Cien años del mayo que calentó China

La semana pasada la gasté descansando en España, así que dejé un poco olvidada esta web y no pude escribir algo el día en el que se celebraba en China el centenario del Movimiento del 4 de Mayo (aquella jornada me pilló volando de Ginebra a Madrid). No quería esperar al segundo centenario para escribir algo de aquel hecho histórico, así que lo haré hoy, aunque sea con unos días de vergonzoso atraso.

Hace un siglo el mundo, Europa sobre todo, estaba recién salido de la Primera Guerra Mundial (1914-18) y celebraba en 1919 la Conferencia de Paz de París, que cristalizaría en diversos acuerdos entre las potencias beligerantes, siendo el más conocido el Tratado de Versalles. Aquellas conferencias, por cierto, fueron muy importantes para Ginebra, la ciudad en la que actualmente trabajo, porque con ellas se determinó la creación de nuevos organismos internacionales con el fin de intentar evitar nuevas guerras mundiales que iban a tener su sede en la ciudad suiza, como la Liga de Naciones (antecesora de la ONU) o la Organización Internacional del Trabajo. Fue el gran comienzo de Ginebra como capital internacional de la diplomacia y la mediación, aunque ya tuviera algo de fama exterior por ser desde 1863 la base de la Cruz Roja. Para China esas conferencias fueron también muy importantes, pero por motivos muy distintos.

El país asiático estuvo en esas negociaciones de paz, porque aunque no se sepa mucho hoy en día, los chinos habían participado en la Gran Guerra al lado de los aliados, aunque no fuera exactamente con soldados ¿Por qué los chinos se unieron en una conflagración tan lejana para ellos? Sigamos yendo hacia atrás en el tiempo para explicarlo.

En el siglo XIX y principios del XX, China había sufrido la colonización de algunas partes del país, sobre todo sus puertos, por parte de las potencias europeas, Japón y Estados Unidos. Alemania, que no fue ajena a ello, ocupó la zona de Shantung (hoy provincia de Shandong), donde se encontraba la ciudad de Tsingtao (hoy Qingdao, y famosa por una cerveza que, huelga decirlo, fue un legado germano). Al poco de estallar la Primera Guerra Mundial, Shandong fue asediada por Japón y el Reino Unido, en lo que fue el único episodio de la Primera Guerra Mundial en Asia. Los alemanes fueron derrotados, y los japoneses se quedaron con la provincia, aprovechando la debilidad de una China que llevaba sólo tres años siendo república y era gobernada por el funesto presidente-emperador Yuan Shikai.

La debilidad china le hizo optar por la neutralidad en aquella guerra, pero cuando ésta llevaba ya unos años en marcha su Gobierno cambió de opinión y propuso a los aliados unirse a ellos a cambio de la recuperación de algunas de las zonas colonizadas por Occidente. Tras algunas negativas, se autorizó la participación china en 1917, con la guerra ya próxima a su fin, pero no con militares, sino con trabajadores desplazados a Francia para ser empleados en fábricas cuyos trabajadores habían tenido que ir al frente, o también como peones para tareas como cavar trincheras, arreglar tanques, transportar agua y alimentos a los soldados… Se les denominó China Labour Corps, eran unos 140.000 y algunos de ellos se quedaron en Europa tras la guerra, formando las primeras colonias chinas en ciudades como París o Londres.

Miembros del Chinese Labour Corps cortando alambradas en Francia.

Se cree que unos 20.000 perecieron, algunos de ellos siendo víctimas colaterales en un frente en el que técnicamente no lucharon, aunque la mayoría fueron víctimas de la mal llamada «gripe española» que azotó el mundo justo en los últimos años de la contienda.

Tumba de uno de ellos en un cementerio de veteranos en Francia.

Cuando la guerra terminó, China acudió a las Conferencias de París con un objetivo principal: recuperar como mínimo Shandong, que llevaba unos años controlada por los japoneses, usando como argumento el servicio prestado con el China Labour Corps y el hecho de que Alemania, la original colonizadora, había perdido en el conflicto. El problema es que el Reino Unido había pactado antes con Japón una alianza al principio de la guerra a cambio de quedarse con la colonia alemana, así que finalmente en las negociaciones se decidió que esa provincia costera seguiría en manos niponas. A China prácticamente no se le compensó con nada, como si hubiera estado en el bando perdedor (le pasó algo similar a Italia). Esto indignó a los chinos -muchos de los que habían formado parte del China Labour Corps, para colmo, venían de Shandong- y así se creó el gran detonante del Movimiento del 4 de Mayo.

