Chinos contra las cuerdas

Durante décadas pensé que sólo la primera película de la saga de Rocky, la que se llevó el Oscar, era digna de ver, y desprecié el resto. Hace unos días me vi las cinco que me quedaban y hasta las dos de Creed (están en Amazon Prime), fui con ello consciente de mi imperdonable error, y para compensar décadas de equivocación en mis gustos hoy voy a dedicar este blog al boxeo. Al boxeo en China, evidentemente.

El boxeo llegó a tierras chinas a finales del siglo XIX y principios del XX, traído por marineros occidentales que atracaban en puertos como los de Shanghai y Cantón, donde celebraron las primeras peleas con rivales chinos.

Un marinero chino y un estadounidense pelean a tumba abierta en «El Yangtsé en llamas», película de 1966 de la que ya os he hablado alguna vez.

No está de más recordar que en esa primera época hubo una famosa revuelta en China que pasó a la historia con el nombre de «Rebelión de los Boxers» («boxeadores» en inglés, nada que ver con calzoncillos), aunque esos rebeldes eran más bien practicantes de artes marciales chinas (kung-fu, tai-chi y derivados) que los occidentales, para simplificar, denominaban entonces «boxeo chino».

Boxers de la época, sin guantes ni protector dental. En China se les conoce con nombres más molones, como aquel que podría traducirse como la «Sociedad de los Puños Correctos y Armoniosos».

El boxeo occidental cayó en el ostracismo a partir de los años 50 del siglo pasado en China, cuando un boxeador local murió en un combate en Tianjin. Desde entonces ese deporte empezó a ser muy mal visto, una tendencia que se acentuó en los 60 y 70, con la Revolución Cultural, que prohibió ése y otros deportes extranjeros que se consideraron decadentes y capitalistas.

Tuvo que ser la gran leyenda del boxeo, Mohamed Ali, quien resucitó el boxeo en China, o por lo menos ayudó mucho a su resurrección. Ali visitó el gigante asiático en 1979 por primera vez (también lo haría en los 80) y, ayudado por su fama de gran crítico de la política estadounidense, se reunió con Deng Xiaoping. Seguramente en esa reunión convenció al Pequeño Timonel de que el boxeo volviera a China.

Justo en esa época, concretamente en 1981, nacía el que seguramente es el mejor boxeador chino de la historia, aunque eso todavía no sea mucho decir: Zou Shiming.

Zou, como tantos boxeadores, nació en una familia muy humilde, en su caso en una de las provincias más pobres de China (Guizhou). De niño era mal estudiante y su sueño era ser un maestro del kung fu, pero en el gimnasio le pareció que el boxeo era un deporte más «libre», alejado de la férrea disciplina de las artes marciales chinas, y se pasó a él.

En Atenas 2004 fue el primer boxeador chino en ganar una medalla olímpica (de bronce), y cuatro años después, en 2008, lograría una de oro que le convertía en el primer campeón olímpico chino de boxeo, un título que repetiría en 2012 (siempre en peso minimosca, el más pequeño).

El boxeo olímpico sigue siendo una disciplina amateur, y Zou decidió tras 2012 pasarse al boxeo profesional, con combates en Macao, Las Vegas y el Madison Square Garden: así es como conseguiría el campeonato mundial de peso mosca, aunque creo que actualmente el boxeo está dividido en varias federaciones enfrentadas, así que no sé si su título fue el más gordo en ese peso o no.

En 2017, defendiendo ese título, perdió por KO técnico ante el japonés Sho Kimura, y para colmo en ese combate sufrió una lesión ocular que le obligó a retirarse. En los últimos años ha habido otros campeones profesionales chinos, aunque quizá no han conseguido en su país la fama de Zou.

Ya que a veces en los posts me salgo de China para hablar también del resto de Asia Oriental, no querría terminar el texto de hoy sin señalar que seguramente el deportista asiático más famoso de todos los tiempos es un boxeador, quien además es sin duda el púgil más famoso en todo el mundo actualmente. Me refiero, cómo no, al filipino Manny «Pacman» Pacquiao.

Único boxeador de la historia que ha ganado el título mundial en ocho categorías de peso diferentes, Pacquiao es en su país mucho más que un deportista, es seguramente su máximo orgullo nacional: ha grabado discos, ha protagonizado películas, es senador en el parlamento filipino, y hasta preside el partido que ahora gobierna el partido gobernante (sí, el de Rodrigo Duterte).

Qué narices, es que hasta el logotipo del partido homenajea a Pacquiao y al boxeo. Con él, dándoos un imaginario directo en los morros, me despido por hoy.

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