China reabre

Hace semanas que no hablo del monotemita en esta web, más que nada por intentar relajar un poco mi cabeza, porque en el trabajo llevo ocho meses escribiendo de él en un 80 por ciento de los textos. No significa, claro, que la pandemia sea menos importante ahora que hace unos meses, ni que la información sobre ella esté bajando: de hecho, estuve dos semanas en España recientemente y vi lo terrible que es allí la matraca de las televisiones con el coronavirus. Entiendo que es un tema importantísimo e histórico, pero ninguna mente puede resistir oír hablar de lo mismo 19 horas al día. También me impresionó mucho, por cierto, ver mascarillas por todas partes, dado que son obligatorias en prácticamente toda España: en Ginebra y el pueblo francés donde vivo prácticamente soy yo el único que la lleva (al menos en la calle, en recintos cerrados se usa algo más).

En fin, que he intentado abstraerme de la pandemia en esta web este verano, porque además en China es un tema que afortunadamente se ha convertido en un asunto secundario debido a la poca incidencia de casos, pero esta semana hay que volver a traerlo a la palestra tras el anuncio por parte de las autoridades chinas de que se reabre la frontera del país a diversos territorios europeos, entre ellos España.

Viajar a China sigue siendo complicado (sólo podrán hacerlo personas con permiso de trabajo, aquéllas con familiares en territorio chino o en circunstancias similares, y además tendrán que hacerse una prueba PCR antes de volar), pero significa cierto alivio después de que Pekín ordenara el 28 de marzo un cierre a cal y canto de sus fronteras, debido a la fuerte incidencia que la COVID de mierda estaba empezando a tener en Europa y América. Ello dejó varados a muchos españoles que trabajan en China y habían viajado fuera de ese país, entre ellos algún que otro amigo mío. Algunos vivieron lo peor del miedo a la pandemia que se pasó en China en enero y febrero, viajaron a España para «relajarse», y les pilló en casa ver cómo ese miedo y los confinamientos llegaban a territorio español, para encima quedarse ellos varados y sin poder trabajar durante casi medio año. Un annus horribilis en toda regla.

La reapertura paulatina de China ha de simbolizar cierta vuelta a la normalidad -o entrada en la nueva normalidad- de un mundo que ha enloquecido en 2020 por culpa de un bichito que, como diría un ministro español de Sanidad en los 80, se cae de la mesa y se mata de pequeño que es. Seguimos teniendo muchos casos en el mundo, es más, ahora diariamente hay más que nunca, pero quiero pensar que el coronavirus es ahora menos mortal que hace medio año gracias al avance en los tratamientos (sobre todo con dexametasona), y que ahora los brotes están siendo mejor identificados, con la mejora de las pruebas PCR y los métodos de rastreo. No hay que relajarse, que el coronavirus nos ha pillado en muchos renuncios, pero quizá estamos aprendiendo a enfrentarlo.

Estos días me acuerdo de lo inocente que era yo a principios de este año cuando comparaba el coronavirus de 2020 con el de 2003, que sí me pilló en China. Entonces pensaba que iba a ser algo similar, un virus que causaría más miedo psicológico que daño real, pero ahora la comparación entre uno y otro es imposible… todos los contagios que hubo de SARS en 2002 y 2003 equivalen a las infecciones de COVID que actualmente se producen en el mundo durante aproximadamente media hora.

Por otro lado, llegan esperanzadoras noticias sobre vacunas contra la COVID. Quizá un poco apresuradas, nunca se habían investigado vacunas con plazos tan cortos, pero habrá que aferrarse a ellas. Aunque todos pensaban que se trataba de una carrera entre laboratorios chinos y occidentales, Rusia ha sorprendido a todos anunciando que ya tiene la suya, y que la va a comenzar a suministrar de forma masiva en pocas semanas, empezando por médicos y profesores. Lo proclamó el propio Putin, quien remató el anuncio diciendo que la vacuna se había probado en su propia hija, la típica afirmación que sólo un presidente como Vladimir puede hacer.