En la tarde de ese día de 1919, unos 4.000 estudiantes de la capital china, venidos de la Universidad de Peking y otros campus, se dieron cita en Tiananmen para exigir al Gobierno republicano que no aceptara lo negociado en la Conferencia de París. Las protestas subieron de temperatura, hasta el punto de que los estudiantes se dirigieron a las casas de algunos de los diplomáticos que habían representado tan mal los intereses chinos en París, quemaron las viviendas e intentaron atacar a estos políticos y a sus sirvientes. En los días siguientes hubo llamadas al boicot de los productos japoneses, quemas de éstos -esta costumbre se ha repetido muchas otras veces incluso en años recientes- , y la protesta se extendió a otras ciudades como Shanghai, donde se inició una huelga que ponía en peligro la economía del país.

Quema de objetos japoneses en la Universidad de Tsinghua.

El Gobierno chino, asustado por la envergadura de las protestas, destituyó a los altos cargos que habían participado en las negociaciones de París, y al final China ni siquiera suscribió el Tratado de Versalles, que se firmó a finales de junio de 1919. Ello no impidió que Shandong siguiera en manos japonesas, pero fue por poco tiempo, ya que con presión estadounidense se logró que los nipones se retiraran de la provincia en 1922. Esa zona a continuación pasaría a ser controlada por señores de la guerra, por lo que seguiría siendo bastante independiente de Pekín, pero ésa es otra historia.

Para los chinos, el Movimiento del 4 de mayo sigue siendo a día de hoy muy importante porque lo ven como la primera «revolución popular» de la historia moderna del país. Cierto es que antes que él hubo movimientos que deseaban cambiar radicalmente la nación, como la Rebelión Boxer de 1899-1901 o el levantamiento que en 1911 derrocó al emperador, pero sus bases no eran exactamente populares (los boxers eran una especie de secta guerrera, y los que derrocaron al emperador fueron principalmente miembros del ejército). El 4 de mayo, inspirador de intelectuales como el escritor Lu Xun (el padre de la moderna literatura china), es considerado una especie de 15-M para la China de hoy en día: fue hijo del hartazgo ante un gobierno débil, zarandeado por los intereses colonialistas de Occidente y de Japón, que entonces comenzó a ser visto como el gran rival regional que sigue siendo hoy para el ciudadano chino de a pie.

También estuvo inspirado por acontecimientos como la Revolución de Octubre que dos años antes había explotado en Rusia, aunque no puede considerarse en absoluto un levantamiento comunista. De todos modos, algunos de los líderes que desde la Universidad de Peking participaron en ese 4 de Mayo, como Li Dazhao o Chen Duxiu, acabarían escorándose más a la izquierda para fundar poco después, en 1921, el Partido Comunista de China. En la universidad pequinesa trabajaba como ayudante de biblioteca un jovencito Mao Zedong que, si bien no fue protagonista de las protestas de 1919, siempre dijo que éstas le sirvieron de inspiración para su posterior larga marcha hacia la revolución que le aupó al poder. El 4 de mayo dejó además una impronta de «base revolucionaria» en universidades como la de Peking, que seguiría teniendo décadas después en la Revolución Cultural (1966-76), en las protestas que tras la muerte de Mao desembocarían en la caída de la Banda de los Cuatro, o en las malogradas protestas de 1989, que este año también serán muy recordadas en su 30 aniversario (pero fuera de China, no dentro).

El pasado 4 de mayo China celebró el centenario de este movimiento con la típica ceremonia en el Gran Palacio del Pueblo en la que Xi Jinping dio uno de sus habituales discursos (si os armáis de valor podéis escucharlo aquí traducido al español). En las gradas habitualmente ocupadas por militares o grises políticos comunistas hubo esta vez muchos jóvenes estudiantes, en honor a los que hace cien años se lanzaron a Tiananmen.

En vez del rollo de Xi, ilustro con esta multicolor celebración que hubo en una universidad de Shanghai.

Hay diversos monumentos al 4 de Mayo en toda China, aunque dos de ellos son especialmente destacados: el primero se encuentra junto a la antigua sede de la Universidad de Peking, cerca de la Ciudad Prohibida, y en una calle que, como no podía ser de otra forma, fue renombrada como Wusi Jie («Calle del Cuatro de Mayo»). Es pequeño y a mí en 17 años me pasó totalmente desapercibido, pero es éste:

La antigua sede universitaria es hoy un museo que explica muchas cosas del histórico movimiento.

Otro memorial, mucho más grande, se encuentra en Qingdao, ciudad importante en esta historia, como ya hemos podido ver. Es fácilmente visible en el paseo marítimo, se construyó hace cosa de una década, y es conocido como el «Viento de Mayo», como recuerdo de aquel vendaval que cambió hace cien años la forma de pensar y la historia de China. A ver si algún día de éstos vuelve a soplar.

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