Cerilla y extintor

Esta semana se celebra en Nueva York, como cada año, la Asamblea General de las Naciones Unidas, en la que suelen intervenir buena parte de los líderes mundiales. Este año la reunión ha sido especial por dos razones: la primera es que la ONU celebraba 75 años de historia, y la segunda es que debido a la pandemia casi todos los discursos han girado en torno a la lucha contra la COVID (bueno, no me los he escuchado todos pero me lo imagino). Además, estos discursos han sido pronunciados mayoritariamente por videoconferencia, dadas las restricciones a los viajes y las recomendaciones de distancia física que aún imperan como medidas de prevención durante la pandemia.

El martes intervinieron en esta rara asamblea (aunque no más rara que todo lo que está ocurriendo este año en todo el mundo) tanto el presidente de EEUU, Donald Trump, como el de China, Xi Jinping.

Fue extremadamente llamativo el distinto tono que los dos mandatarios de las dos principales economías y potencias del mundo utilizaron en un recinto tan solemne como el de las Naciones Unidas.

Trump, para empezar, usó un lenguaje extremadamente agresivo, típico en él pero yo creo que todavía más fuerte que en otras ocasiones. Y la principal víctima de su discurso fue China, un país que hasta cuando lo nombra parece pronunciarlo con asco, dándole mucho énfasis a la che inicial y pronunciando el resto como si más que una palabra fuera un ladrido.

Por supuesto, no se refirió a la enfermedad causante de la pandemia como COVID-19, sino que siguió usando la funesta expresión «virus chino».  Además aseguró que «China liberó esta peste en el mundo», y que los aviones que partieron de ese país a principios de año «infectaron el mundo».

También declaró en el campo medioambiental (que el año pasado estaba muy de moda y en 2020 ha caído en picado pero aún hay que mentarlo) que «China tira millones y millones de toneladas de plástico a los océanos, sobrepesca las aguas de otros países, destruye vastas franjas de corales y emite más mercurio tóxico a la atmósfera que cualquier país». El clásico «y tú más», porque creo que Estados Unidos no es precisamente el país más ecológico del globo…

Añadió que Estados Unidos «se levantó contra décadas de abusos comerciales de China», en el año en que Washington, curiosamente, ha copiado con calco uno de los abusos más notorios de Pekín: ha amenazado con censurar una red social (Tik Tok) y sólo ha permitido que siguiera funcionando cuando ésta se ha aliado con empresas estadounidenses. Lo cual significa, irónicamente, que los datos de los millones de usuarios estadounidenses por los que Donald tenía tanto miedo ahora no sólo llegarán a una firma china sino también a otras estadounidenses (entre ellas una, Oracle, muy ligada a la CIA y a la NSA).

Otros atacados en el discurso, aunque de forma mucho más sucinta, fueron la OMS e Irán. El resto de la intervención pareció de campaña electoral -porque Trump está de lleno en una-, con el presidente presumiendo de los logros de su Gobierno en todos los campos. Y al final del todo, una advertencia nada apropiada, creo yo, en un lugar como la ONU:

«Somos (los EEUU) más fuertes ahora que nunca, nuestras armas están en un nivel avanzado que nunca habíamos tenido, que nunca habríamos soñado tener. Y rezo a dios por que nunca tengamos que usarlas».

El discurso del presidente chino, bastante más largo y seguramente más aburrido (porque los líderes chinos siempre han sido muy áridos), tuvo un tono y un contenido completamente diferentes. No señaló ni a Estados Unidos ni a ningún otro país, llamó a la cooperación e incluso prometió más ayuda internacional, que es algo que Xi suele hacer siempre que interviene en foros internacionales. Recordó que China se ha comprometido a donar 2.000 millones de dólares en asistencia internacional en dos años, y añadió 50 millones en el programa de la ONU para la lucha contra el COVID-19 y otros 50 millones de asistencia alimentaria a través de la FAO.

El líder comunista, que por supuesto se refirió a la enfermedad pandémica como «COVID-19» y hay que reconocer que no aludió a sus orígenes wuhaneses, se manifestó en contra de toda politización de la crisis sanitaria, y subrayó, a diferencia de Trump, que las vacunas que China logre desarrollar contra el coronavirus «serán consideradas un bien público y distribuidas a otros países en desarrollo con una escala de prioridades».

Insistió en que «debemos vernos todos como miembros de una misma gran familia, perseguir el beneficio mutuo, alzarnos sobre disputas ideológicas y no caer en la trampa del choque entre civilizaciones».

Curiosamente, nombró a Don Quijote, aunque como una figura a no imitar, en una de esas frases metafóricas que a veces le gusta soltar: «La COVID-19 nos recuerda que la globalización económica es una realidad indisputable y una tendencia histórica. Enterrar la cabeza en la arena como un avestruz ante ella, o intentar luchar contra ella como la lanza de Don Quijote, va en contra de esa tendencia histórica».

Sobre el cambio climático, el presidente chino anunció que su país alcanzaría el pico de emisiones en 2030 y lograría ser neutral en carbono (lograr cero emisiones de CO2 eliminando éstas o contrarrestándolas con políticas verdes) antes de 2060, un anuncio que fue quizá lo más destacado por la prensa internacional.

Finalmente, en contraste con un Trump que presumía de avanzado armamento, Xi aseguró que China «nunca buscará hegemonía, expansión o esferas de influencia. No tenemos la intención de luchar una guerra fría o caliente con ningún país».

 

Dejando aparte si lo que Xi y Trump dijeron es verdad o no, porque ya sabemos que la política es mucho postureo, el distinto lenguaje de ambos, que ya se ha visto en lo que llevan de mandato, es realmente desconcertante.

Vivimos en un mundo en el que el tono de abusón es el que triunfa, por culpa de fenómenos como las redes sociales (donde un insulto se retuitea más y desata muchas más interacciones que un elogio), pero creo que debemos empezar a reflexionar si esto ha llegado demasiado lejos y hay que comenzar a plegar velas.

2 Comentarios

  1. Tal y como tú comentas, muy acertadamente, cuando los altos dignatarios de países tan potentes como EE.UU. o China hablan, hay que filtrarles mucho porque del hecho al trecho, como dice nuestro sabio refranero… Y más aún hoy en día en que Trump está en campaña y Xi está comenzando a ver que la pandemia le pasará pronto factura, aunque a él en mucha menos intensidad que a nosotros, por ejemplo, que ya estamos en recesión desde ayer… Los postureos de los presidentes de gobiernos, cada vez son menos creíbles por los ciudadanos, y les perjudican más que les benefician. Estamos ya muy escarmentados y queremos obras y no fanfarronerías. Estaría bien que se acostumbraran a decir siempre la verdad y no prometer y luego no cumplir.

    • Sí, más que el contenido de lo que dicen me ha parecido importante destacar el continente, es decir, qué tono han empleado, como quieren ser vistos por la comunidad internacional: uno con piel de lobo, el otro con la del cordero.

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