Chequia huele a China

La semana pasada no posteé nada porque estaba de roudtrip por Centroeuropa: concretamente fui a Chequia, pasando por el sur de Alemania. Praga era una de las pocas ciudades europeas míticas que aún me quedaban por conocer, y llegué a ella con el coche, algo que para una persona que ha tardado tanto en tenerlo es algo bastante emocionante. Por supuesto, es una ciudad bellísima, aunque mis postales no le hagan justicia.

En el viaje los checos me han convencido y voy a dejar de llamar a su país República Checa: usaré Chequia. Con esto compensamos un poco el hecho de que ahora a Holanda haya que referirse con dos palabras (Países Bajos) porque al parecer a sus habitantes les gusta que sepamos bien que llaman a su tierra «lugar plano». Allá ellos, si quieren hasta puedo referirme a Amsterdam como «localidad con casas» si así lo desean algún día.

De Praga os contaré poco porque todos estabais allí en los días en que la visité yo: no he visto ciudad extranjera con más turistas españoles. En los lugares turísticos, el castellano es el idioma que más se escucha, más incluso que el checo.

Al ir en coche, pude además visitar otros famosos lugares del país, todos ellos llenos de tejados rojos y fachadas barrocas de colorinchis:

Cesky Krumlow.
Holasovice.
Trebon

En esos lugares fuera de Praga me encontré con un olor que me recordó a mis días en China: el olor a carbón quemado en hornillos para cocinar y caldear las casas, un olor que, dicho sea de paso, me resulta bastante agradable, aunque ya imagino que no es nada bueno para el medio ambiente.

Seguramente ese olor estaba asociado a otra cosa que noté en la Chequia «profunda»: casi todos los días fuera de Praga los viví envuelto en una espesa niebla que en parte se puede explicar por los días fríos y lluviosos típicos del otoño, pero seguramente también tenía que ver con cierto smog. Si era smog, que no puedo probarlo, no era tan duro como el de Pekín, pero probablemente contribuía a cierto aspecto «enfermo» de muchos bosques de la zona, un aspecto que también me recordó al de muchos bosques del norte de China, incluyendo los de los alrededores de la Gran Muralla.

Castillo de Karlstejn, un popular monumento checo.

No me ha dado tiempo a conocer verdaderamente Chequia, pero la sensación es de que está a medio camino entre la cultura centroeuropea (Alemania, Austria) y la eslava (Rusia). Les gusta comer pato, como los pequineses, pero sus dumplings no se parecen en nada a los chinos (que sí tienen contrapartida en Polonia, con los pierogi, o en Rusia, con los pelmeni). Si gustan, aquí tienen unos, para ser regados con buena cerveza pilsener.

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