De Franco a los terracotas:
controvertidos mausoleos

Esta semana he regresado a China después de pasar unas semanas en España (esta vez volví en avión, no cruzándome Europa en autobús como en la ida). Obviamente, allí me he empapado bien de los temas con los que los medios de comunicación han creído conveniente abrumarnos, que han sido, como todos los que vivís en España ya sabréis, las primarias del PP y la polémica por el traslado o no de los restos de Franco del Valle de los Caídos.

El segundo de estos temas levanta grandes pasiones en España, lo cual me parece irónico teniendo en cuenta que salvo excepciones casi caricaturescas existe el consenso bastante extendido de que el régimen franquista, del que el Valle de los Caídos es quizá el mayor símbolo, fue funesto para el país. Pero los españoles miramos mucho los detalles, así que el debate sigue rodando y rodando, y no sólo en torno a los restos de Franco, sino a la existencia del mismo monumento en sí.

Podría dar mi opinión aquí, pero eso seguramente me metería en camisas de once varas que no vale la pena vestir en una web principalmente dedicada a China, así que lo que voy a hacer en vez de eso es hablar de cómo el país asiático ha enterrado a sus líderes de distintos regímenes, para que la experiencia de este país pueda servir de comparación. China y España tienen historias recientes más parecidas de lo que algunos piensan, como defendí hace unas semanas, así que no creo que nos haga ningún daño ver cómo los chinos tratan a sus mandatarios muertos, algunos con vidas y obras tan discutibles como la de Francisco Franco Bahamonde.

Vayamos en orden cronológico hacia atrás, para descubrir que el máximo mandatario chino más reciente que ya haya fallecido es Deng Xiaoping, quien dejó este mundo en 1997. Pero con Deng no nos detendremos mucho, porque no hay tumba, ni mausoleo, ni nada de nada. Según sus deseos, sus órganos se donaron con fines médicos, su cuerpo fue cremado, y las cenizas se arrojaron al mar. El Pequeño Timonel no quería el culto a la personalidad que tuvo su más célebre antecesor, Mao Zedong, así que se ahorró tumbas en las que sus nostálgicos pudieran rendirle pleitesía o dejarle coronas de flores.

Entre Deng Xiaoping y Mao Zedong, hubo un máximo líder chino bastante olvidado hoy en día porque Deng acabó imponiéndose sobre él pero del que sí hay una buena tumba, llamado Hua Guofeng, fallecido en 2008 y que descansa en el cementerio de Babaoshan (oeste de Pekín), donde están enterrados la mayoría de los líderes comunistas chinos desde 1949. Sus cenizas reposan allí (en China se supone que todos los cadáveres son incinerados en las últimas décadas, por problemas de espacio en los camposantos).

Algunos líderes comunistas se han “librado” de descansar en ese cementerio revolucionario, como el mencionado Deng, o el mismo Mao, del que hablaremos enseguida. Pero quiero mencionar antes un caso curioso, el de Hu Yaobang, que podríamos considerar el número dos de Deng en los años 80, y cuya muerte en 1989 fue uno de los detonantes de las protestas de Tiananmen ese año. Hu fue cremado y sus cenizas se enterraron en Babaoshan, pero su viuda batalló legalmente para conseguir que esos restos se llevaran a otro lugar. Lo consiguió y hasta edificó una gran tumba con forma de pirámide en su honor en la ciudad de Gongqing (sur del país), una localidad que el propio Hu fundó en 1955. A la chita callando, Hu Yaobang tiene un reposo faraónico y en una ciudad “suya”, a lo Alejandro Magno. Pese a todo, es relativamente poco conocida, y nada controvertida.

Hablemos, ahora sí, de la tumba de Mao Zedong, una figura que puede compararse con la de Franco en cuanto a la duración de su mandato y a lo muy discutible de éste. Casi todos sabréis que Mao está embalsamado, como otros líderes comunistas mundiales de la talla del soviético Lenin y el vietnamita Ho Chi Minh. Su cuerpo iluminado por focos descansa en el centro de la Plaza de Tiananmen, en un mausoleo de aires neoclásicos al que casi todos hemos llamado alguna vez “Maosoleo”. Como en el caso de Franco, hay muchas dudas de que Mao eligiera ese lugar verdaderamente como el de su descanso final, y tampoco parece que el Gran Timonel dijera en vida que quería ser embalsamado a su muerte: más bien expresó su deseo de ser incinerado.

