Coronavirus: resumen de lo tosido

El jueves pasado, aquí en Ginebra, la OMS declaró una emergencia internacional por el coronavirus de Wuhan, que como sabéis se ha convertido en la principal noticia, casi obsesión, de principios de este año, hasta el punto de que el brexit casi ha pasado desapercibido. En apenas un mes, el coronavirus wuhanés se ha expandido mucho más rápidamente de lo que lo hizo el anterior coronavirus de origen chino, el SARS, lo cual es bastante preocupante.

También inquieta la cantidad de países nuevos que día a día van reportando casos de la enfermedad (España registró ayer viernes el primero), aunque en ellos, afortunadamente, los números son pequeños y la mayoría de los positivos son de personas procedentes de China, especialmente Wuhan, con algunos pocos contagios a personas locales en Alemania, EEUU, Vietnam o Japón. El 99 % de los casos siguen concentrados en China.

Las noticias se suceden sin parar: son decenas las aerolíneas que han dejado de volar a China, países como Corea del Norte o Rusia (parcialmente) han cerrado sus fronteras con el territorio chino y hay hasta naciones como Singapur que ya prohíben en su país la entrada de cualquier ciudadano del gigante asiático. China, que tiene a millones de personas prácticamente en cuarentena sobre todo en Wuhan y otras ciudades de la provincia de Hubei, se ha enfrentado a muchas crisis en los últimos años, pero creo que no se había visto en una tan gorda en décadas.

La coincidencia de esta epidemia con las vacaciones por el Año Nuevo ha ayudado a que se exportaran casos a otros lugares de China y del mundo (es alucinante la de gente de Wuhan que viajó en enero al resto del mundo, sé que es una ciudad grande pero aun con todo sorprenden las pautas de expansión del virus). Sin embargo, al mismo tiempo el Año Nuevo ha facilitado a las autoridades cerrar a cal y canto para frenar la infección muchos lugares con la excusa de las vacaciones, porque ya en años normales estos días festivos acarrean un relativo parón nacional. Los chinos tendrían que regresar a sus trabajos estos días, la semana de descanso por el Año Nuevo terminaba en teoría ayer u hoy, pero parece que en muchos casos se va a alargar el periodo vacacional. Un pequeño consuelo.

En el terreno positivo, que alguno hay, comienzan a reportarse casos de gente que se ha curado del coronavirus, y que parecen no tenerlo ya en su organismo (aunque imagino que se les seguirá haciendo pruebas por si acaso). Las cifras de altas aún son pequeñas pero que se asemejan a las de fallecidos, (en torno a 250). Por otro lado, la mortalidad por el coronavirus es de momento pequeña, alrededor de un 2 % de los casos (muchos de esos pacientes eran ancianos o tenían otras enfermedades ya antes), e inferior a la que tuvo el SARS, que rondó el 10 %. No soy epidemiólogo, pero parece haber una relación inversa entre la facilidad de contagio de este tipo de coronavirus chungos y su letalidad: cuanto más contagioso, menos mortal, quizá porque se van debilitando al pasar de un huésped a otro.

Cuanto más arriba está una enfermedad en este gráfico, más mortal, y cuanto más a la derecha, más contagiosa. La «smallpox» es la viruela, de la que hablé hace unas semanas. La pésima e injustamente llamada «Spanish flu» fue la gripe de 1918, que mató decenas de millones de personas en todo el mundo y no nació en España, pero fue nuestro país el primero que informó de ella.

Que la OMS haya declarado la alerta global tampoco significa que haya que entrar en pánico, que entre todos nos estamos pasando un poco…

Es sobre todo una alerta para los sistemas sanitarios del mundo, más que para la población: se pide que se coordinen más ante la posibilidad de que haya nuevos casos. También significa ayudar más a los países menos desarrollados, en los que es más difícil diagnosticar casos así, tratarlos y ponerlos en cuarentena. Un brote en un país africano, por ejemplo, podría ser terrible para esa nación. De todos modos, también hay que decir que son países poco turísticos para un wuhanés, en general.

