Chinos frente al Holocausto judío

Refugiados judíos en el ghetto de Shanghái durante la Segunda Guerra Mundial.

Israel concede desde su fundación el título de «Justos entre las Naciones» a aquellas personas de todo el mundo que ayudaron a judíos a escapar de ese infame Holocausto («Shoah», en hebreo) que los nazis organizaron durante la Segunda Guerra Mundial. El justo entre las naciones más famoso es Oskar Schindler, empresario alemán que salvó a unos 1.200 judíos de morir en campos de concentración y al que Steven Spielberg dedicó una de sus películas más aclamadas.

Hay casi 27.000 justos entre las naciones (el país que tiene más es Polonia, con más de 6.800, y Holanda ocupa un sorprendente segundo lugar, con más de 5.600). China, pese a la penosa situación que atravesaba en aquella época (los japoneses la habían invadido y a veces practicaron con los chinos técnicas de exterminio comparables a las de los nazis con los judíos) también puso su modesto granito de arena en la salvación de judíos que huían de las cámaras de gas, por lo que hay dos chinos reconocidos por Israel como justos entre las naciones.

El primer chino que recibió este reconocimiento por parte del Estado hebreo fue Pan Junshun, un humilde trabajador que emigró a Rusia poco antes de la revolución de 1917 y luego a Ucrania antes del estallido de la Segunda Guerra Mundial. Pan fue premiado por salvar la vida de Ludmilla Genrichovna, una niña ucraniana judía que escapó de un campo de detención nazi. Es una pequeña pero triste historia de las millones que tuvo que dar aquella guerra: Ludmilla perdió a su madre, que le había ayudado a escapar pero se quedó en el campo donde probablemente murió ejecutada, y Pan perdió en esa guerra a sus dos hijos en el frente.

El otro chino justo entre las naciones fue Ho Feng-shan, que era cónsul general de la República de China en Viena durante la guerra, y que como muchos diplomáticos de otros países en legaciones de Europa Central (buena parte de la lista de justos entre las naciones la compone este tipo de personas) usó su influencia y la inmunidad diplomática de su embajada para refugiar en ella a judíos y luego sacarlos de la Austria entonces ocupada por los nazis para llevarlos a China.

Su hija recibió el título póstumo para su padre en el año 2000. Aquí lo muestra, en compañía del entonces alcalde de Taipei, Ma Ying-jeou, quien años después sería presidente de Taiwán.

Ho salvó a más de 2.000 judíos en Viena (no es que las cifras importen demasiado en medio de aquella catástrofe, pero rescató más que el más famoso Oskar Schindler) y muchos de ellos fueron a vivir temporalmente al ghetto de Shanghai, donde se refugiaron unos 23.000 judíos en los años 30 y 40. Shanghai, en un momento de muchas dificultades por la invasión japonesa, hizo el esfuerzo de recibirlos y además no requería visado para su entrada, no sé si por cuestiones humanitarias o porque la ciudad era un puerto muy abierto en aquella época y no pedía visa a nadie.

A Shanghái llegaron judíos huidos por su propio pie o con la mediación de otros justos entre las naciones de países diferentes a China. Merece la pena mencionar aquí, ya que es país vecino, que el único justo entre las naciones japonés, Chiune Sugihara, hizo algo parecido a lo que Ho hizo en Austria pero en su caso en Lituania, donde era vicecónsul general de Japón. Salvó a más de 3.400 judíos, y no sé muy bien cómo se negoció su destino dado que entonces China y Japón eran acérrimos enemigos, pero lo cierto es que muchos de ellos acabaron en Shanghai.

No llevó judíos a Shanghai que yo sepa, pero tiene gran conexión con China el más famoso justo entre las naciones español, Ángel Sanz Briz (apodado «el ángel de Budapest», y al que creo que hace un tiempo le dedicaron una serie de televisión en España con ese nombre). Sanz Briz fue otro diplomático al que la guerra le pilló en un terreno complicado, en su caso la capital de Hungría, y desde allí salvó a unos 5.000 judíos, no sólo escondiéndolos de la Alemania nazi sino también de la España franquista, que al menos sobre el papel era ideológicamente afín a Hitler y prefería lavarse las manos en este tipo de asuntos.

Mural dedicado a Sanz Briz en Budapest.

Si os preguntáis qué tiene que ver Sanz Briz con China es porque aún no os he contado que, 30 años después, este aragonés fue el primer embajador español en la República Popular de China, cuando los dos países establecieron lazos en 1973. Era ya mayor, pero aún le dio tiempo de ser más tarde embajador en el Vaticano (fue del país más poblado al menos poblado del mundo) y falleció en 1980, tras una larga carrera diplomática en la que también trabajó en EEUU, Perú, Bélgica, Holanda o Guatemala.

Sanz Briz (cuarto por la izquierda) junto a políticos chinos de la época maoísta.

Aunque ya me saldría del tema de hoy, creo que no estaría de más recordar los paralelismos de estos justos entre las naciones con otros extranjeros que salvaron las vidas de miles de chinos durante la invasión japonesa de China, sobre todo durante la Matanza de Nankín (1937), el peor ejemplo de crimen de guerra de los japoneses durante la Segunda Guerra Mundial. El más famoso salvador de ciudadanos chinos en aquella masacre con 300.000 asesinados fue un miembro del Partido Nazi, el empresario John Rabe. Se le suele llamar «el Schindler chino», y también tiene biopic, aunque no tan famoso como el de Spielberg.

Rabe, directivo de Siemens, lideró las negociaciones con los japoneses para crear una zona de seguridad en Nankín que sirviera en teoría para acoger en ella a los extranjeros de la ciudad, aunque en la práctica también se uso como refugio o pasillo de salida para alrededor de 200.000 chinos. Los chinos no tienen diploma de «justo entre las naciones», pero si crearan algo parecido seguramente el primer reconocimiento sería para este germano.

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