Cuando Chinchón fue Macao

Esta semana ha causado bastante sensación el anuncio de que Wes Anderson, uno de los directores más personales y reconocidos del cine actual, va a rodar su nueva película en el bello pueblo madrileño de Chinchón.

No se sabe aún mucho de qué irá la película, pero de una cosa podemos estar seguros: Chinchón será escenario de decenas de planos simétricos, en los que los actores miren muy serios a la cámara mientras visten raro, hacen cosas aún más raras, tienen de fondo música indie y se ven acompañados en la pantalla por muchos carteles y textos explicativos.

Este esperanzador proyecto me sirve como excusa para recordar que en los años 60 Chinchón ya fue lugar de rodaje de otro director de todavía más renombre, el mismísimo Orson Welles, quien además recreó en ese pueblo madrileño nada menos que la ciudad de Macao, durante el rodaje de «Una historia inmortal», una de las últimas películas del orondo cineasta y también una de las más desconocidas.

La película no tenía demasiado presupuesto (era un telefilme francés), por lo que Welles, quien entonces vivía en España, no se rompió la cabeza mucho a la hora de recrear la entonces colonia portuguesa en el sur de China: como se ve en la imagen anterior, colgó alguna banderita con carteles en chino, y listo. Vamos, que no se puede comparar al Pekín que reprodujo casi a la perfección Gil Parrondo en la sierra madrileña, también en los años 60, cuando se rodó en España «55 días en Pekín».

La Rua da Felicidade del actual Macao: creo que también podría dar el pego si en ella quisieran recrear un ficticio Chinchón.

He de reconocer que no he visto «Una historia inmortal», y mira que la he buscado, así que no os puedo dar mi opinión sobre ella. Los que estáis en España la podéis ver en Filmin, como era de esperar, pero yo aquí en el extranjero no puedo acceder a esa plataforma si no es con VPN (y ya tuve que usar demasiados años VPN como para ahora volverlo a hacer, de momento me aguantaré).

Lo que sí he visto hoy, y cambio de tema totalmente pero sigo en el mundo del cine, es un documental que me ha encantado y que os recomiendo encarecidamente: se llama «Last Train Home», y cuenta la vida de una familia de Sichuan que trabaja en fábricas de ropa de Cantón y cada año, por Año Nuevo, emprende un largo y penoso viaje en tren para pasar las fiestas con los parientes que se han quedado en el pueblo.

Permitidme que copie y pegue los comentarios que de este documental he escrito hace unos minutos en mi cuenta de Letterboxd, porque no creo que deba añadir mucho más:

Documental de factura extremadamente sencilla, simplemente sigue a una familia emigrante china en sus viajes a casa de Año Nuevo. Pero para quienes nos hemos tragado horas y horas en los trenes chinos y en esas roñosas estaciones siempre llenas de gente, está lleno de fuerza y emoción.

Además, los realizadores del documental tuvieron la «suerte» de que lo rodaron en el año 2008, que fue un auténtico drama para los emigrantes en Cantón, porque debido a las raras nevadas que hubo en el sur del país ese invierno se pasaron días varados en la estación. El drama fue aún mayor que el de otros años, aunque espero que en la última década, con el desarrollo de los trenes bala y de la venta de billetes por internet en China, este penoso éxodo sea hoy en día más fácil para los cientos de millones de chinos que año tras año lo repiten.

Menciones a los Juegos de Pekín o a Yao Ming me arrancaron lagrimitas de nostalgia. Me extrañó que, ya que la familia protagonista es de Sichuan, no se mencione el terremoto que ese mismo año golpeó a su provincia, aunque puede ser que en su zona no fuera tan devastador como en las áreas más montañosas de Beichuan y Wenchuan.

Los arrozales del centro de China cubiertos de nieve mientras pasa el tren: una imagen espectacular del documental, y difícil de conseguir, porque en esa zona nieva muy pocos inviernos.

Aparentemente es muy sencillo, pero el documental cuenta muchas cosas entre líneas, aunque quizá haya que haber vivido en China para comprenderlas mejor: los niños criados por sus abuelos, el orgullo patrio de los chinos pese a su difícil vida, los problemas de la policía y el ejército chinos (más tolilis de lo que creemos en Occidente) para controlar grandes masas de población, el efecto de la crisis de 2008 en la industria cantonesa… en fin, que pese a la ausencia de narrador y a la parquedad de palabras de los protagonistas, es muy profundo.

Ah, y estremecedora la rotura de la cuarta pared que la chica de la familia protagoniza durante una pelea física con su padre. Eso no lo supera ni Meryl Streep.

Si habéis vivido en China, sobre todo en la China de hace 10 o 15 años, seguro que viendo «Last Train Home» os emocionáis, pese a su minimalista realización. Vedlo si podéis.

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