Cuarentena a la prensa

Esta semana hemos seguido desayunando, almorzando y cenando con noticias del coronavirus de Wuhan, que aunque parece estar remitiendo lentamente en China, ahora está contagiándose de forma preocupante en lugares como Corea del Sur, Irán o Italia, país este último donde el mismísimo Carnaval de Venecia se ha cancelado por miedo a que las muchedumbres aumenten las posibilidades de propagación del virus. Es de locos. Y para locura, la decisión de las autoridades chinas de expulsar del país a tres periodistas de Wall Street Journal por un titular del periódico relacionado con la epidemia. Se supone que han de salir del país hoy o mañana.

El titular en cuestión rezaba «China es el verdadero enfermo de Asia», ha causado la ira de las autoridades chinas, y si la expulsión es una locura es, entre otras cosas, porque ninguno de los tres periodistas expulsados -los estadounidenses Josh Chin y Chao Deng y el australiano Philip Wen– lo ha escrito.

Su autor es Walter Russell Mead, un columnista que reside en Washington, así que Pekín ha decidido vengarse con otros de lo que ha redactado él.

Sólo os muestro el titular (podéis leer el artículo completo aquí, creo que no es de pago) porque sus ocho palabras, ninguna de las de después, son en realidad lo que ha disgustado a las autoridades chinas. La expresión «el enfermo de Asia» usada como sobrenombre para China tiene más de un siglo de antigüedad, y se empleó sobre todo en los periódicos occidentales a finales del siglo XIX y principios del XX, cuando China atravesaba uno de sus peores momentos políticos. Derrotada en dos guerras del Opio por Reino Unido, por los japoneses, y presa de conflictos civiles como la Rebelión Taiping o la de los Boxers, China era vista entonces como un imperio en franca decadencia. En realidad la expresión se había empezado a usar con el Imperio Otomano, apodado entonces «el enfermo de Europa», pero pronto se empezó a usar con los chinos también, vistos ambos como reinos milenarios y obsoletos que tenían los días contados.

Chiste de la época que no entiendo, pero en el que claramente salen un oficial turco y otro chino y en el pie de página se habla de «otro enfermo».

La expresión en realidad estaba dirigida en contra de imperios como el Qing o el de los sultanes otomanos (ambos acabarían cayendo poco después, por cierto), no hacia los ciudadanos de esos territorios, pero lo cierto es que en China fue vista, y aún lo es, como una expresión racista. Los intelectuales chinos de la época lo tomaron como una crítica a todo el pueblo, con esa estrategia que tiene el nacionalismo de unificar a base de un enemigo común que supuestamente les «odia», y cargaron un poco las tintas, señalaron que los occidentales pensaban que todos los chinos eran unos delgaduchos y enfermos fumadores de opio.

Sea como fuere, lo cierto es que esa idea cuajó y en China usar ese titular genera más segundos sentidos e iras de las que en Occidente nos surgirían, y que por ejemplo no sentiríamos si, por ejemplo, leyéramos que «España es el enfermo de la Unión Europea» en algún momento de crisis. Bueno, quizá es comparable a cuando los británicos empezaron a usar la expresión PIGS para hablar de los países europeos más afectados por la crisis de 2008 (Portugal, Italia, Grecia y Spain). Felizmente, el Gobierno español no tuvo la aberrante idea de echar a periodistas de aquellos diarios que usaran esa expresión, por poco que nos pudiera gustar.

Otra cosa que no ha gustado es que este titular llegara en un momento muy duro para las autoridades chinas, enfrascadas en la ardua tarea de combatir una epidemia y con la triste tarea diaria de contar los muertos que genera. Incluso si la intención del columnista era simplemente hacer un juego de palabras de aires historicistas, a las autoridades les ha parecido un golpe bajo.

