China en el Gran Juego afgano

La noticia del verano está siendo, oh sorpresa, algo diferente de la pandemia: la reconquista de Afganistán por los talibanes, casi exactamente 20 años después de que cayeran ante la ofensiva militar estadounidense, ha sido tan sonada y un golpe tan duro para el poderoso ejército norteamericano que ya podemos dejar de decir que el conflicto de Afganistán fue «el Vietnam de los soviéticos»: ahora Afganistán debería pasar a ser denominado como el «segundo Vietnam estadounidense».

En China, donde la imagen de Estados Unidos últimamente está peor que nunca debido a las presiones de Washington para convencer a la comunidad internacional de que la COVID nació en un laboratorio chino, la prensa oficial comunista ha aprovechado la situación afgana para subrayar la debilidad de Estados Unidos, su pésima política exterior, su gran capacidad por estropear países que en teoría quiere arreglar… en fin, lo esperable en estas circunstancias.

Viñeta del China Daily.

No obstante, se dice que en realidad China observa con la misma preocupación que casi todos el regreso de los talibanes (o de los talibán, he oído por ahí que no hay forma plural). Aunque de cara al exterior pueda alegrarse de la caída de prestigio que ha supuesto para EEUU, y de la retirada de tropas americanas en un país vecino, en su fuero interno Pekín no se fía mucho del nuevo régimen islamista afgano y lo querría atar en corto.

China, como Estados Unidos, lleva años asumiendo que los talibán regresarían al poder en Afganistán en cuanto la presencia militar exterior saliera de allí. Al igual que los estadounidenses, llevan al menos desde 2019 reuniéndose con líderes de esas milicias para intentar asegurar, al menos, que el nuevo régimen sea un poco más «light» que el de los años 90, al menos en materia de política exterior: que no acoja movimientos terroristas internacionales tipo Al Qaeda, ni sea refugio de sus líderes, como en su día lo fue de Bin Laden.

En el último encuentro, a finales de julio en Tianjin, un líder talibán ya posaba con el ministro de AAEE chino, Wang Yi, señal de que ya entonces Pekín veía que la caída de Afganistán en manos de sus milicias era inminente.

A China le interesa un régimen talibán estable y moderado (aunque no es seguro que vaya a salir así) por dos razones: en primer lugar, porque Asia Central es una zona estratégica clave para Pekín, debido a su magno proyecto de las Nuevas Rutas de la Seda, con el que quiere unir para el transporte y las telecomunicaciones a su economía con las de Asia y Europa. Afganistán no es por ahora sitio de paso de las principales ramificaciones de ese proyecto, porque su inestabilidad en las últimas décadas lo ha impedido, pero podría serlo en el futuro.

Afganistán es el país que aparece bajo el letrero de «Dushanbe», que es la capital de la vecina Tayikistán. La línea roja es la «Nueva Ruta de la Seda Terrestre», y la azul es su equivalente marítimo.

La segunda razón por la que China intenta una política apaciguadora con los talibán es el miedo de Pekín a que éstos reimpulsen un islamismo radical (aplicación extrema de la yihad, la sharia, etc) que pueda impregnar entre los musulmanes de Xinjiang, región y polvorín del noroeste chino donde viven los uigures y otras etnias seguidoras del Islam.

Ese miedo ha hecho que durante décadas, incluso sin los talibán en el poder, China haya tenido prácticamente cerrada y fuera de sus redes de transporte su pequeña frontera con Afganistán: en un mapa del continente parecería que no son países vecinos, pero si uno se acerca en ese mapa descubre que lo son a través de una pequeña línea limítrofe de 76 kilómetros.

Como veis, Afganistán «llega» a China a través de una delgada pero alargada lengua de terreno llamada «corredor de Wakhan», metida entre Pakistán y Tayikistán. Ese corredor se creó en el siglo XIX, cuando el Imperio Ruso y el Británico se disputaban el dominio de Asia Central, en lo que entonces se llamó el «Gran Juego de Asia», del que me acordaba hace unos días cuando veía ese peliculón llamado «El hombre que pudo reinar». Rusos y británicos acordaron darle a la «neutral» Afganistán ese corredor a modo de colchón entre sus dos imperios, cuando los primeros controlaban Asia Central y los segundos el subcontinente indio.

La frontera chino-afgana que hay en el extremo oriental del corredor de Wakhan tiene apenas un puesto fronterizo que pueda denominarse como tal, el llamado paso de Wakhjir, pero llegar allí cuesta hoy día casi lo mismo de lo que a Michael Caine y Sean Connery les costó llegar a aquella imaginaria ciudad perdida de Alejandro Magno de la peli: ese paso está a casi 5.000 metros, y no hay carreteras, ni siquiera pistas de todoterreno, que lleven a él. Lo usan, como mucho, algunos narcotraficantes, no demasiados, para pasar opio afgano a China, supongo que cargado en mulas. Esta frontera afgana, por cierto, tiene la particularidad de que tiene la mayor diferencia horaria del mundo: cuando la pasas del lado chino al afgano, por ejemplo, tienes que atrasar tu reloj tres horas y media. Cosas de la obsesión china de no dividir su país en husos horarios.

Es posible que ese paso de mala muerte lo usara Marco Polo en su famoso viaje, aunque no es seguro, ya que no dio el nombre del lugar por donde entró a China. Quien sí lo usó seguro fue un jesuita portugués que a principios del siglo XVII fue el primer europeo en entrar desde el entonces imperio indio al chino.

Otro personaje famoso, mucho más reciente, que pudo haber usado ese paso en su día fue el mismísimo Osama Bin Laden, dado que en 2003 circularon rumores, muy pronto olvidados, de que había huido de Afganistán a China para escapar de la ofensiva militar estadounidense en Afganistán. Aunque esos rumores hoy día están olvidados, y mucho más tarde supimos que a donde huyó seguro fue a Pakistán, a mí me gusta recordarlos porque me acuerdo de que la primera pregunta que hice en rueda de prensa al Ministerio de Asuntos Exteriores chino, como ya os he comentado alguna vez, fue si China podría confirmar o no que Osama estaba en su territorio.

2 Comentarios

  1. efectivamente, tengo entendido que «taliban» es el plural de «talib», que viene a ser algo asi como un iniciado, estudiante, creyente….
    Muy bueno este post…como siempre.

    • Gracias Caco! si eres el Caco que conozco, este año desgraciadamente no me voy a pasar por Madrid, pero espero hacerlo la próxima vez que pase por España!

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