Crimen de película, fallecido de verdad

Kim Jong-nam cuenta a los guardias del aeropuerto de Kuala Lumpur que dos mujeres le han restregado algo por la cara. Le quedan unos 20 minutos de vida.

Disculpad que no haya escrito nada en la semana pasada. Tras el viaje a Mongolia que comenté en la anterior entrada, comencé mis vacaciones invernales y estoy otra vez de viaje, con acceso limitado a internet. Os escribo ahora mismo concretamente a pocos metros del lago sagrado de Pushkar, en el estado indio de Rajastán, mientras los hare krisna hacen un ruido infernal en la calle de al lado.

Es curioso, llevo dos años seguidos viajando por estas fechas a la India, y en las dos ocasiones ha habido crímenes en mi tan querido sureste asiático que me han tenido obsesionado mientras viajaba. Si el año pasado casi no podía dormir leyendo las crónicas del truculento asesinato del español David Bernat en Bangkok (presuntamente asesinado por otro español, Artur Segarra, que lo habría desmembrado para arrojar sus restos en el río que pasa por la ciudad), esta vez el crimen que ha acaparado mi atención, y seguro que la vuestra también en algún momento, es la del norcoreano Kim Jong-nam, hijo, nieto y hermanastro de dictadores norcoreanos, que murió tras ser atacado con un arma química en el aeropuerto de Kuala Lumpur, que ya tiene algo de maldito desde que en 2014 desapareciera un avión que partió desde allí con rumbo a Pekín. La historia no podía ser más peliculera: tiene ribetes de James Bond, de House of Cards, de novela de John Le Carré.

Para empezar está el personaje: Kim Jong-nam era el hijo mayor de Kim Jong-il, el anterior líder de Corea del Norte, pero nunca demostró estar muy interesado en suceder a su padre en el “trono” de la única monarquía comunista que ha habido en la Historia. Hasta su muerte el pasado 13 de febrero, por lo que más se le conocía era por haber falsificado en 2001 su identidad para poder viajar a Tokio y visitar la Disneylandia de la capital japonesa, algo que dice mucho de su escaso interés en el comunismo y en la seriedad de la política.

Luego están los hechos: Kim Jong-un estaba tan tranquilo, haciendo cola en la facturación del aeropuerto malasio, cuando dos mujeres, una de Vietnam y otra de Indonesia, le agarraron, pasaron una tela húmeda por su cara y se marcharon corriendo. La tela contenía un producto con nombre de invento del Profesor Bacterio, el “agente nervioso VX”, que le mató en menos de media hora, aunque en un principio parecía no afectarle. Las cámaras del aeropuerto muestran de hecho cómo Kim Jong-nam sigue caminando por el aeropuerto -alterado por el suceso, eso sí- y hablando con relativa normalidad con el personal del aeropuerto para contarles lo que había pasado.

La historia se complica con vinculaciones políticas: Corea del Norte intentó por todos los medios evitar que Malasia practicara una autopsia al fallecido, mostrando con ello que quería ocultar algo. Las investigaciones de la policía malasia y de la inteligencia surcoreana detectaron que había al menos cuatro o cinco funcionarios norcoreanos ese día en el aeropuerto, fingiendo estar allí de paso, para vigilar de cerca el asesinato. Todo parece apuntar, por tanto, a que el hermano de Kim Jong-nam, el actual líder norcoreano Kim Jong-un, está detrás de todo. No sería la primera vez que se cargara a un pariente: poco después de ascender al poder mandó ejecutar a su tío Jang Sung-taek, y se dice que en la ejecución fue fusilado no con balas, sino con un proyectil, quizá un obus. Corea del Norte es otro rollo.

Todo parece ya bastante embrollado, pero aún falta introducir la conexión china para complicar aún más el turbio asunto. Kim Jong-nam era una especie de protegido de China: tras su excursión a la Disneylandia japonesa, había caído en desgracia en Corea del Norte, así que había marchado en una especie de exilio a Macao, donde vivía en una casa al parecer bastante modesta (los primeros años el régimen norcoreano parece que le pasaba una especie de pensión, pero ésta se había acabado). China ha eludido protestar en exceso por el caso, pero muy poco después de ocurrido decidió “castigar” a Corea del Norte deteniendo los envíos de carbón a ese empobrecido país, que necesita la ayuda de Pekín para sobrevivir. No es la primera vez que a China le perjudican las purgas mortales de su vecino, ya que Jang Sung-taek, el tío de Kim Jong-un, tenía buenas relaciones con Pekín y era una especie de enlace entre China y el régimen norcoreano (se dice, de hecho, que de esa relación sacó mucho dinero por transacciones económicas y malversó todo lo que pudo, ésa fue la razón esgrimida por el régimen para ejecutarle).

Queda en la historia un gran interrogante: ¿Por qué Corea del Norte quería asesinar a un hombre que parecía muy poco interesado en la política y en su hermanastro, que vivía un retiro algo decadente en Macao, a miles de kilómetros de Pyongyang? Nadie acaba de explicárselo. Algunos se aventuran a decir que China había considerado usarlo como un posible sucesor de Kim Jong-un si a éste se le seguía yendo la pinza como se le suele ir desde que llegó al poder. Kim Jong-nam podría así haberse convertido en una especie de Michael Corleone que pasara de una vida disipada a ser el jefe de la “mafia” norcoreana, pero no hay pruebas para asegurarlo, pues China, como Corea del Norte, no suele soltar prenda en estos casos. Hay que dejarlo todo en el campo teórico e imaginativo. También podríamos borrar todo lo anterior y seguir la teoría oficial norcoreana, que culpa a Corea del Sur, cómo no, del asesinato… Pero tampoco tiene mucho sentido.

Con todos estos ingredientes, entenderéis que cada vez que sale una noticia del asunto en los diarios la devoro con más pasión que si fuera una serie de HBO o Netflix. La trama está interesantísima. Sólo faltaría como gran giro argumental que el hijo mayor de Kim Jong-nam, que se llama Kim Han-sol (hasta suena a personaje de Star Wars) logre un día vengarse de su malvado tiastro.

 

2 Comentarios

Deja un comentario

Tu dirección de correo no será publicada.




Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.