Conflicto Uber-taxis:
así lo arregló China

Desde China sigo con interés el follón que tenéis en España con la huelga de taxis en Barcelona y Madrid, que encima parece que va a ser indefinida. Mi mitad proletaria se solidariza con esos conductores, porque cada vez tenemos menos derechos en este mundo, aunque mi mitad liberal reconoce que no se puede luchar contra el progreso, y el progreso dice que es más fácil y cómodo pedir un coche que te lleve mediante una aplicación en el móvil.

Mientras continúa mi conflicto interior, lo que os puedo contar a los que no lo conozcáis es lo que pasó en China cuando se dio una guerra similar, y cómo se solucionó, porque en este país más o menos ese problema se terminó hace unos tres años, con un compromiso que mal que bien conformó a todos, tanto a los taxistas como a los conductores de aplicaciones tipo Uber.

En China, para empezar a explicaros, los taxistas siempre han tenido rivales, antes incluso de que llegaran internet, los smartphones y los e-business. Los enemigos primigenios de los taxistas chinos eran los “taxis negros” o heiche, que eran simples coches sin licencia de taxi que por un precio apalabrado con el cliente te llevaban sin taxímetro (normalmente eran más baratos que los taxis legales, aunque si llovía o te veían cara de guiri te querían cobrar más). Antes había muchos taxis negros, y algunos hasta se ponían sobre el capó luces rojas para parecer taxis legítimos cuando los veías desde lejos, pero ahora su número se ha reducido bastante, por lo menos en Pekín, que es la ciudad que más conozco. Como mucho quedan los triciclos-taxi, que se emplean en trayectos demasiado cortos para ir en taxi pero demasiado largos para hacer andando (por ejemplo, de una boca de metro a la oficina). Muchos heiche seguramente se fueron a los servicios tipo Uber.

Los taxistas ya protagonizaron varias protestas en tiempos contra estos taxis negros, así que cuando surgieron las aplicaciones de móvil para alquilar conductores, ya tenían experiencia en conflictos sociales, y sobre todo en los años 2014 y 2015 protagonizaron sonadas huelgas en todo el país. Grandes ciudades como Nankín, Tianjin, Chengdu, Shenyang, Changchun o Changsha se vieron golpeadas por estos paros, que en algunos casos llegaron a cortar avenidas de sus centros urbanos. Las huelgas no estuvieron coordinadas, no fueron a la vez en todas las ciudades sino que primero afectaron a unas y luego a otras, pero el tema comenzó a preocupar a las autoridades. También hubo actos de intimidación, en los que varios taxistas llamaban a un coche con Uber para rodearle y amedrentarle, y actos de represalia por la otra parte, por lo que aquello comenzaba a parecer un conflicto civil.

Protesta anti-Uber en Tianjin en 2015.

Paralelamente a este conflicto, las mismas aplicaciones de búsqueda de conductores tenían el suyo propio, porque primero irrumpió la estadounidense Uber, pionera del sector y líder mundial, pero muy pronto le salieron competidoras chinas como Didi o Kuaidi, apoyadas en muchos casos por grandes empresas chinas de internet.

Ante este gurigay, entre el Ministerio de Transporte y las distintas empresas implicadas en los conflictos acabó imponiéndose ese año una solución salomónica: unirlo todo paulatinamente. Si no puedes vencerles, únete a ellos.

Como resultado, primero las firmas chinas se fusionaron progresivamente hasta formar un gran gigante llamado Didi Kuaidi (aunque luego se ha simplificado hasta ser simplemente Didi), y más tarde éste se fusionó con Uber por imperativo estatal, así que hoy prácticamente la única forma de buscar conductores mediante el móvil es a través de la aplicación Didi, de la que parte de los beneficios van hacia Uber.

