Caudal embotellado

Tengo una tía muy religiosa que en uno de sus escasos pero muy píos viajes al extranjero -Lourdes, Roma, Jerusalén- le trajo a una de mis hermanas una botella de agua del río Jordán. Por seguir la broma mi hermana me pidió que le trajera agua del río Amarillo cuando me fui a vivir en China en 2001, y así lo hice. Desde entonces, comenzó mi curiosa costumbre de que cada vez que visito un río famoso, le robo un poco de caudal, y meses después, cuando viajo a España, es frecuente que en la maleta vaya un botellín rellenado con esa agua robada (milagrosamente, nunca se me ha reventado el botellín en la maleta, y de momento todas han llegado enteras a España).

Estos días que ando por España de vacaciones, voy a hacer un repaso a la colección de aguas de mi hermana, en su mayoría traídas por este servidor:


AMARILLO

Como comentaba, fue la primera, recogida hace más de 10 años. Lo cierto es que no recuerdo exactamente dónde llené el botellín de agua Nongfu (mi marca favorita de agua mineral china), pero no he estado tantas veces a orillas del Amarillo, así que es posible que fuera en un viaje que hice con una ONG para plantar árboles en zonas desérticas de la cuenca del Amarillo, porque a la vuelta de ese viaje paramos en unas famosas cataratas del río que ilustran uno de los billetes de la República Popular, de 50 yuanes. Como ya han pasado años, mucha del agua del botellín se ha evaporado, incluso estando tapada, y la botella está medio vacía (o medio llena, depende de cómo veas el mundo). Lo que sí queda para siempre es un poso de tierra en el culo de la botella: es el famoso loess, la tierrecilla fina que le da al Amarillo su color, que es en realidad más marrón que amarillento.


YANGTSÉ

Hace también más de 10 años de la recolección de esta agua, y también el botellín se ha medio evaporado ya. Fue en un viaje que hice en 2004 a Nankín, donde me recibió una china que trabajaba entonces en mi oficina y cuya familia me trató con una hospitalidad que aún me alucina (hasta el punto de que toda la familia durmió en la misma habitación, tres generaciones juntas, para que yo tuviera un dormitorio para mí solo, el que normalmente ocupaban abuela y nieta). He estado después en otros sitios por donde pasa el Yangtsé, como la apasionante Chongqing, la enorme Wuhan o la Presa de las Tres Gargantas, pero hasta que no se consuma del todo ésta no pienso bajar nuevamente a la orilla.


MEKONG

Por una vez, la marca origina del agua mineral del botellín indica perfectamente la procedencia de las aguas del río con el que ha sido rellenado, así que mi hermana no ha tenido que ponerlo en rotulador. El agua la recogí en el delta, en la zona de Vietnam, allá por el año 2004, en uno de mis viajes favoritos de todos los tiempos. No recuerdo exactamente dónde fue, pero seguramente fue en un tour de dos o tres días por el río donde vimos una granja de cocodrilos, una fábrica de caramelos de coco, un templo de la curiosa religión caodaísta, y acabamos en Camboya. Años después, en mi viaje a Laos, navegué largas horas por el río, desde Xishuangbanna (China) hasta Luang Prabang (Laos), en un viaje que entonces no me di cuenta pero fue bastante peligroso.


KWAI

¡Dejad de silbar, leche! Esta botella la rellené en mi visita al mítico río, en el que crucé el mítico puente (aunque es posible que no fuera el mismo, ¿no lo destruyen en la película?) y visité un mítico museo del que os conté algunas cosas en un post de aquel entonces. Fue en el año 2012.


NILO

Ésta es la única botella de la colección que no traje yo, y según las anotaciones de mi hermana en el propio envase se la trajo una cuñada, así que veo que estoy creando escuela. Yo también he estado en el Nilo, pero seguramente ni me acordé de la colección de aguas, consagrado como estaba a defenderme de las insufribles palizas que dan en Egipto los cazaturistas más agresivos, desagradables e indeseables que jamás he conocido. Es pensar en Egipto y ya siento tener a un tipo detrás mío gritándome que le compre algo.