A la ciudadanía, en principio, se le pide que tome las precauciones normales para no coger virus relativamente similares, como el de la gripe, ni propagarlos: si se tienen síntomas gripales, es recomendable aislarse un poco socialmente, salir poco, no acercarse mucho al hablar ni tocar, y ver a un médico si los síntomas son fuertes. Al toser o estornudar, es recomendable taparse la cara y la nariz (mejor con el antebrazo que con la mano, porque si emites virus a tu mano y luego tocas con ella una superficie, hipotéticos coronavirus pueden estar en ella «vivos» al menos un tiempo, quizá unos segundos o minutos). Esto para lugares sin casos locales, como España.

En China, donde las precauciones han de ser mayores al ser más grave la situación, lo suyo es llevar mascarillas y lavarse las manos con frecuencia. Han surgido vídeos muy cuquis de enfermeras, profesores y otros enseñando a la gente de a pie cómo lavarse bien:

Por lo que leo y converso, quienes están estos días en China están un poco deprimidos por las continuas malas noticias de expansión del virus, sé por la experiencia del SARS cuán angustioso puede ser cuando este tipo de noticias monopolizan todo (y creo que ahora es peor que en 2003, pero al menos hay más información oficial y es más fiable). Muchos han pasado todos estos días encerrados en sus casas, saliendo lo justo y con mascarilla cuando lo han hecho. Las imágenes de Pekín y Shanghái vacías de gente son descorazonadoras (si bien hay que tener en cuenta que en estas fechas otros años también hay mucha calle desierta, pues la gente se ha ido a sus pueblos a celebrar las fiestas o están en su casa comiendo y viendo la tele como es tradición en el Festival de Primavera).

Como con el SARS hace 17 años, hay que tomarse con un poco de humor lo de llevar mascarilla constantemente (además, en la última década, con el tema del smog, en Pekín ya se habían convertido en una imagen habitual).

En estos días también hay muchas informaciones de tiendas chinas donde las mascarillas se agotan, de gente que las está vendiendo a precios exorbitantes debido a la alta demanda, e incluso noticias que apuntan a que China necesita que desde otros países les manden estas mascarillas y otros equipos de protección ante infecciones, algo alucinante para un país tan grande y que seguramente produce millones de estas cosas.

Los estragos y el impacto social que está generando esta alerta sanitaria están dejando lo que hasta ayer parecían graves problemones del país, como los aranceles de Trump o las protestas de Hong Kong, en meros recuerdos. Hay algún intento por parte de los actores en esos dos conflictos de regresar a la superficie, pero no hacen sino mostrar mezquindad y falta de elegancia en momentos difíciles.

Otro aspecto de esta crisis, que seguramente me tomaría peor si estuviera actualmente en Pekín pero la verdad es que desde lejos me lo tomo con un poco más de filosofía, son los casos de discriminación a chinos e incluso asiáticos en general que se están ya viendo en todo el mundo, por el temor irracional de la población, bombardeada por tantas noticias, a que todo oriental sea portador del coronavirus, algo que obviamente es falso.

El estigma que están empezando a sufrir, imagino que similar al que los africanos sufrieron con el ébola o los árabes tras el 11-S, ha llevado al popular caricaturista chino-australiano Badiucao, habitual martillo contra el régimen comunista, a aparcar por unos días su activismo político e ironizar sobre la nueva «amenaza amarilla», racista y sinsentido, con dibujos como éste:

Pero en fin, creo que estos brotes de xenofobia son otro virus que también con el tiempo se debilitará y acabará reduciéndose a algo minoritario, una cantidad despreciable (tanto en número como en la actitud que merecerán).

Yo sobre todo he visto muchos comentarios lamentables en Twitter, pero creo que esa red social hace tiempo que debe ser tomada poco en serio, y en China está bloqueada, así que de allí la sangre no va a llegar demasiado al río. Lo que parece que ha molestado más en China es el chiste gráfico que el diario danés Jyllands Posten (el mismo que sembró polémica hace años al publicar caricaturas de Mahoma) sacó recientemente, convirtiendo las estrellas de la bandera nacional china en coronavirus:

En mi opinión no es para tanto, pero a alguno le ha sentado mal.

Más peligroso que el humor alrededor de la epidemia, independientemente de si es oportuno o no, si hace gracia o no, es el tema de las fake news, que en estos casos se propagan con más rapidez y peligrosidad que el virus. Que si el coronavirus nació porque todos los chinos comen sopa de murciélago, que si hay un caso en tu calle, que si en realidad hay billones de infectados… En fin, esto hay que tomárselo también un poco con humor.

