Cosas que hacía en China

Se cumplen hoy exactamente dos años desde que dejara China, después de vivir 17 años allí. Veinticuatro meses en los que ese lugar ha seguido estando en mi cabeza y en mi corazón, como no podía ser menos después de media vida pasada en el Imperio del Centro. La actualidad también ha ayudado, no hay por qué negarlo: China ha estado muy presente en las noticias, el pasado año por las protestas de Hong Kong y este por la pandemia, así que si algún día tuve la tentación de no pensar en China, el telediario me quitó enseguida esa idea.

De todos modos, no se pude negar que en dos años mi vida ha cambiado en muchos aspectos, sobre todo en la vida cotidiana, en la que hay muchas cosas que hacía entonces a diario o muy a menudo pero que he dejado de hacer. En el post de hoy quiero recordar esas costumbres que tuve como pequinés, y que ya he abandonado como frontalier (persona que vive en Francia pero trabaja en Suiza).

Uno de los cambios básicos se nota en internet, al no vivir ya en un país con fuerte censura de contenidos en la red. En China, usaba como todos los expats (palabra que ya no uso) una VPN, un software que me permitía entrar en las webs prohibidas por Pekín, que eran básicamente todas las redes sociales occidentales (Facebook, Twitter…) pero también cosas tan básicas como Google, Netflix o YouTube. El VPN hacía que navegar fuera más lento (en una China donde la velocidad de internet ya de por sí es insoportablemente lenta), había que renovarlo cada año pagando a la empresa proveedora, en algunas fechas importantes para el régimen comunista no funcionaba… en fin, era un incordio pero también un salvavidas para poder seguir en China sin perder la cordura. Curiosamente, he estado tentado de usar un VPN en Francia para poder tener Netflix español (con el VPN puedes hacer creer a tu ordenador que estás en otro país, y entonces te ofrece el menú de películas de ese otro país), pero al final no lo he hecho.

Otro cambio básico es que, al ser Pekín una de las ciudades más contaminadas del mundo, ya no consulto en el móvil aplicaciones que me informen de cómo está la calidad del aire ese día, con miras a ver si hay que ponerse mascarilla al salir de casa (ahora las mascarillas ya no son contra el smog sino contra los virus). Aunque yo en general no me la ponía ni en los días de más smog, consultaba con frecuencia la app AirVisual, donde no sólo tenía las lecturas de contaminación de Pekín sino también las de Huesca y Madrid (para autoflagelarme un poco) y las de Ulan Bator (para consolarme otro poco, porque solía tener más smog que Pekín). Conceptos como PM 2.5 (particulas ultrafinas) o IQ (índice de calidad de aire, que por encima de 500 nos preocupaba), que en Pekín hasta aparecen frecuentemente en las conversaciones, aquí ni se conocen, y eso es buena señal. Estar fuera de Pekín también ha hecho que los purificadores de aire, un electrodoméstico tan corriente en esa ciudad como una nevera o una lavadora, ahora me parezca un aparato totalmente prescindible (aunque si os digo la verdad, el que yo tenía en mi casa pequinesa nunca me acordaba de encenderlo). Lo que no puedo decir es que salir de Pekín haya provocado que deje de llevar mascarilla, porque ni la llevaba tanto allí, ni la he dejado de usar aquí, por las razones sanitarias que todos conocéis de sobra.

No todas las rutinas de Pekín perdidas son cosas que ahora puedo contemplar con alivio, hay algunas que echo de menos, como por ejemplo el pagar en todas partes con el móvil, sin necesidad de efectivo. Fue una costumbre que sólo adopté en mis últimos años allí, cuando pagar con aplicaciones como Wechat o Alipay estaba tan extendido que hasta había mendigos que pedían limosna mostrando el código QR de su móvil para que se las dieras con ella. Aquí en Occidente también hay cosas como Apple Pay, pero no están ni la mitad de extendidas. Relacionado con esto, algo que he dejado de hacer es comprar cosas por Taobao, aunque en este caso el cambio no ha sido muy radical, simplemente he cambiado esa web por Amazon.

