Cuando China amarillea

En Pekín estamos pasando los días más fríos del año. Un frente helador y con muy mala leche llegado de Siberia (o de Mongolia, o de por ahí) nos ha traído un frío alucinante, justo cuando las autoridades habían decidido apagar la calefacción en las casas que la tienen central. Hace más frío en casa que fuera: por el día vamos en jersé en la calle y nos ponemos el abrigo cuando entramos a casa. Es el típico tiempo de la primavera pequinesa, completamente impredecible, insoporteibol y propenso a recibir la visita de las conocidas tormentas de arena. Toda una atracción, aunque ya no haya tantas como antes.

Yo sólo he visto una gran tormenta de arena en esta ciudad: fue en mi primera primavera aquí, en 2002. Es una de las cosas más alucinantes que he visto en China (yo creo que sólo el bañador de Mao Zedong la supera).

Lo primero que noté es un olor a tierra muy penetrante, como si estuviera enterrado. Era muy impresionante porque yo estaba dentro de la oficina, con las ventanas cerradas. Más tarde noté el sabor de la arena en la boca. No sólo se había colado el olor, sino también la arenilla más fina.

Ante fenómenos tan raros, me decidí a mirar por la ventana y vi el Pekín habitual: envuelto en una niebla, borroso… ¡pero completamente amarillo! O a veces sepia, como si lo estuviera viendo a través de una foto antigua. Además, la calle estaba prácticamente vacía, con todo el mundo guarecido, lo que le daba a todo un aire aún más irreal.

Poco después salí a la calle, porque no me quedaba más remedio. Aunque no hacía mucho viento, la tierra se metía en los ojos y la nariz. Y hacía un frío del carajo: yo pensaba que las tormentas del desierto iban a ser calurosas, pero de eso nada.

Hoy en día, con la reforestación de los montes donde está la Gran Muralla y más al norte, se han reducido mucho las tormentas, pero sigue habiendo muchas en Xinjiang, Mongolia Interior, el noreste… Aún hay tiempo de ver la China más amarilla.

No sé si creer en los sueños premonitorios, pero una de las primeras pesadillas que recuerdo haber soñado de pequeño era yo en un sitio donde todo era de color amarillo arenoso, exactamente el mismo color que el de la tormenta de arena de hace cuatro años en Pekín. ¿Estaba viendo mi futuro? Seguramente no, pero me encantan las comidas de coco, así que dejaré abierta la posibilidad.

1 Comment

  1. Enviado por surzin
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    Tiene que ser interesante el ver una tormenta de arena, pero yo casi que prefiero la de agua, que cuando estas en verano bañándote en el mar y te cae una de esas se agradece.

    Te agrego a mi «salón de la fama» xD.

    ~~~
    Enviado por chinochano
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    ¡Muchas gracias!

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