Ciudad Prrrrrrbida

No sé si en los meses que llevo ya lejos de Pekín ha cambiado la cosa, pero en principio en su famosa Ciudad Prohibida, nombre con el que se conoce popularmente al antiguo palacio imperial, la mayoría de los salones de emperadores, emperatrices y concubinas están cerrados al público y sólo se pueden ver a través de cristales desde el exterior (en muchos casos ni eso). Los únicos que pueden entrar a cientos de prohibidas habitaciones son los cientos de gatos que viven en el famoso monumento, unos animales de los que yo quise hacer alguna crónica cuando estaba en la capital china pero nunca encontré el tiempo o el gancho suficiente para hacerlo.

Estos gatos son en su mayoría animales abandonados o perdidos que de una manera u otra han llegado al palacio, quizá por el simple hecho estadístico de que, al ser uno de los recintos más grandes de la ciudad, alguna que otra mascota tiene que acabar llegando. Muchos visitantes les dan comida si los ven (hay algunos que entran en el palacio exclusivamente para ver a los gatos), y los cuidadores de la Ciudad Prohibida son permisivos con ellos, así que a muchos felinos no les debe parecer un mal lugar para vivir.

Cabe mencionar que la oficina de administración de la Ciudad Prohibida, una institución bastante grande en tamaño e importancia en Pekín, intenta que todos estos gatos sean esterilizados, algo que tiene cierto toque irónico teniendo en cuenta que durante siglos, hasta 1911, todos los hombres que vivían en ese palacio, salvo el emperador y sus parientes, también estaban esterilizados, al ser eunucos. Los pobres gatos han heredado las crueles prácticas contra los hombres de antaño, pero en caso contrario quizá la población gatuna del lugar podría llegar a niveles alarmantes.

Ni que decir tiene que la Ciudad Prohibida presume de no tener ni una rata o ratón dentro del recinto, y ésa es quizá la principal razón de que el lugar se haya convertido en un santuario para los gatos abandonados. O que se les deje entrar a lugares antaño reservados sólo al emperador, Hijo del Cielo, y que ahora ni siquiera pueden ver los turistas pese a pagar entrada.

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