Cuando Mao nadó en Wuhan

Con la decidida intención de que no sólo os acordéis del coronavirus de las narices cada vez que oigáis hablar de la ciudad de Wuhan, me propongo hoy contaros un hecho muy sonado de la historia reciente de China que también ocurrió en esa gran urbe: el famoso chapuzón que Mao Zedong se dio en el río Yangtsé, el 16 de julio de 1966.

La natación era uno de los deportes favoritos de Mao desde que era niño, cuando aprendió a nadar en su tierra natal de Hunan (provincia vecina a Hubei, de la que Wuhan es capital). Lo hizo en parte como un gesto de rebeldía hacia su padre, un hombre confuciano muy conservador y severo para el que nadar era un vicio moderno y aborrecible.

Mao dándose un baño en el estanque de la montaña Lushan, uno de sus lugares de recreo favoritos.

En sus primeros años como máximo líder de la República Popular, el Gran Timonel ya expresó su deseo de nadar en los tres grandes ríos del país (el Perla, el Yangtsé y el Amarillo), y fue en el primero de éstos, a su paso por Cantón, donde comenzó a intentar cumplir ese plan. Se lanzó casi sin avisar, y tras él fueron unos cuantos guardaespaldas, preocupados por que al gran líder no le engullera alguno de los muchos remolinos que suele haber en esa gran corriente.

Bañador usado por Mao en 1974, expuesto hoy en día en el museo que en su honor hay en su localidad natal, Shaoshan.

Poco después de aquello, el 16 de julio de 1956 (justo 10 años antes del baño que os he mencionado al principio), Mao visitó Wuhan y se lanzó al Yangtsé, también flanqueado por sus guardaespaldas, y juntos pasaron cerca de una hora. A Mao, que gustaba mucho de escribir versos, ese baño le emocionó tanto que le dedicó el siguiente poema:

NADANDO

Acabo de beber las aguas de Changsha
y de comer los peces de Wuchang;

ahora estoy cruzando el río de mil millas de largo,
mirando a lo lejos hacia el abierto cielo de Chu.

No me preocupa que el viento sople ni que las olas golpeen;
esto es mejor que vagar idílicamente por el jardín.

¡Hoy soy libre!

Fue a orillas de un río que el maestro Confucio dijo:
«Así fluye la Naturaleza entera».

Los mástiles se mueven con la brisa;
las colinas de la Tortuga y de la Serpiente están quietas.

Grandes planes se trazan:
un puente volará a través, para unir el Norte y el Sur,
un gran abismo se convertirá en una avenida.

Los muros de piedra se alzarán contra la corriente, al Oeste,
para contener las nubes y la lluvia del Monte Wu,
y las estrechas gargantas se convertirán en un lago.

La diosa de la montaña, si aún se encuentra allí,
se asombrará de ver su mundo tan cambiado.

En el poema no se nombra Wuhan pero sí Wuchang, que es cómo se denomina a la parte de la ciudad que está en una de las orillas del Yangtsé (la ciudad en realidad es el resultado de la fusión de tres que había en el río: Hankou y Hanyang en la margen izquierda, y Wuchang en la margen derecha).

Diez años después, el 16 de julio de 1966, miles de wuhaneses se pusieron el bañador y acudieron a las orillas del Yangtsé para rememorar el baño del gran líder. Lo que no se imaginaban, ni ellos ni nadie, es que el propio Mao se iba a apuntar a la fiesta: llegó a la orilla por sorpresa, entre vítores y clamores se tiró al agua, y aquel baño duró más de una hora. Junto a él nadaron más de 5.000 personas, y acabó siendo el más famoso de los chapuzones del Gran Timonel.

Mao tenía motivos políticos para estar allí: en los 10 años transcurridos desde su anterior travesía por el Yangtsé, las cosas no le habían ido muy bien y buscaba resarcirse con gestos propagandísticos como ése. En el Gran Salto Adelante (1958-62), sus programas económicos revolucionarios habían sido un desastre que había causado millones de muertos por hambre y enfermedades. Considerado buen revolucionario y militar pero mal político, Mao había sido progresivamente apartado del poder por otros líderes como Liu Shaoqi y Deng Xiaoping, y en 1965 y 1966 ni siquiera pasaba mucho tiempo en Pekín, sino retirado en Hangzhou, algo olvidado y prácticamente considerado como un jubilado a sus 72 años. Sin embargo, con su baño en el Yangtsé, Mao quiso demostrar a las masas que seguía siendo un líder enérgico y capaz de gestas físicas impropias para su ya avanzada edad.