Quizá estoy enfocándome demasiado en asuntos tecnológicos, así que vayamos a cosas más analógicas, para recordar, por ejemplo, que en mis 17 años en Pekín casi siempre me duché en casa sin nada que separara el espacio de duchado del resto del cuarto de baño, porque en China conceptos como bañera, plato de ducha, mampara o cortina de ducha apenas se conocen salvo en los hoteles. Todo el baño quedaba completamente mojado tras la ducha, pero era algo con lo que ya contaba y sabía con qué preparativos afrontar: subía la tapa del water mientras me duchaba para que luego no me mojara el culo al sentarme en él, tenía siempre unas chanclas para dentro del baño y otras para fuera, dejaba la puerta del baño abierta al irme de casa para que se secara durante el día, etc.

Obviamente, hay millones de cosas que comía en China que ya he dejado de comer, aunque siempre puedo ir a un restaurante chino de aquí para curar al paladar de morriña… pero por ir a lo más básico, en China comía mucho queso de soja, con un chorrito de aceite y de vinagre por la mañana, y aquí eso no lo venden en el Carrefour, así que he tenido que abandonar ese aperitivo. Alguno me va a matar por mencionar la sosa soja y no el pato laqueado o los pinchos uigures, pero es lo más chino que tenía en mi nevera de Pekín… echo también mucho de menos los jiaozi y los baozi, aunque bien es cierto que en la sección de comida oriental del supermercado de aquí los puedes encontrar.

Lo que no echo para nada de menos es tener que pagar la electricidad por adelantado, o peor, quedarme alguna noche sin luz por no haberlo hecho. Ya no tengo en mi billetera una tarjeta de electricidad y otra del gas, ni tengo que ir a la compañía eléctrica del barrio para asegurarme de que no me voy a quedar sin luz como si fuera un moroso.

Una cosa que he dejado de hacer, o mejor dicho, que he tenido que empezar a hacer, es saludar a los vecinos si te los cruzas en el ascensor o en la escalera. En China no es una obligación social, no está mal visto estar callado ante los vecinos, no van a pensar que eres un potencial asesino en serie por ello. En Francia, como en España, sí que hay que hacerlo, y obviamente nadie se va a quedar aquí sin mi bonjour, aunque dentro de mi corazón pienso que me gusta más el vecino huraño chino que el vecino falso hispano-francés.

Dejar China para muchos extranjeros es dejar de tener ayi, una señora que te limpie la casa, te planche la ropa o hasta te haga la comida… Es en parte también algo sociológico, en España o Francia puede estar hasta mal visto tener una señora que te limpie, salvo que tengas una vida muy ajetreada (por ejemplo, padre y madre trabajan y tienen hijos). Fuera de China he dejado de tener ayi, y además ya me imagino que en Francia contratar una femme (u homme) de ménage debe ser bastante más caro que en China. Y hay que reconocer que está bien aprender a valerse por sí mismo: plancho, lavo la ropa, limpio los cristales… Lo malo es que hay fines de semana que se me malogran con tanta tarea doméstica, echo de menos los pequineses, más productivos.

En lo profesional, una cosa que he dejado de hacer, y me alegro bastante por ello, es dejar de soliviantarme cuando leo en redes sociales o en los medios noticias sobre China con las que no estoy de acuerdo o que son directamente un disparate. Cuando estaba allí tenía más interiorizada la realidad de ese país, así que cuando alguien en un periódico o en Twitter metía la pata sobre China, que es algo muy habitual, se me llevaban los demonios, enseguida quería corregirlo por aquí o en mis cuentas de redes sociales. Ahora, sinceramente, me importa bastante poco: siempre habrá quien se equivoque o tenga prejuicios infundados al hablar de China, de Madrid o de Tegucigalpa, y más ahora que todos pueden opinar en lugares donde millones pueden ver o escuchar sus opiniones. También he de reconocer que estar fuera de China te hace menos conocedor de lo que pasa allí, así que te pueden colar cosas que antes no te colarían. Curiosamente, ahora si oigo alguna crítica o fake news sobre Francia, Suiza o la OMS el oído se me agudiza, pero sufro mucho menos que con China, seguramente porque aún no los conozco del todo. Por cierto, he podido comprobar que hay gente en este mundo que si sabe que vives en China se pone a perorar contra lo chino las 24 horas del día, pero de repente, si te cambias de casa para irte por ejemplo a Suiza, dejará de hablar mal de los chinos para meterse con los suizos, sólo para ver si te molesta. Sólo puedo sentir pena por esa gente, sinceramente.

