapego hacia China, curiosamente, es en los estadios de fútbol de Hong Kong, donde se silba cada vez más el himno nacional chino al principio de los partidos. Ya estaréis viendo que todo esto os suena de vez en cuando al problema catalán, aunque dios me libre de decir que todo es igual.

Otra cosa que no puedo dejar de mencionar es que parte de este movimiento de protesta hongkonés, al menos bajo mi punto de vista, tiene un componente de complejo de superioridad: hongkoneses que al verse más modernos y con una cultura política mayor que la china -probablemente sea verdad- creen que de China viene todo lo malo y se quieren separar para siempre de ella. Ello se ha visto en ataques a turistas chinos, o encontronazos con comerciantes de ese país, que tienen cierto aroma a la famosa “turismofobia” que este verano nos empezó a sonar en España. Aquí yo veo similitudes con algunos sectores del independentismo catalán (no tú, querido lector, pero sí otros que aseguran que todos los que no somos independentistas somos unos fachas).

China por un lado tiene la fuerza y la demografía para que tanto Tíbet y Hong Kong sigan bajo su dominio, y su actual influencia internacional le han blindado de intervenciones fuertes de terceros países en estos conflictos durante los últimos años, aunque sí ha habido intención, por lo menos en el asunto hongkonés, de disimular al menos cierta “moderación”, no usando el ejército a lo Tiananmen contra los que protestaban en las calles de la excolonia, sino la policía local.

Y tanto Tíbet como Hong Kong -donde al final no se va a votar, ni a candidatos elegidos por China ni a independientes- están hoy peor que hace 10 años, aunque también el resto de China, en lo referente a libertades.

No es que esto nos haya de servir para el caso catalán, pero en mi cabeza todos estos asuntos resuenan junto al del “procés”, así que lo plasmo aquí por si os motivara alguna reflexión. Curiosamente, he leído estos días bastantes intentos de comparar el conflicto en Cataluña con otro famoso de la historia de China, el de Taiwán, pero precisamente es el que menos me recuerda al problema que tenemos actualmente en España. Es un tema más de ideologías que de nacionalismos, Taiwán de facto ya está separada de China… en fin.

También hay otro tema en Asia que me recuerda a Cataluña, pero igual ya me estoy alargando demasiado y acercándome a los cerros de Úbeda, así que sólo lo mencionaré muy brevemente: el caso de Birmania, con una nación central birmana y muchas nacionalidades en su periferia luchando contra el Gobierno central. Parecía que la democratización del país iba a acabar con ello, pero no es así: incluso gobernado el país por  una premio Nobel de la Paz que estuvo privada de libertad con el régimen militar, como es Aung San Suu Kyi, el conflicto sigue. Ahora con los rohingyas en el oeste del país, pero hace un par de años eran los kokang del norte, y mañana serán otros.

7 Comentarios

  1. Hola. Me preocupa lo que dicesy cómo titulas el post. ¿Diría que te han estsdiado cayendo palos catalanistas y chiuzos españolistas encima. Espero y deseo que no.

    Estoy de acuerdo, excepto en algunas cosas.

    El legalismo chino en HK no es tal, desde mi punto de vista. Aunque reconozco que no puedo estar seguro de lo que voy a decir. Según me dicen en Hong Kong, la Ley Fundamental decía que para la última elección a Primer Ministro que han tenido,se debía habr cambiado a un sistema de sufragio universal y no censitario. Las autoridades chinas lo han reformado,sí, pero manteniendo el sistema censitario. Por tanto, no se han atenido a la ley,cosa que nuestro inefable gallego sí que ha hecho, porque tiene que hacerlo (y porque también le viene de perlas).

    Comparar a RJoy y acólitos con el PC Chino me parece demasiado, pero en todo caso,como Puigdemont y acólitos, no tienen ni p…idea. Hay un problema político en las Españas, sí, pero hay que seguir la ley. En China, no más que leyes, hay reglas basculantes, ni siquiera los propios funcionarios chinos saben de los cambios legislativis y reglamentatios, pues lad autoridades cambian y no avisan. Eso hace que tengamos en China la i seguridad jurídica que tenemos.

    No sé si sea una buena comparación el poner juntos el caso catalán con el tibetano, a no ser que digas que Cataluña fue anexionada y por la fuerza. Otra diferencia fue que los tibetanos tuvieron una reacción extrañamente violenta en el momento que relatas. ¿Tal vez fuera un grupo ultra, como está ocurriendo con ciertos budistas en Birmania? Sería digno de investigación.

    Saludos cordiales desde Shanghai.

    • No, la verdad es que de momento no he recibido ningún palo, ni de un lado ni de otro. Solamente me preocupa, viendo el tono en los medios de comunicación y en redes sociales, que cualquier respuesta sea agresiva, pero reconozco que de momento yo no las he tenido.

      ¡Saludos!

  2. Quiero agradecerte el título. Siguiendo la línea del blog incorporas un cierto sentido del humor que ayuda a tomar una sana distancia con los graves acontecimientos que estamos viviendo y permite desdramatizar un poco.

    En el fondo en el fondo, de lo que estamos tratando es de quién ostenta un título de propiedad. Y si lo olvidamos (por las dos partes) y nos ponemos tremendos y dogmáticos poco vamos a avanzar, tanto si hay independencia como dependencia.

    Seguro que hay independentistas que consideran que los no independentistas son unos fachas, porque la estupidez está uniformemente repartida por el mundo (China incluida, claro). Son del mismo pelaje que los que van diciendo que los independentistas son unos nazis. Hay que evitar (con el voto) que haya este tipo de gente con responsabilidades políticas.