«Exitoso baño del presidente Mao en el Yangtsé», rezó esta portada del diario oficial del ejército, publicada nueve días después, que es cuando el resto de China conoció el «notición». ¿Os imagináis una portada así hoy en día, en plan «exitosa caminata rápida de Rajoy» o «exitosa pachanga al basquet de Pedro Sánchez»?

Los diarios chinos, dirigidos por el régimen, no se cortaron a la hora de rodear este baño de componentes heroicos. Llegaron a decir que Mao había recorrido 15 kilómetros en 65 minutos, una gesta digna de Johnny Weissmuller (para que os hagáis una idea, los nadadores profesionales en los Mundiales necesitan más de una hora y media para nadar 10 kilómetros en aguas abiertas). En defensa de Mao, hay que decir que si nadas en un río a favor de la corriente puedes hacer distancias enormes en relativamente poco tiempo.

Cartel de la época dando un toque más épico si cabe a la foto que antes hemos visto en el periódico.

En Occidente, la noticia fue recibida con bastante escepticismo pero sobre todo con mucho cachondeo, como cuenta el excelente artículo de South China Morning Post con el que me he documentado para escribir este texto de hoy. Se dice que el presidente de la federación internacional de natación de larga distancia invitó formalmente a Mao a participar en los mundiales de la disciplina. En el Washington Post, el columnista satírico Art Buchwald escribió lo siguiente:

No bien se supo que Mao Tse-tung había nadado 13 kilómetros para probar su buena salud, el Consejo Nacional de Seguridad de los Estados Unidos fue convocado a una reunión secreta. En ella se consideró que debíamos responder a los chinos y que había una sola manera de hacerlo: el presidente Johnson tendría que nadar en el Misisipí.

No lo hizo, que sepamos, pero el sucesor de Kennedy sí se bañaba en la piscina, y además junto a su perro.

Mao, con su baño, aderezado por la propaganda, renació de sus cenizas tras meses en el olvido. Pocos días después regresó a Pekín y tomó las riendas de la Revolución Cultural que ya llevaba unos meses en funcionamiento, y la utilizó para acabar con Liu Shaoqi (fallecido en 1969 tras meses de humillaciones públicas y maltratos) y purgar a Deng Xiaoping, quien sólo regresaría al poder tras la muerte de Mao en 1976.

Ya que hablamos de 1976, hay que decir que en aquel año se cumplían 10 y 20 años de los históricos baños de Mao, y una gran multitud volvió a concentrarse junto al gran puente del Yangtsé en Wuhan para volver a echarse al agua. En aquella ocasión no estuvo Mao, entonces ya sí que muy anciano y enfermo (moriría un par de meses después, de hecho). De aquella tercera gran travesía del Yangtsé en Wuhan nos quedan posters con esa maravillosa estética de la Revolución Cultural (lo único bueno que dio aquella revolución) y hasta algún sello de correos no menos precioso.

En muchas de las imágenes que os he mostrado aparece el puente de Wuhan, uno de los principales monumentos de la ciudad, que yo crucé andando en 2013 (como estuve en febrero, el agua estaba demasiado fría para emular a Mao y cruzar de orilla a orilla a estilo mariposa).

El baño en el Yangtsé a su paso por Wuhan se ha convertido desde aquellos eventos en una celebración anual. Cada 16 de julio, cientos de personas de toda China y algunas venidas del extranjero se tiran al agua y nadan en el tercer río más largo del mundo. Algunos pensaréis que son unos orates despreocupados por la contaminación del agua, pero lo cierto es que el Yangtsé tiene fama de no estar demasiado contaminado, al menos en comparación con su hermano del norte, el Río Amarillo, que sí que da bastante asquito el pobre, y no sólo por su color marrón.

