Con paraguas sin que llueva

Me encuentro en la ciudad de Hong Kong, donde el curro me ha enviado unos días para que informe de las protestas prodemocráticas que se han ganado el internacional nombre de la “Revolución de los Paraguas”. Guardo lo más informativo para los artículos del trabajo, pero en este blog comentaré mis impresiones personales sobre las protestas.

Para empezar, me he quedado asombradísimo de las zonas que las protestas han conseguido cortar. Antes de venir a Hong Kong pensaba que los estudiantes y demás activistas se habrían colocado en plazas (imagino que me estaba acordando más de Tiananmen o del 11M), pero no señor, el Umbrella Movement ha cortado calles, y calles importantísimas de la ciudad. En la isla de Hong Kong, en Admiralty, han tomado un par de kilómetros de una señora autopista, por la que es impresionante ir caminando sin ver coches. No sólo se han colocado junto a la sede del gobierno local, un edificio enorme y horroroso que tiene aspecto de ser la sede del Gran Hermano, sino que también están junto a los cuarteles del Ejército chino en el territorio, ¡eso son huevos!

Otro campamento más pequeño, en Kowloon, se ha instalado en Mong Kok, posiblemente el barrio más densamente poblado del mundo (de hecho, hay mucho más follón allí en las calles no ocupadas que en las ocupadas por los prodemocracia), y encima han cortado nada menos que Nathan Road, que es como la Gran Vía kowloonesa. Para los poquitos paisanos que me lean desde Huesca: éstos sí que han peatonalizado el Coso, ¡a lo bestia!

También me ha sorprendido el tremendo civismo de las protestas. Ya lo habían comentado amigos que habían ido allí, y muchos medios, pero hasta que no lo ves con tus propios ojos no te das cuenta. La zona de las protestas está más limpia que cualquier otro lugar de Hong Kong (que ya en sí es una ciudad bastante limpia). Son gente muy amable, responden a los periodistas siempre (cosa que en China es realmente complicada). Pero lo que más me ha alucinado fu ayer, cuando he ido a una concentración para conmemorar el mes de protestas, y pese a la gran muchedumbre no había empujones, hasta dejaban un pasillo libre para que la prensa pudiera ir a la primera fila a hacer fotos de los líderes dando sus mítines. ¡Casi lloré!

En torno a la protesta ha surgido además mucho arte y un mundo alternativo digno de ver, algo similar a un movimiento okupa pero a lo bestia. Pancartas, carteles, estatuas, hasta pequeños templos budistas o cristianos hechos con material reciclado en las zonas de protestas, todo un mar de pequeñas contribuciones al movimiento. He pensado que alguien debería recopilar todo esto en un libro homenaje, pero claro, alguien que entienda chino tradicional, porque casi todo está en esa escritura.

No sé si tendrán éxito, si se desinflarán o se reconvertirán en un partido estilo Podemos, pero en fin, es fácil coger simpatía a los paragüistas de Hong Kong, admitiendo también que cortar algunas de las calles más transitadas e importantes de la ciudad no le debe gustar a todo el mundo. A ver qué pasa en los próximos meses en la ex colonia británica, puede ser interesante y esperanzador.

“Quiero democracia real”, reza el cartel, es el lema de las protestas.

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