Cumbre penta BRICS

Disculpad el par de semanas que llevo sin postear, pero entre viajes de trabajo y de placer apenas he tenido tiempo para usar el ordenador estos días (tiempo o energías, porque ahora ando por Estados Unidos y con las 12 horas de diferencia que hay con China arrastro un jet lag que al paso que va me va a dejar secuelas psicológicas).

Una de las razones de este ajetreo fue que viajé a Xiamen a principios de mes para cubrir la cumbre de los BRICS, el bloque de potencias emergentes que forman Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, al que espero que pronto se una Argentina para que lo podamos llamar BRISCA o CRIBAS.

Al presidente Xi le encanta celebrar cumbres, en apenas tres años ha sido anfitrión de cuatro, y me las he tragado todas, así que ya he empezado a recibirlas con cierta sensación de rutina, porque muchas cosas se han ido repitiendo en las cuatro. Una cosa que siempre pasa en ellas, por ejemplo: que no hueles a los líderes ni de lejos (salvo al presidente Xi el último día, celebrando una falsa rueda de prensa en la que no concede preguntas). En cambio, te pasas el día en el centro de prensa, un enorme espacio acondicionado para la ocasión, normalmente en un gigantesco Centro de Convenciones local que podría servir de hangar a la Estrella de la Muerte. Aunque dos de las cumbres (la del APEC 2014 y la de las Nuevas Rutas de la Seda del pasado mayo) fueron en el Centro de Convenciones de Pekín, otra (la del G20 en 2016) en el de Hangzhou y la más reciente en el de Xiamen yo podría confundir sus espacios totalmente, si no fuera por los distintos logotipos que hubo de cada reunión adornando las paredes.

Otra cosa que se repite en estas cumbres es que hay un espacio donde se regalan libros a los periodistas y visitantes, normalmente textos propagandísticos o turísticos de China, y el libro “estrella” es uno supuestamente escrito por el presidente Xi que sólo de ver la portada ya deduces que es el mayor peñazo que vio la Historia. No creo que nadie haya pasado jamás de la primera o segunda páginas, y el stock de volúmenes que tiene el Gobierno chino es tal que hasta se permiten usarlo con fines arquitectónicos.

El lema oficioso de la cumbre 2017 era que los países BRICS deben navegar juntos hacia “una segunda década dorada de relaciones” (Xi repitió esto tanto que hasta podríamos haberlo coreado todos si nos hubieran dejado entrar a los plenarios) y por eso el logotipo de la reunión eran cinco velas de un estilizado barco, cada una de ellas simbolizando una de las naciones del bloque.

Os preguntaréis qué hace un pastelito en la foto, y os lo explicaré ahora mismo: en las anteriores cumbres acogidas por China estos años el comedor para la prensa siempre exponía dulces, generalmente de chocolate blanco o sustancias similares, adornados con el logotipo de la cumbre. Ya lo comenté hace mes y medio, diciendo que mi gran objetivo en la cumbre BRICS iba a ser hacer una foto del postre oficial de la cumbre y añadirlo a la colección. Al final no hubo tal postre, para mi gran decepción, así que me tengo que contentar con la anterior foto.

Otra cosa que ocurre en las cumbres chinas sin excepción, y también fue así en Xiamen, es que los periodistas chinos se pasan los días preguntando a los periodistas extranjeros sobre cuáles son nuestras expectativas de la cumbre, cómo la analizamos y tal… La falta de acceso a los líderes que hay siempre en una China donde cada vez es más difícil informar provoca que los periodistas chinos acudan a nosotros como si fuéramos parte de las delegaciones. A mí me parece fatal ponerme a sentar cátedra como si fuera un tertuliano, pero te abordan tantas veces que al final alguna “entrevista” tienes que conceder, y a lo tonto puedo hacer declaraciones una decena de veces por cumbre. Otra cosa por lo que lo hago, aparte de por su insistencia, es porque me gustaría que a cambio los chinos me respondieran cuando yo les pregunto en otras ocasiones (no los periodistas sino la gente de a pie), pero no creáis que hay demasiada reciprocidad.