MISSISSIPPI

En mi viaje del año pasado a Estados Unidos me traje dos botellas de agua rellenada, una de ellas con caudal de este río de nombre tan peculiar, con sus cuatro íes, sus cuatro eses, sus dos pes y su eme. El agua la recogí en Saint Louis, cerca del famoso arco gigantesco que simboliza a la ciudad. Saint Louis, dicen, es la urbe estadounidense con más índice de criminalidad, así que pasé un poco de miedo yendo por las poco frecuentadas orillas del Mississippi (en realidad en Saint Louis nada está frecuentado), pero a fin de cuentas no me pasó nada en la ciudad y Saint Louis fue una de las más bonitas urbes que vi en aquel viaje, con sus mansiones de aire francés.


MISSOURI

El único río afluente de la colección -pero vaya pedazo de afluente, casi tan largo como el Mississippi al que vierte sus aguas- se consiguió en Kansas City, la ciudad en la que paré justo después de mi escala en Saint Louis, y en la que hice noche simplemente porque con un nombre así de guapo y como de western pues estaba casi obligado a hacerlo. De todas las aguas de la colección es con toda seguridad la que más me costó obtener, porque las orillas del río en Kansas City están jalonadas de unas enormes y escarpadas piedras por las que escalé a duras penas mientras abajo rugía el agua casi helada (era febrero). A duras penas sobreviví, y el esfuerzo valió de algo, al menos para poder poner su foto en este post.


GANGES

La más reciente incorporación a la colección, obtenida en mi viaje a la India del pasado mes de febrero, fue, en contraste con la anterior, la más fácil de obtener, dado que en Benarés (Varanasi) otra cosa no, pero cómodos escalones que mueren en la orilla del río tienes todos los que quieras, hay que facilitar el acceso al río en el que tanta gente se baña cada mañana. Conviene recordar que en el Ganges mucha gente es cremada y lanzada a sus aguas al morir, así que es posible que en el agua de este botellín haya disueltas cenizas de ser humano, pero para intentar que no fuera así me fui a la parte más al norte del río que pude, antes de que el río pase por los dos templos de Benarés donde se hacen las cremaciones. Por ley física, la ceniza va arrastrada en dirección opuesta y no debería pasar por el sitio donde yo recogí el agua, pero no puedo estar cien por cien seguro de ello, y además creo que no todas las cremaciones en el Ganges se hacen en Benarés, porque es sagrado en todo su curso, quizá en alguna ciudad en tramos más altos del río también lancen cadáveres a sus aguas. Debido a esta duda, y a cierto yuyu que me daba recoger agua sagrada, cuando recogí el agua pedí en voz alta a los dioses hindúes que me perdonaran -no es broma- y luego hice bastantes donaciones en templillos y a mendigos para mejorar el karma (tampoco es broma).

Y bueno, ésta es por ahora la colección. He de decir que he pasado por otros ríos famosos y no he podido, o no he recordado recoger agua, así que la colección podría ser más completa, pero no siempre es fácil: en Birmania no me acordé de acercar un botellín al Irawadi, por ejemplo, y cuando estuve el año pasado en Albuquerque (Nuevo México) intenté hacerme con un poco de agua del río Bravo pero no me dio tiempo a llegar a su orilla, el autobús que debía llevarme a Arizona estaba a punto de salir. Es curioso el hecho de que cuando estoy en Europa me olvido de la colección, o paso de ella, porque no me ha dado la gana de rellenar botellines en el Sena, el Danubio, el crucigramero Po, el Támesis (y eso que mi sobrina ha vivido en su mera orilla varios años) o los españoles Ebro, Tajo o Guadalquivir. En fin, agua que no has de beber, déjala embotellar.

PD: Añado a última hora la botella con la que comenzó todo, la de agua del río Jordán. Mi hermana me cuenta que en aquel entonces “bautizó” con ella a todo aquel que llegaba a su casa, echándole unas gotillas en la frente. Es mejor no seguir con esa costumbre, porque con el tiempo en el interior de la botella se han formado unos misteriosos ectoplasmas que Íker Jiménez debería investigar.

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