Baño en el Yangtsé en 2017. Esperemos que este año se pueda volver a organizar…

Quizá una de las mejores cosas que produjeron los baños de Mao en el Yangtsé fue inspiración para que millones de chinos intentaran emularle y aprendieran a nadar. En China, pese a ello, no es frecuente que haya clases de natación en las escuelas, muchos habitantes del país no saben nadar y todos los años hay tristes noticias de ahogamientos de gente que se cae a ríos, lagos o embalses y fallece por carecer de esa habilidad.

En torno a Mao y su pasión natatoria también se suele contar a menudo su anécdota con Nikita Kruschev en la piscina. Se dice que Mao lo pasó muy mal cuando visitó Moscú en 1957, se sintió muy mal tratado por Kruschev (las cosas entre China y la URSS ya se estaban poniendo muy tirantes), no le gustó ni el sitio donde estaba alojado, y cuando Kruschev visitó Pekín un año después, el Gran Timonel se tomó cumplida venganza. Sabedor de que Nikita no sabía nadar, Mao le invitó a la piscina privada que tenía en su residencia de Zhongnanhai (el recinto al lado de la Ciudad Prohibida donde viven los líderes comunistas chinos aún hoy), le dio un bañador y le invitó a bañarse, mientras él se tiraba de cabeza y se hacía unos largos. Kruschev, visiblemente incómodo, tuvo que ponerse el traje de baño, entró bajando por una de las escalerillas, y se quedó en un rincón donde no cubría demasiado, incómodo y atemorizado. ¿Cómo iban a llevarse bien Moscú y Pekín con estas tensiones?

No es fácil encontrar en internet fotos de Kruschev en bañador, no creo que se acercara muchas más veces a una piscina, pero sí he hallado ésta, maravillosa, de su sucesor al frente de la URSS, Leónidas Breznev. Y lleva flotador, así que está claro que los líderes soviéticos no eran muy buenos nadadores en general.

Tras Mao, mostrarse en bañador y nadando en el agua siguió siendo una forma de propaganda para los líderes en China incluso décadas después, como demostró Deng Xiaoping en 1989, cuando, unos tres meses después de la matanza de Tiananmen que tan mal había dejado a su régimen, apareció nadando y relajado en la playa china de Beidaihe (habitual lugar de descanso de los líderes comunistas en agosto) para mostrar que seguía estando en forma y despreocupado pese a las críticas.

El Joe Pesci chino contaba 85 años entonces, más aún de los que Mao tenía en su chapuzón de 1966.

El sucesor de Deng, Jiang Zemin, también tiene fotos inolvidables en bañador, aunque con menos mensaje político. Se las tomó en la playa Waikiki de Hawai, durante una visita a los Estados Unidos a mediados de los 90.

¿Hay alguna foto de Jiang Zemin que no sea graciosa?

A partir de ahí, nos hemos quedado sin fotos de líderes chinos en bañador, dicen que porque Hu Jintao seguramente no sabía nadar (o al menos no le gustaba) y porque Xi, aunque dice tener la natación como uno de sus deportes favoritos, no ha tenido a bien hacerse fotos enfundado en un Speedo.

Lo que sí se sabe, o se sospecha, es que Xi tuvo en 2012 un pequeño accidente mientras nadaba que le causó problemas en la espalda, por los que estuvo días desaparecido de actos públicos (se llegó a especular con que le había pasado algo muy malo, pero finalmente reapareció). Hasta aquí, la historia de la China moderna a braza y a crol, que ya sabéis, tuvo un importantísimo episodio en Wuhan.

8 Comentarios

  1. Me ha encantado el artículo, y las fotos están geniales. Me ha llamado la atención la noticia en la portada del periódico, qué curioso!

    • En eso no ha cambiado mucho la prensa comunista china, sólo que cambiando a Mao por Xi, pero sigue siendo muy personalista y de culto al líder.

    • Una extrañísima y a fe mía incomodísima mezcla entre braza y espalda… igual es un estilo autodidacta, en esa zona debía haber pocas clases de natación.

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