El mausoleo puede visitarse de forma gratuita -es uno de los pocos sitios turísticos en los que no tienes que pagar entrada en China- pero sólo de ocho a once de la mañana, y algunas épocas del año está cerrado para llevar a cabo labores de mantenimiento del cuerpo embalsamado, de cuya autenticidad hay dudas, como pasa con los de Lenin y Ho Chi-minh. El Maosoleo fue objeto de una de mis épicas inocentadas de cada 28 de diciembre, pero me siento mal por haber bromeado con un fiambre.

Ahora es cuando se pone interesante la cosa, porque muchos pensaréis que China reniega del régimen anterior al actual y por tanto de los líderes de entonces, como ocurre en España, ¿verdad? Pues no es del todo cierto, ya que la República de China (1911-1949), inmediatamente anterior a la actual República Popular de China y tan poco democrática como ésta desde un punto de vista occidental, es considerada como cierto paso necesario en la Historia del país, algo así como una transición propia de la dialéctica hegeliana entre la China imperial y la actual comunista. Por tanto, el fundador de aquella República de China, Sun Yat-sen, es tan respetado o más que Mao, y en su honor hay un mausoleo en Nankín, la capital de la China de aquel régimen, mucho más espectacular que los enterramientos de de sus sucesores al frente del país. Con un aspecto muy similar al de las antiguas tumbas imperiales, pero cambiando los colores de los emperadores (rojo y amarillo) por el azul y el blanco del Partido Nacionalista Kuomintang que él fundó, el mausoleo de Sun es digno de ver y lo visitan cada año millones de chinos.

De Sun Yat-sen incluso hay un memorial y muchos recuerdos en el primer sitio donde fue enterrado temporalmente antes de ser llevado a Nankín, el Templo de las Nubes Azules en las afueras de Pekín (cerca de las Colinas Perfumadas).

En ese templo se guarda y exhibe este ataúd de cristal que la Unión Soviética regaló a los chinos para que en él se venerara al fundador de la República de China en plan Lenin, pero nunca fue usado, pues llegó a tierras chinas cuando el doctor Sun ya había sido enterrado.
Uno de los edificios del Templo de las Nubes Azules.

Harina de otro costal es el caso de Chiang Kai-shek, quien fue el hombre que realmente controló la República de China, ya que Sun murió en los primeros años de ésta. Chiang, un dictador con crímenes de Estado igual de graves que los que podemos atribuir a Mao, huyó con su ejército a Taiwán en 1949, y gobernó esa isla hasta su muerte en 1975 (el mismo año que Franco y uno antes que Mao). Odiado tanto en China como en Taiwán (aunque allí no por todos, algunos seguidores del Kuomintang aún le atribuyen cierta importancia histórica), Chiang reposa no en una tumba estatal, sino en una sala solemne en una de sus antiguas mansiones, en el norte de Taiwán. El “generalísimo Chiang” reposa dentro de un sarcófago de mármol oscuro en teoría temporal, ya que antes de morir expresó el deseo de ser enterrado en su pueblo natal en Zhejiang (este de China) cuando el régimen comunista caiga, vaya usted a saber cuándo.

Esta tumba me recuerda a la de otro infame “generalísimo” del siglo XX, Benito Mussolini, del que curiosamente se habla poco estos días, pese a que su caso podría ser perfectamente comparable al de Franco. El líder fascista italiano, que murió linchado al final de la guerra y su cadáver incluso fue colgado de lo alto de una gasolinera, fue poco después enterrado de forma discreta pero años después nostálgicos fascistas desenterraron su cuerpo y tras muchos contenciosos con las autoridades italianas consiguieron colocarlo en un memorial en Predappio, localidad natal de Il Duce, donde continúa.

La tumba de Chiang Kai-shek en tierras taiwanesas está bastante apartada y en un lugar privado y poco conocido, así que no plantea grandes polémicas en un Taiwán que a diferencia de China se democratizó y ha condenado públicamente los crímenes cometidos por su exdictador. Sin embargo, sí que les da problemas en la isla el enorme memorial que en su honor hay en Taipei, y que algunos confunden con la tumba de Chiang, aunque no lo sea.

Es de colores azul y blanco, los del Kuomintang, como la tumba de Sun Yat-sen que antes hemos visto.

