Cuando los juncos chinos
vencieron a los buques europeos

Los chinos, como los españoles, tienen una historia trufada de derrotas ante grandes potencias que han querido dibujar un relato de pueblo débil: si los españoles tienen la Armada Invencible o la Guerra de Cuba, los chinos tienen las Guerras del Opio o las conflagraciones contra Japón a finales del siglo XIX y en los años 30 del siglo XX.

Estas derrotas, y vuelvo a comparar con España, no deben verse con derrotismo, porque tanto China como España han tenido épocas de hegemonía continental, y también han escrito grandes victorias en sus anales históricos. En España, después de unos años de autoflagelamiento comprensibles en tiempos de crisis, se están reivindicando figuras como Blas de Lezo, el guipuzcoano que venció a aquella «armada invencible inglesa» que quería saquear Cartagena de Indias, o el poder de los Tercios de Flandes, comparables a los marines estadounidenses actuales.

De la misma manera, en China podrían salir del pesimismo y rescatar de su pasado a personajes como Zheng Zhilong, el líder militar que en el siglo XVII venció en el mar a la que entonces quizá era la gran potencia marítima mundial, los holandeses.

Fue en octubre del año 1633, en la llamada Batalla de Liaoluo, que creo que no es demasiado conocida ni siquiera por los chinos, pese a que es una de las victorias más claras que lograron ante potencias europeas, y el enfrentamiento directo con ellas más grande hasta que dos siglos después se libraron las Guerras del Opio, en las que China cayó con todo el equipo.

En ese siglo XVII, los holandeses dominaban desde Batavia (la actual Yakarta, en Indonesia) el comercio en el Índico y el Pacífico Occidental, y controlaban la isla de Taiwán, merced a las actividades de la Compañía Holandesa de las Indias Orientales, una multinacional tan poderosa que contaba con su propio ejército y armada. Desde Taiwán, intentaban comerciar con el gigantesco imperio chino, entonces controlado por la dinastía Ming, pero éste, muy cerrado al exterior en esa época, se resistía a hacerlo.

Entre Taiwán y la parte continental china, además, había una gran actividad de piratas chinos que dificultaban ese posible comercio. La mayor flota pirata de aquella época en la zona la dirigía quien ya hemos mencionado, Zheng Zhilong, pero éste decidió dejar la piratería, unirse a la flota imperial, y ofrecerse a combatir tanto para chinos como para holandeses a los filibusteros de la zona, incluyendo algunos de sus antiguos subordinados, que seguían dedicándose al pillaje aunque su jefe les hubiera abandonado.

Zheng había aprendido en su época de pirata, mediante enfrentamientos contra buques de todas las banderas, algunos métodos de navegación y guerra naval europeos que puso en práctica con éxito: grandes buques en lugar de los pequeños juncos habituales en los mares chinos, y dotados con largas baterías de cañones a babor y estribor, al estilo de las armadas del Viejo Continente. Además aprendió tretas que utilizaría después, en su enfrentamiento contra los holandeses, aunque éste llegará en próximos párrafos, no en el siguiente.

Y es que en un principio Zheng y los holandeses, a las órdenes del gobernador de Taiwán, Hans Putmans, tenían un enemigo común (los piratas del estrecho de Formosa) y acordaron trabajar juntos. Zheng incluso prometió a Putmans que le ayudaría a convencer al gobernador de Fujian (la provincia china frente a Taiwán) para que permitiera el comercio en su costa con la Compañía de las Indias Orientales.

Sin embargo, ocurrió que Zheng no se ganó la confianza de ese gobernador de Fujian, seguramente porque su pasado bucanero no le daba toda la credibilidad necesaria, por lo que Putmans perdió la paciencia y decidió adoptar una política más agresiva: los mismos holandeses se convertirían en una especie de piratas en la zona y se aliarían con filibusteros chinos de la zona para meter miedo al imperio Ming y así forzarlo a abrirse comercialmente.

Para ello, los holandeses primero destruyeron la flota que Zheng tenía atracada en el puerto de Amoy (el actual Xiamen), el 7 de julio de 1633. Fue un ataque por sorpresa, cuando los buques estaban casi vacíos, pues muchos de los barcos estaban aún a medio construir. Tras el ataque relámpago, los holandeses y sus nuevos aliados piratas atacaron y saquearon diversas zonas de la costa china, con el objetivo antes mencionado de causar pavor y obligar a China a aceptar el comercio con el exterior.

Esos ataques, sin embargo, causaron un odio hacia los holandeses en la zona que permitieron a Zheng Zhilong reclutar rápidamente pescadores y campesinos como nuevos marineros de una nueva flota contra Putmans. Ofreciendo 50 monedas de plata por cada cabeza de holandés que cortaran, consiguió en tres meses reconstruir su fuerza naval hasta tener unos 50 grandes juncos y 100 pequeños con los que se propuso vengarse de los holandeses. Así llegamos al 22 de octubre, el día de la Batalla de Liaoluo.

Liaoluo es el nombre de la bahía sur de la isla de Kinmen, vecina a Xiamen y que actualmente aún está bajo control de Taiwán (hace un tiempo hice un post de ella cuando la visité). Allí estaba atracada la flota de la Compañía Holandesa de las Indias Orientales, formada por ocho grandes buques de los Países Bajos y medio centenar de pequeños juncos chinos. A priori los chinos de Zheng tenían ventaja numérica, pero tecnológicamente los buques holandeses eran más potentes.

En la batalla, la clave de la victoria fue la utilización por parte de Zheng de barcos «kamikazes», cargados de pólvora y en llamas para que, al colisionar con los buques holandeses, los hundieran con la explosión. El truco de este ataque fue el usar barcos grandes como kamikazes, en vez de los pequeños, que era lo habitual: los holandeses estaban convencidos de que Zheng no sacrificaría sus mayores buques con esta estrategia, que preferiría usarlos en abordajes, pero les engañó. La tripulación de esos navíos más grandes saltaba por la borda al acercarse a los buques europeos antes de la colisión y subsiguiente explosión. De esta manera, dos o tres galeones holandeses fueron hundidos, mientras uno era capturado por los chinos y los otros cuatro huyeron. Los pequeños juncos chinos que quedaron fueron juego de niños para la flota de Zheng, que con su victoria ganó tanto prestigio que se convirtió en gobernador de Fujian y, ironías de la vida, entonces aceptó comerciar con los holandeses de Putmans, lo que le ayudaría a convertirse en el hombre más rico de la China de su época. Eran unos años muy locos, tu enemigo de ayer podía ser tu gran aliado mañana.

Sí, eran unos años de tanta locura que las cosas volverían a cambiar pronto… en 1644 cayó el imperio Ming a manos de los manchúes, que fundaron la dinastía Qing. Zheng pronto aceptó las órdenes de los nuevos emperadores «extranjeros», pero no así su hijo, Zheng Chenggong, que también se convertiría en un poderoso líder militar y naval, aunque más conocido por el nombre de Koxinga. Su ejército desembarcaría en Taiwán y echaría para siempre a los holandeses de esa isla, creando en ella durante unos años un reducto Ming mientras en el resto de China gobernaban los Qing. La victoria le envalentonó tanto que decidió dirigirse a Filipinas para intentar expulsar de ahí a los españoles, aunque murió de malaria en los primeros meses de acoso a las costas de esa colonia. Sólo tenía 37 años, pero ya había pasado a la Historia, e incluso se convirtió en un dios adorado en los templos de Taiwán y Fujian.

4 Comentarios

  1. Muy buen articulo ¿sabes cuales son los autores de las pinturas que recrean esa batalla? al menos creo que la segunda la recrea.

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