China vs India:
comparaciones ociosas

Old Delhi
Guomao

Resulta casi inevitable, después de pasar el mes de febrero en la India, intentar comparar ese país con China, pese a que el tiempo que he pasado en cada uno de ellos (30 días versus 14 años) es totalmente dispar. Pero los dos países son cunas de antiguas y grandes civilizaciones alternativas a la occidental, ambos tienen unas poblaciones inmensas que como mínimo triplican la de cualquier otro país, y tanto China como India se han vendido como las potencias “emergentes” que han salido de uno o dos siglos de pobreza y subdesarrollo y van a poner patas arriba el orden económico mundial en el siglo XXI. ¿Son por ello muy parecidas, o diametralmente opuestas? A continuación os cuento lo que me pareció, aunque ya digo que mi opinión está distorsionada por el poco tiempo en la India y el excesivo en China:

La India, sobre todo sus ciudades, es un lugar mucho más caótico, donde los lugares públicos hierven con una intensidad que Pekín o Shanghái no tienen: quizá lo más impresionante de la India son sus calles atestadas, que ya nombré en algún post anterior. Esas ciudades con escasas o ninguna gran avenida, basadas en callejuelas sin planificación alguna, en las que se empujan vacas, motos, vendedores, mendigos, cabras, perros y cientos de actores más son una visión inenarrable, que en la China actual, aunque puede haber momentos de grandes aglomeraciones, no existe. Un barrio popular de Pekín al lado de uno de Delhi es un balneario alpino. Es verdad que en los pueblos de la India se reduce algo la diferencia, al haber menos aglomeración disminuye ese fascinante caos y puede haber mayor parecido con un pueblo chino, pero en zonas urbanas, las situaciones son opuestas.

India da la impresión de estar muchísimo menos globalizado que China: esto me sorprendió, teniendo en cuenta que India fue una colonia británica, aún habla inglés mucha gente y ha sido visitado durante décadas por viajeros occidentales, pero el mundo indio es mucho más atóctono que el chino, cada vez más invadido por lo americano, lo coreano o lo europeo. En la India apenas vi marcas occidentales, con excepción de unos poquísimos McDonalds o Starbucks en el centro europeo de Delhi o Bombay, las Cocacolas o las patatas Lays. La India, por lo que me enteré, ha sido un país tremendamente proteccionista, mucho más que China, y aunque en los últimos años se ha abierto más, sigue pareciendo un mundo aparte. No un mundo que ha quedado anticuado por el aislamiento político, como podría ser Corea del Norte o la Birmania que vi en 2005, sino una India que ha crecido a su manera y con sus herramientas, no las que ha traído el exterior. Es un país sin supermercados, donde apenas oí música occidental ni vi películas de Hollywood en su tele, porque tiene una comida, una música o un cine tremendamente propios. Por cierto, tampoco vi las típicas Chinatown que se pueden encontrar en muchos países del sureste asiático: no hay ni siquiera restaurantes chinos (irónicamente, muchos restaurantes tienen platos chinos, que no se parecen nada a la comida china).

Los indios parecen más libres, obviamente, pero el país da una sensación de militarización mayor que China: India es una democracia que, con muchos fallos y altibajos, ha sobrevivido décadas seguramente muy duras, con guerras, guerrillas y magnicidios, pero está claro que sus ciudadanos viven en un ambiente democrático: los que saben inglés, por lo menos, hablan de política al turista sin necesidad de preguntar, se quejan de sus gobernantes, cuentan cosas malas de su país además de las buenas… Esta realidad, sin embargo, convive con un país donde se ven muchos soldados por todas partes, debido al conflicto latente con Pakistán y a las amenazas terroristas. Hay controles de seguridad en todas partes, desde sitios turísticos a templos, vehículos públicos, plazas, mercados, trenes o mezquitas. En el barrio antiguo de Varanasi, cerca del templo más sagrado de esa sagrada ciudad, había más soldados que civiles, y todos armados hasta los dientes.

India es un país donde hay muros sexuales y sociales más fuertes que en China: China no será un paraíso en integración social o igualdad de género, pero desde luego no se ve en él la situación de India, donde hombres y mujeres parecen vivir en dimensiones aparte. Estando en la India apenas me dirigió la palabra una mujer, y casi todo mi trato fue con hombres, que son los que tienen prácticamente todo el trabajo en público: camareros, taxistas, vendedores, recepcionistas o taquilleros, todos casi sin excepción son hombres. Las mujeres indias, con esos saris y esas joyas en manos, pies y nariz que las hacen bellas y elegantes hasta en su vejez, siguen siendo para mí el mismo misterio que cuando puse los pies en Delhi a principios de mi viaje. Similares barreras o quizá mayores deben existir en el tema de las castas, aunque es algo que los indios no gustan de comentar y todos dicen que se va aboliendo con el tiempo. Quizá para compensar todo ello vi mayor tolerancia religiosa de la que pensé que vería: musulmanes -muchos más de los que pensé- e hindúes parecen mezclarse en las calles sin apenas roces, y junto a ellos también hay jainitas, cristianos, zoroastrianos o sikhs (estos últimos son los que mejor me trataron y mejor me cayeron, tengo muchas ganas de visitar su Punjab).

India está varias décadas detrás de China en desarrollo económico, aunque comparte espíritu emprendedor: China e India suelen venderse en el mismo pack de potencias emergentes, pero está claro al visitar ambos que el desarrollo de la India es francamente menor, sobre todo por la gran cantidad de población pobre que se sigue viendo en todas partes, o la sensación de que todo está excesivamente burocratizado. Tampoco es ese país de masas hambrientas que se vende en las películas antiguas, se ve mucha gente de clase media también, pero se sigue viendo a mucha gente viviendo en la calle, en campamentos hechos con plásticos o en barrios de chabolas (aunque en éstos a veces hay una actividad económica frenética, como pude conocer en el slum más famoso de Bombay, el de Dharavi). Por otro lado, si bien a la India le queda mucho camino hasta llegar al nivel de China (si es que quiere seguirlo, no sé si a los indios lo del capitalismo moderno les atrae del todo), en cuanto a espíritu trabajador están a la par: es muy fuerte la sensación de que todos los cientos de indios que ves en la calle están cada minuto currando y pensando maneras de cómo ganarse las dahl (lentejas).

Los indios tienen más don de gentes que los chinos: No es una gran revelación, lo sé, por latitud es casi como comparar a los rusos con los gaditanos… Pero está claro que los indios son en gran medida gente amable, agradable, graciosa, despreocupada (a veces demasiado, como cuando cruzan esas calles de tráfico loco), sin complejos, y entretenida. Conversar con un indio, con un poco de inglés, es tan sencillo con hacerlo con una persona de tu país, a veces incluso más fácil. Te cuentan cosas curiosas, te desconciertan y sorprenden, bromean, te vacilan, te hacen reír… En China, en parte por el problema del idioma pero también por un carácter oriental que también se puede respirar en Japón o en Corea, no hay por qué endosárselo sólo a los chinos, el calor humano entre un foráneo y un local es más complicado, lleva más tiempo y a veces no tiene bases del todo sólidas. En la India hubo sitios de los que me fui despidiéndome de la gente tienda por tienda, y casi entre lágrimas.

1 Comment

  1. Enviado por Lur
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    Super interesante.Por fin un deseo cumplido.besos

    ~~~
    Enviado por ChinoChano
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    Gracias! Seguiré contando cosas de India en próximos posts.

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