Culto a la personalidad cuqui

Diario del Pueblo, el periódico portavoz del Partido Comunista de China, se ha disfrazado hoy de cuento de Peppa Pig y nos ha regalado un extraño artículo sobre la vida del presidente chino, Xi Jinping, en el que lo más llamativo son las ilustraciones:

Limpiando China de tigres y moscas (lo que en la jerga comunista significa que persigue tanto a los peces gordos como a los don nadies).
Practicando deportes de invierno de cara a los JJOO de Pekín 2022.
Plantando árboles, costumbre entre los líderes chinos que comenté la semana pasada.
Jugando al fútbol, una de sus grandes pasiones, mientras un futbolista se hace un selfie con él (el Kun Agüero fue exactamente lo que hizo cuando Xi estuvo en Reino Unido).
Estudiando bien para luego poder pronunciar esos discursos infumables que suelta.
Y yendo a trabajar al campo, de joven, en la Revolución Cultural.

Las imágenes son muy monas, no lo niego, pero son una muestra del culto a la personalidad que el aparato propagandístico de este país está montando en torno a Xi desde poco después que llegara al poder, un culto que no se había producido con sus antecesores, ya que el que hubo con Mao acabó siendo desastroso para este país y se pensaba que no iba a repetirse. Los niveles actuales de culto a Xi no son aún los que tuvo Mao, pero están comenzando a preocupar a muchos.

Eso sí, como podéis ver, el culto al supremo líder ha abandonado la épica militar y marxista que tuvo con Mao para adoptar un lenguaje casi tan pernicioso o más: la estética de lo cuqui. Y ya lo dice Quequé en el programa de radio La Vida Moderna: ¡no todo puede ser cuqui!

Si las imágenes de Xi hoy fueran un caso aislado, no me preocuparía, pero es que no es ni de lejos el primer caso de neomaoísmo cuqui, un movimiento que debería preocuparnos mucho más que los tan manidos populismos. ¿Querían poder blando de China? Pues llega el poder blandengue. Vean si no, vean…

 

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