China ya no quiere tocar el cielo

Pasó algo desapercibido, porque estábamos como estábamos, pero hace unas semanas el Ministerio de Vivienda y Desarrollo Urbano de China anunció que a partir de ahora se prohibe en ese país la construcción de nuevos superrascacielos (edificios de más de 500 metros) y se limitará mucho la de los que tengan entre 250 y 500 metros. Una decisión muy sorprendente, teniendo en cuenta que China estaba construyendo rascacielos como rosquillas desde hace años y parecía no tener suficiente con los cientos surgidos en la última década. Ya no sólo en Shanghai, la ciudad de los rascacielos por excelencia en el país desde principios de siglo, sino ya en todas partes: toda capital de provincia o hasta segundas o terceras ciudades de cada provincia tenían ya los suyos. Lugares como Shenzhen, Hangzhou o Xiamen se habían convertido en pequeños Singapures.

Como digo, es toda una sorpresa este giro de 180 grados, comparable a cuando China dejó de fomentar la natalidad en tiempos de Mao a prohibir tener más de un hijo en tiempos de Deng Xiaoping. China nunca ha tenido el edificio más alto del mundo (actualmente es la horrenda torre Burj Khalifa de Dubai), pero cinco de los 10 edificios más altos del planeta en la actualidad son chinos. Entre ellos está la Shanghai Tower, que con 632 metros es el segundo rascacielos más alto del mundo, y es el que más destaca en la foto que abre el post de hoy.

Por cierto, nueve de los 10 edificios más altos del mundo están en Asia: la excepción es el edificio que sustituyó a las Torres Gemelas en Nueva York, el One World Trade Center. No sólo aparecen como setas en Extremo Oriente, sino también en los países más ricos de Oriente Medio.

No se sabe muy bien a qué se debe este giro de timón en la arquitectura china, aunque el ministerio decía en la directiva en la que anunciaba estos cambios que los nuevos proyectos que deben fomentarse en el país han de «encarnar el espíritu de cada ciudad, representar el estilo de los tiempos y destacar las características chinas», así que tras todo ello parece que se ha interpretado que los rascacielos son un diseño arquitectónico extranjero (de hecho son algo muy estadounidense) y el abuso de ellos está acabando con el alma de muchas ciudades del país. Algo con lo que estoy totalmente de acuerdo, aunque no sé si se dan cuenta un poco tarde.

2 Comentarios

  1. Curiosa noticia. Lo primero que he pensado es que pudiera ser una cuestión de seguridad antiterrorista o de prevención frente a sismos. Incluso que tenga motivos económicos, por lo caro de su mantenimiento, o porque pueda fomentar la corrupción, dado que suelen ser auténticos pelotazos inmobiliarios. Me cuadraría también que estén intentando alejarse de la imagen de consultor o empresario de alto poder adquisitivo tan afín al ideario del éxito capitalista. Así que me resulta curioso que la razón tenga que ver con la planificación urbana de las ciudades.
    Supongo que tiene que ver con que los rascacielos funcionen como polos atractores de la actividad, que desequilibran el crecimiento de las ciudades, trasladando la riqueza a unas pocas zonas cercanas y perjudicando a extensas zonas residenciales de bloques de viviendas normales. En ese sentido parece una medida que podría ser bastante acertada.

    • Puede ser, seguramente han tenido en cuenta esos factores y muchos otros, como el carácter occidentalizante de los rascacielos, o el hecho de que muchas empresas que los promueven son o bien extranjeras o son multinacionales chinas ya demasiado grandes (cuando una empresa china se hace demasiado grande el Gobierno le corta las alas, como bien sabe Wang Jianlin).

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