Cruzando el estrechillo

Hace unos días os relataba que estuve en la isla de Xiamen, en el sureste de China, para cubrir -de gloria- la cumbre BRICS. Lo que no os conté es que una vez acabado el magno evento me di una breve pero intensa escapada a la isla de Kinmen (o Jinmen), que está muy cerca de Xiamen pero no está administrada por China sino por Taiwán, pese a estar muchísimo más lejos de la isla taiwanesa que del gigante chino. Un curioso caso de geopolítica insólita del que ya hablé a principios de 2016 en un post sobre Quemoy y Amoy (como se denomina en el dialecto local min a Kinmen y a Xiamen, respectivamente).

Precisamente tras escribir aquel post me entraron muchísimas ganas de ir a Kinmen, me prometí que algún día lo haría, y a principios de este mes cumplí mi palabra. Quería ir además desde China, en barco, cruzando las aguas que simbólicamente separan al régimen chino del taiwanés. Aunque no sean exactamente las del estrecho de Formosa, el que separa a la isla grande de Taiwán con China, sino las de otro estrecho otro mucho más estrecho, el que separa Xiamen y Kinmen, que no debe de tener ni nombre.

Si se viaja desde China, como hice yo, lo que primero llama la atención de Kinmen es que, teniendo un área similar a la de Xiamen, es muchísimo más rural, tiene un ambiente más relajado (algo que en realidad simboliza las formas de ser de todo Taiwán y de todo China, siempre me parece que el taiwanés es más pausado que el chino y se toma la vida con menos tensión, tortazos de parlamentarios taiwaneses aparte). La isla de Xiamen está prácticamente toda urbanizada, toda ella es una inmensa ciudad de rascacielos y carreteras, mientras que Kinmen sólo lo está parcialmente y por ello es un lugar con dos o tres ciudades pequeñas, algún pueblecito y entre medias mucho verde. No en vano, Kinmen tiene una población 10 veces menor a la de Xiamen (120.000 personas frente a los más de 1,2 millones de la isla vecina).

Estuve apenas un día en Kinmen, pero me alquilé una moto eléctrica y, ayudado por la buena señalización en la isla, me di una vuelta bastante completa por gran parte de su territorio e hice parada en algún que otro sitio interesante. Frente a los edificios de grandes alturas de Xiamen, Kinmen tiene todavía muchas localidades construidas al estilo tradicional de los min (los chinos del sureste, tanto los de Taiwán como los de la provincia china de Fujian), con ladrillo rojo, aleros negros y blancos y bonitas decoraciones. Pasar por ellos fue una delicia.

Otra construcción que destaca en Kinmen son los aparatosos templos budistas, también habituales en el sur de China, con un estilo abigarrado y multicolor muy diferente de las austeras construcciones religiosas del norte chino. En las ciudades y pueblos de Kinmen vi muchos, y aunque al final todos se parecen bastante, me lo pasé bien haciéndoles fotos.

Viajé a Kinmen con un objetivo principal, el de comprarme un cuchillo típico de la isla: como ya conté en el post del año pasado, los cuchilleros de Kinmen elaboraban tradicionalmente estos utensilios con acero obtenido de los miles de bombas que China tiró a la isla en los años 40 y 50, durante los intentos vanos de conquistarla. En la capital de la isla, Jingcheng (que significa “ciudad dorada”, un nombre un poco grandilocuente para un pueblito  de unos pocos miles de habitantes) encontré una de esas famosas cuchillerías, convenienemente adornada con obuses. Sin embargo, al final no me compré el anhelado cuchillo, porque la misma tendera, muy honradamente, me confesó que no podría pasar con él la frontera que hay que franquear al ir entre Xiamen y Kinmen por barco. Otra vez será.

La isla vive bastante del recuerdo de la guerra chino-taiwanesa. En el centro de ella hay un cementerio de “mártires” de aquel conflicto, semejante a un Arlington asiático, y con un mausoleo en el que el sol blanco y azul del Kuomintang preside la cúpula (un símbolo que no es del todo rechazado por China, que conste: puede verse en muchos sitios, como la tumba de Sun Yat-sen en Nanjing).

También hay otros recuerdos bélicos en la isla, desde armamento decorativo en las cunetas…

… a túneles que en el pasado fueron secretos, usados por la Armada taiwanesa para esconderse de los bombardeos chinos y que hoy son un lugar turístico (y que como casi todos los sitios que cito en este post se puede visitar gratis, seguro que en China cobraban entrada en este tipo de cosas).