Por lo demás, el contenido del artículo que ha enfadado a los chinos no es demasiado original. Vuelve a una idea que los periodistas, sobre todo aquellos especializados en economía, repiten desde hace por lo menos 25 años: que el sistema económico chino tiene unas bases paupérrimas, que es un castillo de naipes a punto de caer por su gran endeudamiento, y que ahora sí, va a hundirse. Lo dijeron con dudoso éxito en la crisis monetaria asiática de 1997, en la financiera global de 2008, en la gripe bursátil shanghainesa de 2015, y muchas más otras veces, y nunca acertaron, hasta que un día lo hagan, porque claro, un reloj parado también da la hora exacta dos veces al día.

También se dice en el artículo que cuando la economía china se derrumbe, la mundial será arrastrada por ella. Por esta razón deberíamos empezar a apodar a Estados Unidos «El enfermo de América», dado que las dos peores crisis de los últimos 100 años, en 1929 y 2008, ambas con el triste resultado del auge de la ultraderecha, comenzaron en Wall Street. Y EEUU también es otro imperio que algún diría verá su fin…

Volviendo al tema de la expulsión, según recordaba esta semana el Club de Corresponsales Extranjeros en China, ya son nueve los periodistas extranjeros que han tenido que dejar el país en la última década, después de que en la anterior (2001-2009) no tuviera, que yo recuerde, ninguna expulsión, lo cual dice que no siempre las cosas progresan.

Hay que puntualizar que esas expulsiones no son violentas acciones en las que unos policías se llevan del brazo a los reporteros hacia el aeropuerto, en realidad están disfrazadas bajo la fórmula de «no renovación» de la visa o permiso de trabajo que los reporteros foráneos tenemos que tramitar cuando llegamos a China, y con ello se da a las víctimas unos días para que se hagan la idea y las maletas.

La última expulsión pura y dura de un reportero en China fue en 1998, cuando el alemán Jürgen Kremb, que escribía para la famosa revista Der Spiegel, fue forzado a dejar el país inmediatamente, acusado de estar en posesión de secretos de estado (no he sabido encontrar mucha más información sobre aquel incidente). Por cierto, que Der Spiegel ha publicado una portada estos días que tampoco ha gustado mucho a los chinos:

Mediante el procedimiento de no renovación de visa han sido expulsados en la última década los siguientes reporteros, además de los tres ya citados. Si me dejo alguno y alguien lo recuerda, que me comente:

Melissa Chan, de Al Jazeera, en 2012, al parecer represaliada por informar sobre los campos de reeducación chinos (supuestamente ya abolidos, aunque en Xinjiang me parece que han resucitado) con información obtenida en el interior de éstos.

Chris Buckley, del New York Times, también en 2012, después de que su diario publicara un célebre artículo en el que se acusaba a la familia del entonces primer ministro chino Wen Jiabao de tener un millonario emporio gracias a sus contactos políticos. Por cierto, seguid su cuenta de Twitter, es grandiosa. En el mismo periódico tampoco lograron renovar la visa por esa época Philip Pan y, en 2014, Austin Ramzy (ese año ese y otros diarios publicaron al unísono los apodados «Chinaleaks», supuestos documentos secretos revelando la corrupción en las altas esferas del país).

Ursula Gauthier, de la revista francesa L’Obs (la afición de los franceses a lo monosilábico y el apócope les aproxima a los chinos), expulsada en 2015 por un artículo en el que justificaba en parte los atentados yihadistas que sufría China entonces por su mal trato a la etnia uigur, e incluso anticipaba que habría más. A los censores chinos les sentó como un tiro, porque además no comprendían que esto procediera de alguien de un país que ese año también había sufrido mucho el terrorismo, como era Francia (atentados en París, en el también apocopado Charlie Hebdo…)

Megha Rajagopalan, de la famosa web sensacionalista Buzzfeed, expulsada en 2018 por su extensa cobertura de la red estatal china de espionaje tecnológico en la región de Xinjiang, otro asunto relacionado con los uigures.

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