Chinos en una galaxia muy, muy lejana….

(El post de hoy debería leerse con la música del siguiente vídeo de fondo).

Si en marzo y en abril dediqué buena parte del confinamiento a ver películas de Ghibli, en mayo me ha dado por ver todas las películas de Star Wars, gran saga galáctica que me pilló demasiado pequeño en su trilogía original como para ser un fanático. Pese a ello, el pasado 4 de mayo, por hacer la gracia del Día de Star Wars («May the Four…ce be with you») pedí un día festivo en el trabajo y me vi de un tirón los episodios del 1 al 5. En días siguientes me zampé los cuatro que me quedaban, y luego me metí entre pecho y espalda las tres películas «sueltas» del universo Star Wars, es decir, Rogue One, Solo y hasta la peli animada El Ataque de los Clones. Para rematar, me he visto la serie The Mandalorian, y sí, me he tenido que suscribir a Disney Plus para poder ver gran parte de todo esto.

Esto no me convierte en un fanático de Star Wars, porque la fiebre se me pasará, y dentro de unos meses se me habrá olvidado qué pasaba en Naboo, Alderaan, Mustafar o Exegol. Además, difiero de un verdadero amante de la saga en que no odio La Amenaza Fantasma o Los Últimos Jedi, o que pienso que muchas cosas de la trilogía original han envejecido mal, incluido el humor de Han Solo.

En todo caso, quiero hablaros, como no podía ser de otra manera en esta web, de las relaciones entre Star Wars y China (o Asia), que así a bote pronto no parece haber muchas, pero haylas.

La trilogía original no llegó a China, que a finales de los 70 y principios de los 80 no tenía demasiada relación con Occidente. El cartel que he puesto en la portada de este post seguramente corresponde al estreno del film en Hong Kong, entonces colonia británica. Y las letras del vídeo al inicio de este post son obra de un fan, en realidad las pelis de Star Wars que se han visto en China conervaron los títulos originales en inglés. La trilogía-precuela que se estrenó con el cambio de siglo y milenio tampoco llegó a los cines chinos, pero sí la última de las trilogías, con menos éxito del que se esperaba entre los espectadores del país, quizá porque no habían visto las pelis anteriores. En esta trilogía apareció el primer personaje principal encarnado por un intérprete asiático, la Rose Tico de Los Últimos Jedi y El Ascenso de Skywalker.

La actriz es Kelly Marie Tran, que no tiene orígenes chinos sino vietnamitas (sus padres llegaron a EEUU como refugiados de la Guerra del Vietnam).

Este personaje fue muy criticado por los fans históricos de la serie, como todo el octavo episodio, y la actriz de hecho recibió muchos mensajes con insultos racistas, por lo que el director Rian Johnson y sus compañeros de reparto tuvieron que salir en su defensa. Hay mucho hater en Star Wars al que me parece que lo que les pasa es que no sienten por las pelis nuevas, con 40 o 50 años, la fascinación que sintieron de niños, y le echan la culpa a los directores cuando es cuestión de biología.

Sin embargo, si queremos encontrar actores realmente chinos en películas de Star Wars, nos tenemos que ir al spin-off Rogue One, que a mí me aburrió un poco (quizá porque llevaba ya demasiadas películas de la saga a cuestas ya) pero en el que aparecen dos artistazos de Oriente como son Jiang Wen y Donnie Yen.

Jiang Wen fue nada menos que el protagonista de Sorgo Rojo, la película con la que Zhang Yimou comenzó a hacerse famoso en los años 80. Más tarde Jiang alternó interpretación con dirección y en su filmografía como realizador hay películas muy alabadas en China por público y crítica, que no he podido ver porque siempre que las compré en DVD no tenían subtítulos en inglés: Let the Bullets Fly, Devils on the Doorstep, In the Heat of the Sun… Sus pelis suelen ser violentas y con muchos tiros, así que quizá podríamos compararle, salvando las distancias, con un Quentin Tarantino o un Guy Ritchie con características chinas. Quizá como homenaje a ello, en Star Wars encarna a Baze Malbus, una especie de Rambo galáctico pertrechado con una potente ametralladora y que si no te dicen que es un actor chino ni te enteras. Y al hablar su dicción en inglés es perfecta, a diferencia de Donnie Yen.

Su gran amigo en la película es el ciego y letal monje Chirrut Imwe, encarnado por el ya citado Donnie Yen, una estrella del cine de artes marciales hongkonés que podríamos poner casi al mismo nivel de Jackie Chan o Jet Li. Su personaje en Rogue One, de hecho, tiene unas escenas de kung fu que para mi gusto son lo más salvable de toda la película, dejando KO a los stormtroopers con unas técnicas combativas que ni los jedis más avezados seguramente conocerán.

Para seguir viendo artistas asiáticos en Star Wars nos tenemos que ir a The Mandalorian, maravillosa serie estrenada el pasado año, en la que vemos en uno de los capítulos, con un papel corto pero interesante, a una asesina encarnada por la actriz de Macao Ming-Na Wen. Quizá no os suene mucho esta actriz, pero debería pasar a la historia por haber sido quien dio voz a Mulan, la primera «princesa Disney» china.

Además, algunos de los mejores capítulos de The Mandalorian han sido dirigidos por Deborah Chow, canadiense de padre chino que se ha convertido en la primera mujer en dirigir algo en la gran factoría Star Wars, y al parecer va a seguir haciéndolo en futuras series que prepara Disney.

Chow dando instrucciones al actor chileno Pedro Pascal en The Mandalorian (Pascal, por cierto, protagonizó el blockbuster de Zhang Yimou La Gran Muralla).

Como veis, la presencia china y asiática en Star Wars ha ido creciendo en los últimos años, de manera paralela a como Hollywood ha ido introduciendo historias orientales en sus grandes superproducciones para intentar acercarse a ese mercado tan gigantesco. Aunque lo cierto es que en China Star Wars no ha conseguido pegar tan fuerte como las pelis de Marvel, Transformers o Fast & Furious.

En un plano más argumental, hay quienes teorizan que el concepto de la Fuerza, el gran poder que tan presente está en las películas de Star Wars, está inspirado en el «chi» del taoísmo, que tiene muchos significados pero entre ellos podría estar el de «fuerza». El taoísmo además entiende que hay una dicotomía entre el bien y el mal, dentro del sistema del yin y el yang, que podría quizá haber inspirado que haya un lado bueno de la Fuerza (los jedi) y otro oscuro (los sith). De todos modos, he visto comparaciones del jedismo con muchas otras religiones, incluida la católica (¿nació Anakin por inmaculada concepción?), así que tampoco grabemos todo esto en piedra.

En esta gran escena del noveno episodio Rey parece más motivada por el budismo que por el taoísmo.

Esté o no la sabiduría oriental presente o no en la religión jedi, ¡que la fuerza os acompañe, mis jóvenes padawán!

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