China en clave de sol

El post de hoy va sobre música clásica y China, pero no sobre música tradicional de esa cultura sino sobre la relación entre lo chino y la música clásica de Occidente. No me centraré en famosos intérpretes orientales de este tipo de música, ya que actualmente hay muchos y cada vez son más prestigiosos (empezando por los pianistas Lang Lang y Yuja Wang, cuya imagen abre el artículo de hoy) sino en cómo se ha colado la temática china entre compositores occidentales en los pasados siglos.

Introducir música china en la occidental siempre fue difícil, porque son dos idiomas muy diferentes: los chinos usaron tradicionalmente la escala pentatónica, de cinco notas por octava, mientras que en Occidente se usan siete, las archiconocidas do-re-mi-fa-sol-la-si. Es por eso que si en un piano tocas sólo las teclas negras te va a salir un sonido muy oriental: al haber sólo cinco teclas negras por octava, esas se acercan mucho a la escala tradicional china.

Pese a todo, con los primeros intercambios musicales entre Occidente y Oriente, que seguramente podemos atribuir a los jesuitas (como el español Diego de Pantoja y el italiano Mateo Ricci, que llevaron a la Ciudad Prohibida un clavicordio y tocaron con él para la familia imperial) comenzó una cierta relación musical. Aún se tardarían algunos siglos para que ésta desembocara en el primer caso de «mestizaje», de mezcla de estilos oriental y occidental, que se suele otorgar al alemán Carl Maria von Weber. En 1805 este buen hombre compuso la llamada Obertura China para poner música de inicio a Turandot, que entonces no era una famosa ópera como la que ahora conocemos, sino una obra de teatro veneciana que el gran Schiller estaba adaptando para la dramaturgia germana. Se dice que Von Weber se inspiró para su obra en una partitura incluida por Jean-Jacques Rousseau en su Diccionario de Música. A continuación podréis escuchar la obertura, veréis que los sonidos orientales son breves y la obra es su conjunto es más bien occidental, pero por algo había que empezar.

Mucho más famosa que esa Turandot fue la ópera homónima, ésta sí, que creó mucho más tarde el italiano Giacomo Puccini y que nos puede parecer muy antigua pero en realidad fue estrenada hace menos de un siglo, en 1926, dos años después de la muerte del autor. La obra, basada en un supuesto cuento de Las Mil y Una Noches, cuenta la historia de una malvada princesa china que somete a sus pretendientes a tres acertijos, y si éstos no los resuelven, les corta la cabeza, en plan esfinge.

En esta ópera aparecen muy a menudo las notas de la popularísima canción china Molihua (Flor de Jazmín), que aquéllos que viváis en China habréis oído hasta la náusea. A continuación, un fragmento de la ópera en el que es claramente distinguible, aunque su letra tradicional en mandarín se haya cambiado por otra en italiano:

La historia de cómo llegó Molihua a oídos de Puccini es muy bonita: al parecer, un relojero suizo interesado en la música y que viajó a China decidió fabricar cajitas de música con esa melodía para venderlas a los propios chinos, con mucho éxito. Una de esas cajitas llegó a las manos de un soldado italiano de los que estuvieron en el asedio de los 55 días en Pekín (hace unas semanas os hablé largo y tendido de ese hecho histórico y la película que inspiró), y de ese soldado llegaría a Puccini, quien ni corto ni perezoso la llevó a su ópera.

Aunque lo más famoso del Turandot de Puccini es el aria Nessun Dorma (que nadie duerma), que canta el príncipe extranjero protagonista, pasando la noche en vela y dispuesto a desafiar a Turandot. Os pongo los segundos más famosos del aria, interpretados por nada más y nada menos que el tenor y jotero aragonés Miguel Fleta, quien cantó esta aria en el estreno de Turandot en la Scala de Milán.

Ya que hablo de Turandot, recordaré que esta ópera fue prohibida durante mucho tiempo en China, por lo malvada que era la princesa «local», pero hace unas décadas se cambió diametralmente de postura en el régimen y hasta se autorizó a representarla en la Ciudad Prohibida, con escenografía de Zhang Yimou y dirección de Zubin Mehta, en el año 1998. Chiste fácil: de estar prohibida, a la Ciudad Prohibida.

Ni Von Weber ni Puccini pisaron jamás China, pero quienes sí lo hicieron fueron algunos compositores rusos, que llevaron a la música sus propias experiencias en ese país. En este caso el ejemplo más famoso (quizá no os suene el nombre del compositor ni el de la canción, pero sí la melodía) es Ilya Shatrov, quien luchó de joven en la guerra ruso-japonesa de 1904-05 y se inspiró en la derrota militar definitiva que él mismo vivió, la batalla de Mukden, para crear una tonada que suena mucho más rusa que china, pero que al fin y al cabo está inspirada en tierras hoy chinas: Sobre las Colinas de Manchuria, una canción que los rusos se saben de memoria.

Esa canción es la misma que canta el soldado ruso que se pierde en Mongolia Interior en la película Urga, de Nikita Mikhalkov, de la que os hablé también hace un tiempo (hoy estoy enlazando cosas muy diferentes unas de otras).

Mucho más chinas fueron las composiciones del también ruso Aaron Avshalomov, quien vivió en la primera mitad del siglo XX en Shanghai, ciudad que en esos tiempos tenía una importante colonia de refugiados e inmigrantes judíos como él. Desde allí compuso muchas piezas que intentaban divulgar la música oriental a Occidente, o unir las de los dos lugares. Como ejemplo os pongo, para terminar, su Hutongs de Pekín.

PD: Para este artículo he usado mucha información de este interesantísimo texto de la revista china Caixin que cita algunos de los ejemplos anteriores y varios más.

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