Me llamó la atención el nombre que Rusia le ha puesto a esta vacuna, «Sputnik 5», reminiscencia de la carrera espacial soviética, y que muestra con toda claridad que la búsqueda de un remedio contra la COVID se ha convertido en una carrera tan propagandística como lo fue la de las naves espaciales estadounidenses y de la URSS en la Guerra Fría. La Sputnik 5, por cierto, es una misión espacial muy querida por los rusos porque en ella se mandaron a dos perros al espacio, Belka y Strelka, y lograron regresar vivos a la Tierra, no como su antecesora Laika, que había fallecido años antes en la Sputnik 2.

Hace unos años hablé con una periodista rusa, y me llamó mucho la atención que ella apenas había oído hablar de la perrita Laika, tan famosa en España (ya antes incluso de la infumable canción de Mecano), mientras que yo por mi parte no sabía nada de Belka y Strelka. Me imagino que tiene que ver un poco con las circunstancias políticas del momento: en Occidente durante la Guerra Fría se daría más importancia a las misiones fallidas de los soviéticos, o aquellas con connotaciones más negativas, mientras que se reduciría algo la cobertura de los hitos más positivos,  y en la URSS sería exactamente al revés.

4 Comentarios

  1. La realidad en España está siendo muy dura, aunque se piense fuera lo contrario. No se ven los que han muerto Y DEBERÍAN SALIR IMÁGENES DE ELLO, por mucho que se reconozca que no es adecuado (cerca de 44.000 según cifras creíbes fuera de las que el Ministerio dice…), los fallecidos en las en las UVIs, los que tendrán muchas complicaciones vitales a partir de ahora (circulatorias, neurológicas, etc.), aquellos que tienen que hacer rehabilitación física porque no pueden andar por estar dos meses encamados, disnea , problemas psicológicos… Este virus ha destrozado física y económicamente a Europa, y a España, con una vitalidad por el turismo enorme, mucho más. Es un virus que se contagia fácilmente y con solo el confinamiento, la masacarilla y hacer caso al distanciamiento social se podría haber conseguido mucho antes (China lo hizo y así ha conseguido controlar bastante la pandemia). Se llegó demasiado tarde a tomar medidas… Tenemos muchos «sabios» en Sanidad…

    • Coincido en que en ocasiones me ha parecido un poco infantil la actitud hacia la pandemia (el resistiré, los anuncios lacrimógenos todos iguales en plan «de ésta salimos», mucho chiste y meme, etc) pero creo que la pandemia ha causado ya, siendo un poco edulcorada, muchos problemas de ansiedad y depresión en la gente, también bastante ocultos. No sé si un retrato descarnado de lo que ha pasado sería bueno.

  2. Siempre ha sido muy discutido que la realidad y¡tal cual pueda enseñarse al ciudadano porque podría ocasionarle un shock . Sin embargo, en este tipo de circunstancias de PANDEMIA en donde hay un núcleo muy elevado de personas negacionistas de estadísticas (pasadas por la cocina también.,..) y al ser un problema de SALUD PÚBLICA en donde todos dependemos de todos y que no hacer correctamente las cosas genera peligros para el resto de la ciudadanía, dar a conocer alguna imagen de que no todo es país de Cenicienta y de que «todo irá bien…» pues no es del todo pragmático. Al público hay que insistir en campañas como la que en su tiempo efectuó la DGT en donde se veía la crueldad de tener que vivir con miembros amputados o nunca más ver a seres queridos por el uso del vehículo con dos copas de más o con farlopa en nuestras venas…Fue muy útil y en cierta forma se está poniendo ya en nuestras TVs porque hemos creado una sociedad muy INFANTILIZADA, y los complejos de Peter Pan se solucionan en el diván del psiquiatra, no ocultando la realidad, como se hace en España para luego enterarse por los medios de comunicación de las realidades.Para prepararse hay que proporcionar información contrastada y serena.

    • Bueno, los anuncios de la DGT eran duros, pero eran ficción, al menos los que yo recuerdo… y en el actual momento, en España, lo que a mí me preocupa al ver la tele es la imposibilidad de desconectar del tema, sé que es importante pero esa pantalla se pasa las 24 horas hablando de él, y creo que eso tampoco es bueno. No sé, supongo que es muy difícil afrontar una pandemia, algo que la humanidad no sufría en un siglo, y aún estamos adaptándonos a ello, en un mundo además muy diferente al de 1918, altamente interconectado y con internet como gran motor de las ideas, para bien o para mal.

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