China y España,
historias paralelas

El otro día comentaba con alguien, no recuerdo quién, lo curiosamente parecidos que han sido algunos tramos de la Historia en países tan aparentemente lejanos y diferentes como son China y España. Antiguos imperios venidos a menos que a partir de la Revolución Industrial quedaron rezagados frente a otros países y atravesaron una larga travesía del desierto, chinos y españoles tenemos sin duda mucho que nos difiere, pero también algunos recuerdos que nos pueden resultar familiares mirando desde un lado de Eurasia hacia el otro.

Buscando parecidos históricos podríamos remontarnos a una época tan antigua como la Edad Media, en la que China y España fueron invadidas por pueblos vecinos de cultura muy diferente: los musulmanes ocuparon un área no siempre igual de grande de España entre los siglos VIII y XV, mientras que los mongoles dominaron China bastante menos, en los siglos XIII y XIV. En ambos casos la ocupación comenzó formando parte de un imperio mucho mayor (España como parte del califato omeya, China como un trozo más del inmenso imperio mongol de Gengis Khan) pero con el tiempo los musulmanes de España y los mongoles de China se fueron independizando de sus mentores.

En el siglo XV, los dos países vuelven a escribir historias similares al mirar a ultramar en busca de comercio con otros mundos: si los navíos españoles llegaron a América, los chinos alcanzaron el sureste asiático, el subcontinente indio y la costa africana (algunos dicen que también llegaron a América, aunque eso es algo más discutible). Cierto es que España continuó esas exploraciones con conquistas que China no imitó, aunque los chinos sí usaron esta navegación para comenzar unas relaciones comerciales con otras partes de Asia, especialmente el sureste del continente, que explican en parte las grandes comunidades chinas que hay en esas zonas. Una curiosa semejanza es el origen “extranjero” de los navegantes que lideraron estas flotas, ya que si en España Cristóbal Colón aún no se sabe muy bien de dónde venía, quizá de Italia, Zheng He era un musulmán de Yunnan que al parecer tenía ancestros mongoles y árabes. No hablaré del huevo de Colón, porque Zheng He era eunuco y me saldría un chiste muy zafio. De hecho, creo que ya ha asomado un poco, mecachis.

Os he intentado buscar algunos paralelismos antes de la Edad Contemporánea, pero creo que es sobre todo a partir del siglo XIX, y también en el XX, cuando España y China presentan historias más parecidas, sobre todo en el tono algo infortunado que ambas muestran. Como decía antes, los dos países llegan al siglo XIX como gigantes con los pies de barro, van a verse adelantados por la derecha por otras naciones más avispadas en esas épocas y abrazarán ideologías que a la postre quizá resultarán algo equivocadas.

Los dos países van perdiendo posesiones en la era decimonónica, aunque por razones distintas (Latinoamérica copia el liberalismo estadounidense y se separa de España, mientras que en China entran potencias imperialistas como Francia, Reino Unido, Alemania o Rusia para intentar colonizarla a pedazos). En medio del caos, los dos países sufren en su interior mucha inestabilidad, con el surgimiento de movimientos tradicionalistas que quieren “volver a las raíces” y que acaban siendo funestos y causando guerras civiles: carlistas en España, sectas como los Taiping o los Boxers en China.

A finales de ese terrible siglo para los dos países, el colmo de males les llega cuando naciones que entonces no lideran el mundo, pero empiezan a despuntar, les declaran la guerra casi al mismo tiempo: España se enfrenta a Estados Unidos en 1898, y China al Japón en 1894-95. Los dos caen derrotados y humillados, perdiendo aún más posesiones, entre ellas dos islas (Cuba y Taiwán). A EEUU y Japón esas guerras les valen para presentarse ante el mundo como las futuras potencias que serán en el siglo XX. Y ni chinos ni españoles perdonarán: China sigue teniéndosela jurada a Japón por todo lo ocurrido entre ambos, y aunque España y EEUU sean aliados, el sentimiento antiamericano pervive entre muchos españoles y se sigue pensando en que la Guerra de Cuba fue injusta y seguramente provocada por el “Ciudadano Kane”, William Randolph Hearst.

