De Bangkok a Harlem, con mediación del Kuomintang

Hace unos días vi la película American Gangster, de Ridley Scott, basada en el jefe mafioso real (y aún vivo, cosa rara) Frank Lucas, un afroamericano que desde el neoyorquino Harlem se hizo un inmenso nombre en el hampa gracias al tráfico de heroína en los años 60 y 70. No esperaba aprender con esta película cosas sobre la historia de China, pero lo hice.

El Frank Lucas real, y el de la película, basaron su triunfo como narcotraficantes en el hecho de que compraban el opio con el que se elabora la heroína directamente a los productores del Triángulo de Oro de la droga, repartido entre Laos, Birmania y Tailandia. En el film Frank Lucas se va él mismito a Bangkok a negociar estas compras. ¿Y a quién le adquiría el opio? ¡A un general chino del Kuomintang, ejército que llevaba ya casi 20 años derrotado y sin poder volver a China!

Momento de la negociación de ambos durante la película.

La película está basada en hechos reales, y lo de que generales nacionalistas chinos controlaban la producción de opio en el sureste asiático al parecer tiene cierta base histórica real. Derrotados por los comunistas, muchos soldados del KMT huyeron a la isla de Taiwán y se establecieron en ella hasta hoy, pero otros no estaban tan cerca de la costa, no les quedó más remedio que cruzar la frontera sur con países como Vietnam o Laos, y se establecieron allí en plan guerrilla, esperando cual maquis la oportunidad de regresar o al menos intentar emboscar a algún maoísta extraviado. A falta de otros fondos, muchos de ellos acabaron viviendo del narcotráfico, de manera similar a las guerrillas en países como Colombia, y algunos aguantaron así hasta bien entrados los años 80.

Uno de los más famosos generales devenidos en narcotraficantes fue Li Mi (1902-1973), con una larga trayectoria militar que incluyó batallas contra japoneses y comunistas, y que en 1949 acabó teniendo que huir con sus soldados de su Yunnan natal (provincia vecina al sureste asiático) a zonas de Tailandia y Birmania donde intentó reconstruir unas fuerzas de guerrilla que financiaba con el cultivo de opio. Chiang Kai-chek finalmente ordenó a Li Mi y sus hombres regresar a Taiwán, y él lo hizo en 1953, pero parte de los soldados se quedaron allí y siguieron dedicándose al narcotráfico en las décadas subsiguientes. Continuaron luchando contra guerrillas comunistas de Birmania y Tailandia, recibiendo en ocasiones ayuda del Gobierno tailandés o hasta de la CIA.

Li Mi en sus años mozos, antes de echarse al monte.

Las complejas luchas en las selvas del sureste asiático mezcladas con drogas, nacionalismos e ideologías comunistas, que siguen hoy en día sobre todo en Birmania, llevaron a estos soldados perdidos del KMT a disputar una peculiar «Guerra del Opio» en 1969 por el control de esta materia prima, que les enfrentó a un legendario zar de las drogas, el chino-birmano Khun Sa (que es en realidad quien inspiró el personaje que sale en American Gangster) y facciones del Ejército de la vecina Laos también interesadas en hacerse con el negocio regional del opio, cosa que al final lograron.

Khun Sa, quien acabaría negociando con el Gobierno birmano su salida del narcotráfico y en los 80 y 90 se recicló como reputado empresario de negocios legales.

Los restos del KMT, derrotados en esa guerra de guerrillas, perdieron entonces gran parte de su control sobre un negocio que habían dominado durante 15 años, pero alguno siguió pululando por esas latitudes. Por cierto, las «mulas» utilizadas por ellos y sus rivales para transportar el opio desde el sureste asiático a Estados Unidos en aquella época fueron muchas veces soldados estadounidenses de la guerra del Vietnam, tanto vivos como muertos (en ocasiones el opio se escondió en ataúdes de los que cayeron en acto de servicio).

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