De forma parecida a como ocurre en España, ha habido intentos de modificar el lugar, especialmente cuando Taiwán ha sido gobernada por el Partido Democrático Popular (PDP), independentista, en oposición a los nacionalistas del Kuomintang (KMT), el partido venido de China que fundó Sun Yat-sen y heredó Chiang Kai-shek. En el primer gobierno del PDP, entre 2000 y 2008, la explanada que rodea el monumento se rebautizó “Plaza de la Libertad” y se eliminó el nombre “Chiang Kai-shek” del memorial. Sin embargo, cuando el KMT volvió al poder en 2008, el lugar se volvió a denominar Memorial Chiang Kai-shek, aunque se mantuvo la Plaza de la Libertad a su alrededor. Ahora, con el PDP de nuevo en el poder desde hace un par de años, ha habido llamadas a “resignificar” el lugar para convertirlo en un lugar que “afronte la historia, reconozca la agonía y muestre respeto a los derechos humanos”. Esto nos sonará mucho a las voces que piden en España resignificar el Valle de los Caídos, tarea harto complicada.

Antes de la República Popular de China y la República de China hubo milenios y milenios de emperadores, así que no os voy a hablar aquí de todos, porque se nos haría largo. Las tumbas imperiales de las últimas dos dinastías, la Qing y la Ming, que abarcan siete siglos (del XIV al XX), son las que mejor se conocen, y pese al poder absoluto y seguramente cruel de muchos de estos soberanos, rara vez han causado animadversión o rechazo, aunque seguramente alguna que otra fue víctima de saqueadores de tumbas o de los Guardias Rojos que en la Revolución Cultural (1966-76) quisieron acabar con todo vestigio del pasado.

De todos modos, las tumbas imperiales son muchas, están desparramadas por todo el país, y algunas son complicadas de encontrar, así que muchas siguen en pie. Son incluso Patrimonio Mundial de la UNESCO, aunque algunas son escasamente visitadas (las más conocidas son las de los emperadores Ming que hay al norte de Pekín).

Pu Yi, el último emperador, fue incinerado y colocado en el antes mencionado cementerio comunista de Babaoshan, pero como en el caso de Hu Yaobang, su viuda consiguió sacarlo de allí y hacerle un pequeño mausoleo muy cerca de los de sus antepasados Qing, al suroeste de Pekín.

Un caso muy famoso y que también podríamos comparar con el de Franco, porque aquí mezclamos churras y merinas sin ningún miedo, es el de un emperador muy anterior a los Qing y Ming, el tristemente famoso Qin Shihuang, fundador de la primera dinastía china no legendaria, la Qin, hace más de 2.200 años. Qin ha sido considerado durante siglos, y también actualmente, un soberano cruel y sanguinario, responsable de la muerte de miles de sus súbditos en las guerras con las que unificó China o en la construcción de obras faraónicas tales como la Gran Muralla. Sin embargo, parte de su tumba es hoy en día un lugar visitadísimo tanto por turistas chinos como extranjeros, ya que estamos hablando del archifamoso Ejército de Terracota, que vela su cuerpo en la vida de ultratumba.

El cuerpo del emperador, si no lo saquearon ladrones de tumbas en algún momento de la historia, se cree que está cerca de allí, bajo un enorme túmulo, siguiendo la tradición funeraria oriental. Sin embargo, los arqueólogos no se atreven todavía a entrar en las cámaras de la tumba, porque consideran que no se ha conseguido aún en su ciencia la tecnología necesaria para garantizar la perfecta conservación de lo que se encuentre allí, que al contacto con la atmósfera exterior podría desintegrarse.

Esto es de forma pormenorizada lo que se me ocurre contar de soberanos, dictadores y líderes chinos enterrados, con mayor o menor controversia, en un país donde el concepto “memoria histórica”, para bien o para mal, ni se conoce ni se vislumbra.

Como veis, todos los casos difieren del franquista sobre todo en un importante aspecto: ninguno de estos poderosos chinos está enterrado junto a miles de soldados de dos bandos fallecidos en guerras civiles causadas por ellos mismos, algo que hace del Valle de los Caídos un lugar especialmente tétrico y difícilmente comparable.

2 Comentarios

  1. Qué interesante artículo. El Chiang Kai-shek Memorial Hall de Taipei está lleno de tiendas, hacen exposiciones (algunas de España he visto) y luego están las salas del personaje con su coche, su escritorio, medallas, etc. Ni sabía que hay una tumba en otra parte.
    Siempre me ha fascinado Sun Yat-sen que lo aprecian tanto en ambos lados.

    • Gracias! También podemos comentar que la explanada en torno al memorial es un lugar habitual de protestas, yo mismo vi una concentración de estudiantes vestidos de negro haciendo una sentada de varios días cuando llegué allí en 2008 (mi visita coincidió con la de un negociador chino a Taiwán que no todos apreciaban).

      De Sun Yat-sen también hay muchos otros lugares visitables en China, como casas en las que vivió, e incluso creo recordar que hay una vivienda histórica suyas en Malasia, donde también pasó unos años de su vida.

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