Pese a estos momentos rutinarios de cada cumbre, en esta ocasión hubo alguna novedad reseñable, por ejemplo la de que nuestro centro de prensa estaba al ladito del mar, en las costas del estrecho de Formosa (suerte que el tifón que esos días azotó el sur de China no llegó demasiado a Xiamen, porque si no ese carácter costero de nuestro lugar de trabajo se podría haber convertido en un problema). Intenté acercarme a la playa, pero os juro que fue casi tan complicado como colarse en el Pentágono: si pisabas la arena, policías disfrazados de turistas te decían que no se podía hacer eso. Y en una ocasión, cruzando los escasos 20 metros entre el centro de prensa y el paseo marítimo, un policía me soltó un grito tal diciendo que no se podía que casi me da un infarto, pensé que me iban a disparar o algo. Me molesté bastante con el policía, y montamos un buen numerito allí mismo, gritándonos mutuamente.

En fin, volvamos a temas más calmados, muuucho más calmados, porque otra novedad en la cumbre BRICS es que los periodistas teníamos una zona de descanso en la que habían colocado los sillones de masajes más potentes y avezados en técnicas shiatsu del mundo, hasta tal punto que casi había cola para usarlos (que esto no os haga pensar que no curramos, pues lo hicimos y mucho, pero todos intentamos buscar algún momentillo para darnos 15 minutos de masaje cada día). Eran fantásticos, pero tenían una fuerza espectacular, hacían un ruido como si estuvieran movidos a vapor, y mientras te hacías el masaje te ponías a pensar en la posibilidad de que si el sillón era entonces poseído por Skynet y te empezaba a estrujar, podías perecer allí mismo. Seguramente Terminator 5 (o la que toque, ya perdí la cuenta) partirá de esta premisa.

Y hablando de alta tecnología, las taquillas para dejar cosas se abrían con reconocimiento facial, una técnica que había leído ya que se empleaba en algunos sitios de China pero que hasta ahora no había conocido personalmente. Si Asimov levantara la cabeza, se la leerían y se abriría una taquilla para que la pudiera usar.

Hubo mucho curro en la cumbre, así que no tuve demasiado tiempo para visitar Xiamen, una ciudad en la que estuve hace 10 años y por la que esta vez sólo pude pasear de noche un par de días. Por lo poco que vi, Xiamen, con fama de ser una de las ciudades con mejor calidad de vida de China, ha cambiado mucho y se ha convertido en otra jungla de rascacielos de ésas que gustan tanto a los urbanistas chinos.

Los páharos que decoraban los edificios recuerdan que Xiamen es apodada “la isla de las garzas”, aunque no creo que queden muchas actualmente, dado que la isla está casi enteramente asfaltada y edificada, con algún que otro parque como excepción.

Esa jungla de rascacielos estaba tan intensamente iluminada (no sé si sólo durante la cumbre o todas las noches del año) que si algún OVNI pasó esos días sobre ella los marcianos quedaron seguramente cegados para siempre por su fulgor. Incluso la parte antigua de la ciudad, que tanto me gustó en mi visita de hace una década, parece un decorado de Las Vegas.

En fin, China se moderniza a su manera y con rapidez, aunque algo queda siempre: la comida. En esas escapadas nocturnas me tomé alguna que otra tortilla de ostras, el plato típico de Xiamen y también el de Taiwán, al otro lado del estrecho Formoso. Deliciosas, as ever.

4 Comentarios

  1. Hace poco más de un mes te ví fugazmente en un noticiario nocturno de la CGTV, el canal chino en español.Estabas entre los periodistas mientras el portavoz de asuntos exteriores iba informando.Fué tan rápido que en ese momento le dije a mi mujer,”mira, Chinochano”, y no llegó a verte.Solo vió al portavoz y le tuve que decir que ese no eras tú, ja, ja, ja. Eso quiere decir que no paras, pues estás en todo.

    • Pues sí, me toca a menudo acudir a esa rueda de prensa, y no es raro que te agarren como imagen de recurso… espero que no saliera bostezando, que a veces muero de sopor en ellas.

  2. No bostezabas, je, je.Más bien se te veía atento.Si no recuerdo mal era el candente tema, ya solucionado, del conflicto fronterizo China-India.

    • Pues el portavoz ante ese tema (como hace siempre) contestaba la misma frase repetidamente, fuera lo que fuera lo que le preguntaras… No os podéis imaginar lo marciano que es el mundo de las ruedas de prensa oficiales chinas. Kafkiano total.

Deja un comentario

Tu dirección de correo no será publicada.