Cóctel cultural

 

La cultura moderna de China -la actual, no la preservada en el formol de los museos- es todavía algo muy lejano para España o Latinoamérica, y probablemente lo seguirá siendo siempre, pero es cierto que en los últimos 10 o 15 años ha dejado de ser una gran desconocida y ha despertado interés en mucha gente. Multitud de cosas pueden haber influido en ello, desde el nobel a Mo Yan hasta la internacionalización de China en lo político o en lo económico, la organización de los JJOO de Pekín, las películas de Zhang Yimou o hasta las trapisondas de Ai Weiwei.

Junto a esta progresiva salida al exterior de la cultura china, y quizá como consecuencia de ella, nos estamos encontrando con algunos curiosos casos de “mestizaje” entre ambos mundos, el chino y el hispano. Veamos tres casos que no ocurren en suelo chino, sino en España o Latinoamérica:

EN MÚSICA: GAS, EL GRUPO BARCELONÉS QUE CANTA EN MANDARÍN

Gas es un grupo formado en 2009 que desde 2012 decidió dedicarse casi exclusivamente a cantar en chino para buscar originalidad en el panorama musical español y de paso intentar darse a conocer en el mercado oriental. Con un sonido eminentemente indie y un acento chino de su solista bastante decente (desde luego, bastante mejor que el de Avril Lavigne) el grupo ha sacado un disco en mandarín y prepara otro.

Gas es además responsable de la versión en mandarín del himno del Barça, club que tiene muchos seguidores en China, aunque ahora que el equipo está de “cambio de ciclo” me da que muchos chinos se van a pasar al Real Madrid o incluso al Atleti (los fans de este país son bastante chaqueteros y siempre van con el ganador).

EN CÓMIC: GAZPACHO AGRIDULCE, VIÑETAS CHINO-ANDALUZAS

El webcómic Gazpacho Agridulce surgió en octubre del pasado año y en pocos meses se ha convertido en un gran bombazo, hasta el punto de que su autora, la chino-algecireña Quan Zhou Wu, lo ha conseguido colar como sección fija en las webs de El País y del canal de televisión Divinity. El título del cómic ya avisa: en él la autora, que se define como una china con carácter muy andaluz, cuenta con humor irreverente su vida, y el choque cultural al que se enfrenta en el día a día (sobre todo con su muy tradicional madre, dueña de un restaurante chino y gran protagonista de las historietas).

Quan cuenta cosas en el fondo parecidas a las que los españoles “sufrimos” en China, quizá desde el otro lado del espejo, siempre con un toque de gracia gaditana. Con un tono aparentemente ligero, cuenta en un par de viñetas cosas sobre las diferencias culturales entre Occidente y Oriente que a un sociólogo le costaría varios tomos explicar.

Su caso es muy intrépido, porque por una parte no son muchas las mujeres que se meten en el mundo del cómic (su estilo recuerda un poco al de Maitena, aunque supongo que ella estará harta de que le comparen) y por otra parte porque prácticamente nadie había llevado al cómic en español el tema de los inmigrantes chinos (y menos alguien de dentro del propio colectivo).

EN LITERATURA: SANTIAGO GAMBOA, PÁGINAS EN PEKÍN

Usar China como escenario de un libro o novela no es tan raro, ya en el siglo XIX lo hizo Julio Verne con sus Tribulaciones de un Chino en China. Pero no son muchos los autores en español que lo han hecho, y más raros aún son los que repiten la experiencia. En esto, el colombiano Santiago Gamboa, uno de los autores con mayor proyección actual en ese país, es una interesante excepción.

Gamboa, quien ha viajado varias veces a China, tiene tres libros ambientados en este país, concretamente en Pekín: Los Impostores (2001), Octubre en Pekín (2002) y Hotel Pekín (2008). Ojo, no confundan la segunda de las obras con El otoño en Pekín, que es de Boris Vian y poco tiene que ver con la capital china.

La última de las obras mencionadas surgió de un viaje a China que Gamboa hizo con su amigo, el director colombiano Sergio Cabrera, para intentar poner en marcha un proyecto cinematográfico en el país asiático que al final no resultó. (Cabrera, entusiasta del maoísmo en sus años de juventud, vivió en China durante los 60 y 70, incluso durante los años de la Revolución Cultural).

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