En esos años turbios, los dos países probaron acabar con sus antiquísimas monarquías y adoptar repúblicas, aunque en ambos casos esos proyectos fueron muy inestables y nunca acabaron de asentarse: la República de China (1911-1949) fue un periodo en el que China estuvo muy fraccionada, donde muchas zonas del país estaban dominadas por señores de la guerra, y en el área realmente controlada por el régimen republicano hubo desde presidentes que intentaron ser coronados emperadores, como Yuan Shikai, a otros que acabaron haciéndose llamar “generalísimos”, como Chang Kai-shek. En España, casi obviando una I República en 1873-74 que no duró ni dos años, la II República de 1931-36 también fue altamente inestable y también desembocó en un generalísimo.

Los años 30 fueron tanto para España como para China quizá los peores de su Historia reciente. Si España vivía una guerra civil, China sufría una invasión, la de los japoneses, y cuando ésta terminó en 1945 ellos la encadenaron también con un conflicto civil, entre comunistas y nacionalistas. Tanto el conflicto bélico chino como el español fueron antesalas de la II Guerra Mundial, ésa en la que los civiles fueron tan víctimas o más como los militares: en 1937 España sufría el bombardeo de Guernica, y China la matanza de Nanjing. En los dos países la resistencia contra el fascismo (japonés en el caso de China, español en el caso de España) acabó protagonizándola el comunismo, quizá injustamente ya que no fueron los únicos en luchar. Cierto es que los bandos ganadores fueron distintos en cada caso (fascistas en España, comunistas en el caso de China), pero el resultado acabó siendo extrañamente parecido: décadas de pobreza, aislamiento internacional y largos gobiernos de Franco y Mao, que se prolongaron hasta mediados de los años 70.

A partir de las muertes de los dos “caudillos” (Franco en 1975, Mao en 1976), los dos países emprendieron grandes cambios pero haciendo algo de tabula rasa con los desmanes anteriores (juicio a la Banda de los Cuatro para adjudicar a unos pocos las culpas de la Revolución Cultural, leyes de amnistía en España para que no hubiera “revanchismos”). En China, cierto es, los cambios fueron sobre todo económicos, manteniendo las apariencias comunistas, mientras que en España fueron más políticos. Pese a que los dos países dicen haber cambiado mucho en cuarentaypico años, hay sectores dentro y fuera de ellos que dicen que en realidad siguen mandando los mismos que en el franquismo o el maoísmo, por lo que piden cambios más radicales, que a muchos sectores de ambas naciones dan algo de miedo porque no saben bien a dónde llevarían. Ese espíritu de cambio llevó a jóvenes de los dos países a acampar en plazas de sus capitales con la palabra “puerta” en sus nombres (la Puerta del Sol y Tiananmen, que significa “puerta de la paz celestial”), aunque obviamente la manera de terminar de las dos protestas fue muy diferente, por suerte al menos para los españoles.

Hoy día los dos países enfrentan en sus periferias similares desafíos con cierto aire regeneracionista pero también nacionalista y populista, en Cataluña y Hong Kong, que en ambos casos se han contestado con condenas a políticos (aunque las de Hong Kong han sido más rápidas y creo que más leves). Curiosamente, otras zonas donde hubo movimientos nacionalistas en el pasado (País Vasco y Tíbet) parecen hoy en día algo menos conflictivas que antaño, aunque podrían seguir latentes sus conflictos.

En fin, quizá he forzado la máquina mucho en algunos párrafos, pero no puedo dejar de pensar que a veces mi país natal y aquel que me ha adoptado década y media a veces parecen dos espejos, aunque sean deformados.

Diplomáticos españoles junto a miembros de la corte Qing, en el Pekín de 1901.