En España, el bombardeo informativo y el alarmismo también hacen estragos. Esta misma semana, casualidades de la vida, el equipo de fútbol de la ciudad epicentro de la epidemia, el Wuhan Zall, llegó a Málaga para hacer allí su pretemporada (la liga china no empieza hasta marzo, aunque a este paso me da que la van a retrasar o incluso a cancelar). Muchos dijeron que cómo era posible que les dejaran aterrizar, pero  el mismo entrenador del equipo, el español José Manuel González, aclaró que él y sus jugadores llevaban desde principios de este mes fuera de Wuhan, entrenando en Cantón, por lo que en principio no hay por qué tomárselo a la tremenda. No mostraban síntomas, están bien, cierto temor inicial es hasta comprensible, pero ya no hay que darle más vueltas.

Otro que ha contribuido al alarmismo, con polémicas declaraciones, ha sido nuestro famosísimo supercirujano patrio, el doctor Pedro Cavadas, héroe de David Broncano aunque al primero no le gusten las óperas bufas que el segundo organiza. Cavadas dijo esto en la tele:

No miente Cavadas al decir que China no es precisamente un ejemplo de transparencia, incluso debe reconocerse que la opacidad china contribuyó a que el SARS se expandiera en 2002 y 2003, cuando se ocultaron cientos de casos durante semanas. Pero creo que en esta ocasión no hay por ahora pruebas que apunten a que China esté mintiendo deliberadamente: está reportando cientos de nuevos casos diarios, sin importar que eso le esté costando millones de pérdidas en turismo, transporte aéreo u otros sectores.

La OMS por ahora ha repetido una y otra vez que China está mostrando transparencia, y que con sus draconianas cuarentenas, que seguramente en otros países no se podrían poner en práctica jamás, está ayudando a que la expansión internacional sea por ahora relativamente pequeña. Seguramente en los primeros días pudo haber errores de comunicación e información, quién sabe si algún ocultamiento, pero creo que las autoridades chinas ahora consideran que no se puede esconder la gravedad del brote y que no les conviene hacerlo. Cavadas, por otro lado, no es epidemiólogo y su argumento «muchas excavadoras = China miente» es bastante poco científico, cosa muy extraña en un señor que en general es contenido y muy estricto en lo que suele decir, y si no que se lo digan a Broncano.

Quizá nuestros interrogantes, más que en si China miente o no, deberían estar en averiguar cuál fue el origen del virus. Según el epidemiólogo chino Zhong Nanshan, que ya lideró la batalla contra el SARS hace casi dos décadas, un coronavirus similar al que hace la vida imposible ahora en Wuhan se detectó en murciélagos hace unos dos o tres años. Esto es lo que algunos usan para difundir el bulo de la «sopa de murciélago», pero lo más probable es que el murciélago «paciente cero» haya transmitido el coronavirus a otro animal (por ejemplo, mordiendo a una vaca) y de ahí pasara indirectamente al hombre.

En todo caso, el origen zoonótico (animal) del coronavirus es seguro, y apunta a alguna carne que se vendía en el mercado de Wuhan donde se dieron los primeros casos a finales de 2019. Esto tiene que servir de llamada a la atención definitiva a las autoridades chinas: el SARS nació de forma similar, y esto tiene que prevenirse mejor, ni China ni el mundo estamos preparados para soportar estas alarmas sanitarias una tercera vez. Algunas medidas son urgentes y no se pueden posponer:

  • Prohibición total del consumo de animales salvajes y exóticos, a menos que cuenten con la necesaria inspección veterinaria y se haya comprobado científicamente que no suponen un consumo peligroso o dañino para nuestro organismo.
  • Controles veterinarios frecuentes, o mejor, constantes, en todos los establecimientos de venta de carne, incluidos los mercados.
  • Introducción masiva y a poder ser obligatoria de congeladores en carnicerías y pescaderías, no se puede seguir vendiendo este tipo de alimentos al aire libre como ocurre en demasiadas ocasiones.
  • En resumen, higiene extrema: normas de manipulación de alimentos, limpieza en los mercados, y medidas de desinfección altas.

En fin, a modo de resumen, esto y mucho más ha dado de sí este intenso y asustadizo mes. Sólo queda decir: ¡Ánimo, Wuhan!, (y ánimo, personal sanitario).

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