Un curioso “museo” de recuerdo de la guerra es una “casa de té” (eufemismo para referirse a un prostíbulo) que hay en el centro de la isla, donde se homenajea, sin detalles escabrosos, a las mujeres que trabajaron allí para atender a los soldados taiwaneses y -según explican los carteles del lugar- “contenerles” para que no se propasaran con la población femenina local. Un asunto realmente controvertido y difícil de tratar, pero que en el museo se maneja con epatante naturalidad. El museo tiene muy poco que enseñar, apenas unas camas y unas fotos que no se sabe si son realmente de las mujeres que pasaron por allí, pero su mera existencia es realmente chocante.

Saliendo del tema bélico, otra curiosa presencia en la isla son una especie de totems llamados “dioses de los vientos”, o algo así, que hay en diversas partes del terreno, sobre todo en la costa, y que parecen tener que ver con creencias animistas que enlazan quizá con el sintoísmo japonés. Sólo vi uno de estos totems, pero parece ser que hay decenas por todo Kinmen y hay quien incluso se dedica a hacer competencias para ver quién los encuentra todos en menos tiempo.

Aparte de los cuchillos, otro producto que los habitantes de Kinmen venden con orgullo es el baijiu, el licor de arroz. Tanto, que grandes estatuas de botellas de licor decoran las rotondas y otras partes de la isla (cuando no lo hacen efigies de Chiang Kai-shek, el líder del Kuomintang que perdió frente a Mao y dirigió con mano de hierro Taiwán durante décadas).

Este licor es el ingrediente secreto del “té Mao Zedong”, una bebida que pedí en un precioso café de uno de los pueblos de Kinmen. Ese brebaje maoísta no era otra cosa que té con leche (bebida muy típica de Taiwán y de Fujian) pero aderezado con un chorrito de licor de arroz. Vamos, que por fin los chinos -o los taiwaneses, como prefiráis- han descubierto el carajillo. Lo de bautizarlo con el nombre de Mao no sé si era por cachondeo o por atraer turistas chinos, dado que son muchos los que visitan Kinmen.

Kinmen es una isla preciosa, llena de curiosidades, un gran vestigio de la Historia reciente y con un ambiente pausadísimo que es de agradecer en estas latitudes. Al lado del turismo excesivo, masificador y con frecuencia destructor de China es un verdadero oasis que os aconsejo que visitéis. Pero de uno en uno, sin invadirlo.

6 Comentarios

  1. Yo estuve en octubre del año pasado, también desde Xiamen, la primera vez que pisaba suelo taiwanés. También me gustó mucho la isla aunque no llegué a verla entera, sólo la mitad oeste. Una delicia geopolíticamente hablando, me encantó descubrir los túneles militares. A mí lo que me sorprendió también fueron los templos, mucho más bonitos (y vacíos muchos de ellos) que los de Pekín (cosa que corroboré en Formosa este abril) y lo simpática que era la gente.

  2. Por cierto, si os ha entrado curiosidad por la islita pequeña que hay entre Xiamen y Kinmen, es apodada “pequeño Kinmen” y es administrada también por Taiwán. Había ferrys desde Kinmen a la pequeña Kinmen, y debe ser un sitio igual de agradable o más, pero no tuve tiempo de visitarlo. Para la próxima.

  3. Si algún dia se independiza Taiwan, deberia por lo menos devolver a los chinos esta isla (aunque solo sea por proximidad geográfica) y todos los teroros de la Ciudad Prohibida que se llevaron a Taipei en su huida. Inaceptable que tesoros de incalculable valor de la nacion China esté en manos de gente que no se consideran chinos.

    • Pues quizá fuera lo más razonable, pero, dentro de 10 años, Kinmen sería otro Xiamen de rascacielos… y me daría gran pena.

      De todos modos, creo que no está nada próxima la independencia taiwanesa (ni la catalana, hehe).

      • Y por otro lado, creo que ya comentamos en el post del año pasado, no sé si contigo o con quién, que Kinmen es un lugar altamente Kuomintanguista y muy poco independentista (allí el KMT siempre gana de calle en las elecciones). En tal remoto caso de independencia de Taiwán, seguramente ellos mismos pedirían volver a China, o quién sabe, ¡refundar por tercera vez la República de China, esta vez con capital en Jincheng!

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