Respecto a los transportes, Suiza y Francia son como China países donde se usan mucho los trenes, así que no he cambiado demasiado mis costumbres ferroviarias. Los suizos no tienen trenes de alta velocidad, pero a cambio tienen enlazada mediante raíles hasta la más remota aldea de montaña, y si no han podido llevar allí trenes, no te preocupes que han puesto funiculares o teleféricos. Lo que sí echo de menos es la moto eléctrica y los amplios carriles bici de Pekín: en la frontera franco-suiza las bicis eléctricas comienzan a popularizarse, y Ginebra tiene mucho carril bici, pero una bici eléctrica no es lo mismo que una moto eléctrica, y los carriles bici ginebrinos ni son tan anchos ni están tan protegidos de los coches como los pequineses.

Bueno, éstas son algunas de las cosas que he dejado de hacer tras irme de China hace dos añitos, aunque seguro que me dejo muchas en el tintero, perdidas en el olvido en el que mueren tus viejas rutinas. También hay que decir que hay costumbres que adquirí en China y no he abandonado, como llevar leotardos en invierno, echarle vinagre a casi todos los alimentos, o, como veis, seguir escribiendo un blog sobre Oriente. Si como yo sois retornados del mundo chino y tenéis costumbres heredadas o abandonadas de aquel pasado, os invito a compartirlas.

8 Comentarios

  1. Hola Chinochano,
    Yo siento que voy añadiendo “cosas que echo de menos” y aunque la mayoría es el jamón y las terrazas de España, añado la sopa de fideos china de mi madre y su comida en general… justo hoy me he gastado un pastizal el comprar comida china online, porque por esta zona Franco-Suiza pocas épiceries tenemos!
    Por cierto, el Grand frais encontraras tofu, bastante bien de precio y conseguido de sabor,
    Un saludo!

    • Bueno es saberlo, hay un Grand Frais en mi pueblo pero la verdad es que nunca he entrado, porque soy un poco vago para comprar en el mercado (quien es el último, pedir la vez y esas cosas). De pequeño me tocó hacer demasiados recados de este tipo…

  2. Leotardos. Ya no puedo vivir sin ellos (o su versión moderna, las mallas de runing). A la mínima que empieza el frío ya me las pongo, y son especialmente útiles conduciendo la moto. Esa es la huella que me dejo china xD

  3. Es normal que tengas cierta «morriña» de China. Han sido muchos años allí y se te podía considerar como uno más de los inmigrados que llega un instante en que se sienten del país como cualquier otro nativo. Y sí que te agradeceríamos que nos siguieras contando esos contrastes que has encontrado con tu retorno a Europa. Sería muy útil.

  4. Hay un poco bastante de post en tu morriña. Suiza es muy verde, hay fondue y la gente es amable. Pero seguro que echas de menos el ajetreo y ese “caos ordenado” de Pekín.

    • Jeje, lo de «hay post en tu morriña» me suena lo del chiste del alcohólico al que le dicen que hay sangre en su alcohol… Bueno, en realidad por algunas cosas de China siento nostalgia y por otras alivio de haberlas dejado, China es, como todo, un lugar imperfecto con cosas buenas y otras malas. Suiza también, y a veces también tiene su punto caótico… por ejemplo, sus trenes, se retrasan y averían con sorprendente frecuencia.

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