Para contentar a los taxistas, esta aplicación ofrece la posibilidad de pedir taxis, e incluso diría que privilegia la solicitud de éstos, ya que son más, y por tanto el tiempo de espera es menor, además de ser más baratos. La alianza de las aplicaciones de móvil con los taxistas ya había empezado con firmas como Didi, antes de que se fusionara con Uber, pues desde el principio sirvió sobre todo para poner en contacto a clientes con taxistas, hasta tal punto que hoy en día es casi imposible pedir un taxi llamándolo desde la calle, casi obligatoriamente lo tienes que solicitar con el celular.

Sin embargo, sigue siendo posible pedir con Didi autos privados, que suelen estar más nuevos y limpios y tienen algunas mejoras en el servicio que a mí personalmente no me importan mucho pero hay gente que sí las valora (el conductor te abre la puerta, a veces habla inglés, te da un botellín de agua o un refresco, la marca del coche es más lujosa, etc). Tanto en este caso como pidiendo taxis puedes pagar al final de la carrera vía móvil, con los servicios tipo Wechat o Alipay, con los que en China prácticamente hemos abandonado el dinero en efectivo.

No sé si esto serviría en España, porque en principio China es un entorno diferente donde los trabajadores en teoría no tienen capacidad negociadora (bueno, en España es parecido pero se mantienen ciertas formas) y el Gobierno impone su parecer a las empresas, aunque se supone que oyendo antes las peticiones de éstas.

Si os preguntasteis al principio del texto cómo es que los taxistas pudieron hacer huelgas en una China donde hay un sindicato único y no hay en realidad derecho a la huelga, os diré que, con derecho o sin él, a veces los trabajadores chinos paran en protestas reivindicativas, los muy valientes. Bien es cierto que tienen más probabilidades de que sus protestas tengan éxito y no sufran represalias si el rival en la huelga es una empresa multinacional extranjera (como Uber en este caso) y no el Gobierno o un potentado local.

6 Comentarios

  1. No todo fue negociación, también hubo algo de imposición, pero en fin, hubo una guerra y todos perdieron algo, aunque más o menos todos consiguieron mantenerse en el negocio. Quizá es una salida aceptable para otros países.

  2. El problema que tenemos a qui, es una sentencia del tsj y el tribunal europeo de justicia que en una sentencia reconoce que tiene que haber una vtc por cada 30 taxis no se esta cumpliendo por que las comunidades autónomas han dado un numero de vtc mayor en madrid sobran 2000vtc para que se cumpla la ley y quien indemniza al que la tenga que perder.

  3. Mi parte liberal dice que por qué los tribunales tienen que establecer cuotas fijas en el sector del transporte… ¿tendrían que establecer también cuántos periodistas debemos escribir en internet para salvar el papel? ¿O cuántos comercios pueden tener ventas vía web, para salvar el comercio internacional? Se viola el principio de igualdad aquí, creo…

  4. Estoy siguiendo el conflicto desde Nanjing pero, sí, mi parte liberal también me hace estar de acuerdo con tu último comentario, Antonio. Es como si los traductores exigiésemos límites a los usos diarios de Google Translate o cuántos Xiaomi Mijia pueden venderse, todo por no saber evolucionar con los tiempos. Poder competir (y sobrevivir) en TODOS los sectores exige adaptarse y ofrecer un valor añadido.

    La diferencia es que periodistas o traductores no hemos pagado 150.000 EUR por comprar una licencia para ejercer en un sector hermético como pocos, pero eso no es culpa del usuario sino del propio sector (que lo ha fomentado) y de las autoridades (que lo han permitido).

    Veremos lo que da de sí la cosa. Parece que, de momento, hay tregua.

    PDT: ¡DiDi funciona de perlas!

    Saludos.

    • Lo de las licencias también tiene delito… ¿se revenden y especulan las licencias de médicos, las plazas de un profesor? Es un despropósito. Deberían ser personales, intransferibles, y no objeto de negocio.

      Y ojalá hiciera falta una licencia para ser periodista, porque eso es lo que causa tanto intrusismo y precarización en nuestro oficio…

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