Coreanos, os entiendo

Me gusta de vez en cuando leer blogs de países vecinos al chino: para Japón, consulto un clásico entre clásicos, Kirai. De Rusia me encanta Crónicas Rusas (que pena que no sea muy prolífico) y para Corea del Sur me dirijo a Paella de Kimchi. En este último el post que quizá me ha impresionado más fue el que hace unos meses nos contaba que todos los surcoreanos se habían vuelto locos por comer y comprar unas nuevas patatas fritas con sabor a miel y mantequilla, las Honey Butter Chip. Hacían colas kilométricas en las tiendas, recorrían toda la ciudad para buscarlas porque en muchos establecimientos estaban agotadísimas, las revendían en internet, ¡incluso hubo sitios donde tuvieron que prohibir comprar a los clientes más de una o dos por persona! Me pareció fascinante la locura que puede despertar algo tan banal como una bolsa de patatas, y más en una época en el que los sabores de las patatas fritas se han multiplicado hasta ser ahora… no sé, ¿millones?

Coreanos con las patatas de la locura.

Bien, pues el artículo me fascinó, pero me olvidé de él hasta que un día, paseando a mi perra por Pekín, paré en un colmado de cerca de mi casa y por entretenerme un poco compré una bolsa de patatas, sin reparar mucho en su sabor. Me llamó más la atención en esos primeros momentos su aspecto ondulado (pero con unas ondas más grandes de lo normal en las patatas), y como siempre he sido un fan de las papas onduladas, me las compré para pasar el rato.

Apreciad su belleza natural, y de paso la de mi dedo pulgar.

Seguíamos mi perra y yo paseando, abrí la bolsa y pensé… «¡joder, qué buenas están estas patatas!». No había probado unas tan sabrosas en la vida. Eran dulces y cremosas, sabores que no se le ocurriría a uno en principio que se adaptaran bien a una patata frita, pero que resulta que sí lo hacen. Tanto me gustaron que repetí la compra durante algún paseo perruno más en los días siguientes.

Aún tardé unos días -a la segunda o la tercera bolsa- en descubrir que las patatas eran de mantequilla y miel (pensé al principio que eran de queso). Y me costó dos o tres bolsas más recordar el artículo de Paella de Kimchi sobre la locura que un producto igual había despertado en la vecina Corea.

El nombre de las patatas también es encantador: Para decir «onda» en vez de usar la palabra adecuada en mandarín (bo, 波) usan el carácter chino para cóncavo (ao, 凹) y el que se usa para convexo (tu, 凸). Más literario, digamos.

No me consta que en China este tipo de patatas fritas que tanto me ha enganchado a mí haya causado el mismo frenesí que en Corea del Sur, pero a título individual puedo decir que están deliciosas y que en cierta manera entiendo a los surcoreanos. Por lo demás, les aseguro, señores, que estando en la India no me ha entrado el mono de patatas con mantequilla y miel, que puedo dejarlas cuando quiera… sólo déjenme tomar la última.

ACTUALIZACIÓN (17-3-2016): En el Seven Eleven que hay cerca de mi oficina pequinesa he descubierto que venden unas patatas con mantequilla y miel coreanas, pero su sabor me ha parecido decepcionante (y además creo que estaban un poco pasadas). En todo caso, creo que no son exactamente las que desataron la locura en Corea del Sur.

1 Comment

  1. Enviado por Zé
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    Me han entrado ganas de esas papas y de los cacahuetes salados con miel

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    Enviado por ChinoChano
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    Pues a la busca!

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    Enviado por Daniel
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    Ya están en Suiza! Pero aun no las he podo probar. Compré una bolsa grande en una gasolinera al verlas y recordar tu post. Cuando llegué a casa mis hijos no habían dejado ni una.

    ~~~
    Enviado por ChinoChano
    (Contacto Página)
    Fue lo primero que comí al llegar de vuelta a Pekín, la verdad.

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