    Tengo un motivo para la esperanza: hasta ahora la reacción de los ciudadanos ha sido siempre pacífica y a menudo ejemplar. No sólo cuando les pegaba la policía, también cuando la gente bloqueaba provocadores en las manifestaciones. Hemos visto vídeos como el del votante con la bandera española en la cintura siendo aplaudido por el resto de votantes del colegio. No es un caso aislado. Estos días en las manifestaciones he visto en directo varias veces a gente con banderas españolas y gente con esteladas cogidos de las manos o por los hombros.

    La tristeza de Nadal tiene una base real y profunda, pero yo (que la comparto) querría poner de relieve que estos días han habido muchos individuos con actitudes comprometidas con la no violencia y la convivencia entre las personas. Ello es para mi motivo de esperanza para un futuro de paz y concordia, independientemente de como termine la disputa por el título de propiedad.

  3. Bueno, simplificando mucho sí podría decirse que es un asunto de propiedad, pero una propiedad muy virtual… Ni España es mía ahora, ni Cataluña será de los catalanes si se independizaran. Siempre habrá un Gobierno representativo que jamás va a representar a todos los votantes.

    Yo creo que la clave está en cómo gestionar el desacuerdo entre representantes y representados. Los hay partidarios de la ruptura total, la vía revolucionaria, y otros en cambio prefieren la política, lenta y de resultados a veces decepcionantes. Yo a lo largo de mi vida he pasado por periodos en que he preferido una y otra: creo que en momentos críticos como la actual, veo las orejas al lobo y me inclino por la vía política.

    Cierto es que en lugares como China esa vía es tan estrecha que podría tardarse un siglo en cambiar algo.

  4. Hola Antonio.
    Desde el profundo respeto a las opiniones que cualquier persona pueda tener, creo que también se han visto imágenes de votar tres veces en diferentes urnas a la misma persona, encontrar en el segundo del Presidente de Cataluña toda la estrategia de cómo debían comportarse ciudadanos de a pie, deber de ir incluso con rasguños a Urgencias, dedos rotos que se curaban por arte de magia, organizaciones e incluso mossos…
    Por encima de todo está la ley y yo creo que incluso Puigdemont hoy, lo ha entendido al decir y no decir nada en el pseudodiscurso independentista que ha dado en el Parlament donde los catalanes españoles independentistas, como dijo el líder de los socialistas catalanes se saltaron a la torera la ley hace unos días por orden de la Presidenta de la Cámara.
    Por último, y por mi parte dejo el tema zanjado, observad cómo se está descapitalizando una región española por causa de unos pocos, por la ceguera de unos muy pocos que no gritan, que no se dejan notar, además, y que solo miran por ellos. Aquí se sabe todo… y en unos días tus compañeros periodistas comenzarán a descifrar enigmas… ¿De verdad se podía creer (al menos yo no podía ni pensarlo en sueños…) que La Caixa, Banco de Sabadell, Catalana Occidente, MRW, o Planeta, por ejemplo, se iban a ir de Cataluña
    Mientras haya una Constitución Española, YO también quiero votar si alguien desea irse de mi país.
    Y comprendo a tantos catalanes españoles que creyeron en la utopía de Puigdemont, como antes creyeron la de Mas o la de Pujol, que estén hechos polvo.

  5. Las opiniones son todas libres, por suerte. El problema es cuando unos medios se dedican a fabricarla sin demasiado respeto por lo que está pasando. Pasa a veces con la prensa: cuando he vivido de cerca una noticia y me la han explicado rara vez me he sentido totalmente identificado. Pero estos días todo vale para descalificar. Véase la cita de Unamuno en un comentario del post anterior.
    El tema clave de lo que está pasando lo ponía de relieve el compañero Guillermo en el comentario anterior: ÉL tiene que poder votar el futuro de Catalunya. Esto es lo legal a fecha de hoy. Nada que objetar si no fuera porque (según El País) un 83% de los catalanes creen que esto lo tienen que decidir los catalanes en un referéndum acordado. En Canadá pasó lo mismo, y el equivalente al tribunal constitucional dijo que aunque no era legal, dada la realidad política se pondrían las medidas para ha erlo posible. Resultado: hoy Quebec todavía forma parte del Canadá. En el Reino Unido siguieron el mismo principio de asunción de la realidad política y Escocia todavía firma parte del Reino. En el caso cubano, en cambio, se actuó de un modo parecido a lo que vemos ahora. El resultado es de todos conocido. Quizá ahora no pasa, y nuevas medidas represivas hagan ver a la mayoría de catalanes lo bién que se está en España, pero permitidme que lo dude. Porque sin seducción no hay unión.

    • Estoy bastante convencido de que el independentismo sabe perfectamente que al otro lado va a encontrarse la negativa más cerrada a que puedan independizarse (lo del referéndum es sólo un medio para ello), y que cuanta más negativa, más adhesiones ganan, piden algo hoy por hoy impensable para la mayoría de los no catalanes con el único objetivo de causar una fuerte respuesta, lo más agresiva posible. Es parte de su estrategia, inteligente pero maquiavélica en mi punto de vista.

      ¡Qué poco forzaron la máquina cuando había gobiernos del PSOE menos cerrados!

      El nacionalismo de todo signo (sí, el español también) juega muy fuerte con los sentimientos de la gente, y sólo pido a todo el mundo que mantenga la cabeza lo más fría que pueda en estos difíciles momentos para nuestra tierra. Cuando meneas el nacionalismo, que estuvo bastante dormido durante décadas en España, nunca sabes qué va a pasar. Los de Junts pel Si creen que lo tienen muy controlado, pero también se les puede descontrolar a ellos.

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